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domingo, noviembre 07, 2010

Doble falsedad: histórica y machista

En muchos lugares de los medios masivos de desinformación se habló que la muerte de Nestor Kirchner dejaba un vacío y presagiaba más radicalización y violencia. La comparación que usaban estos desinformadores social era ésta: Perón = Nestor Kirchner, Cristina Kirchner = Isabelita Perón. Piensan estos tipos que todo el mundo es tarado. Piensan que pensamos que sí, que Argentina de 2010 es como Argentina de 1974.
Doble falsedad.
1) Falsedad histórica: En todo caso, si queremos comparar y buscar hechos de la historia para entender el presente (como Marianito Grondona busca hechos afines a su ideología y compara a todos los que se sintieron afectados por la muerte de NK y fueron a la plaza con las juventudes Hitlerianas o de Mussolini, qué raro justo Marianito Grondona pensando en fascistas?) en realidad la comparación sería: Cristina Kirchner = Perón, Evita = Nestor Kirchner. Porque a pesar que todo es mucho mas cambiante y manipulable ahora que hace 58 años, Cristina Kirchner tiene un gobierno con fuerte sostén de diversos grupos políticos y sociales, tiene creo que la mejor imágen que cualquier otro político de la oposición y no existe ningun caos social ni futuro violento como quieren crear muchos desinformadores sociales. Y Nestor, queramoslo o no, como muerto va a tener una vida política mucho más intensa (imagino) porque muchos lo van a llenar de significados y simbolos que tal vez antes no concordaba pero ahora desde el aura de "martir político" va a volver "y será millones".
2) Falsedad machista: Nestor es Evita, ahora Nestor se va a Evitizar, va ser "el Nestor de los descamisados" y si no se ve eso es porque tanto los desinformadores de derecha como los de izquierda siguen pensando a Nestor como un segundo Perón. Pero desde la muerte se irá femeneizando y evitizando.

Me adelante....

En mi post anterior donde relacionaba la partida de Nestor Kirchner con lo que pude percibir de los sentimientos y las pasiones de la plaza de mayo a más de 10.000 km de distancia decía que tal vez para mucho era "como si" se había muerto un padre. Acá Noé Jitrik (en P12) sigue en este camino de comparar a NK con un padre con muchos presuntos hijos.
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Después de la muerte

Por Noé Jitrik *

Todos los seres humanos, más tarde o más temprano, pierden a sus padres. Salvo que, hay casos, los hijos mueran antes que ellos. Los sentimientos que tal suceso desencadena, por más natural que sea –aunque a veces la naturaleza, en forma de enfermedades, o la sociedad, en forma de atropellos, se apura demasiado y el fantasma de lo prematuro modifica las respuestas– son de diverso tipo; en cuanto a los padres, la muerte genera en los hijos una congoja y un pesar que tiene un signo preciso, la orfandad, la desprotección; en cuanto a los hijos, su muerte ocupa en los padres el lugar de la injusticia, la rabia, la rebeldía contra el destino. Eso cuando los padres han sido amantes y protectores y los hijos amables, prometedores, cuidadosos; no es del todo así si los padres han sido unos desalmados, torturadores, violadores, aprovechadores, reptiles y los hijos perdularios, enfermos del corazón y de la mente, vergüenza de la humanidad.

Esta variante filial no nos interesa, la otra sí. Entonces, cuando un padre muere y la congoja deja paso a eso que se llama la continuidad de la vida empiezan los reacomodamientos; para la viuda todo se suele presentar muy difícil si su papel, en vida del esposo, era secundario, si ignoraba todas las claves del poder doméstico; para los hijos, una pulsión clánica –o sea quién va a convertirse en el jefe y, simbólicamente, proporcionarle a su madre el sustitutivo apoyo que necesita– se desencadena, tiene todo el aspecto de lo indispensable y necesario porque, se teme, la nave –la familia– puede naufragar. Este mapa no es sencillo y no siempre las posiciones que resultan se viven en paz: aunque se siga venerando la memoria del que se fue brotan las rebeldías, la sabiduría del nuevo jefe no es tan sólida como él lo supone, la viuda tiene sus propias ideas e intereses acerca de la mencionada continuidad y, en fin, las narraciones se multiplican, el psicoanálisis no logra arreglarlo todo. Conclusión: la muerte del padre fue, casi siempre, no sólo una desgracia, también una catástrofe para lo que le sigue.

Las sociedades reproducen esta estructura familiar-parental. Por eso se pudo decir de ciertos personajes protagónicos, desde luego después de muertos y pasadas las celebraciones y homenajes, que fueron “padres de la patria”. Abusivamente, porque no siempre quienes la recibieron merecían tal honrosa designación además de que la historia se encargó, más a la larga que a la corta, de poner las cosas en su lugar. Tal vez Julio César pudo ser uno de esos padres o el general De Gaulle o Stalin o Fidel Castro, pero en cuanto a este país no creo que se le haya atribuido tal paternidad a nadie, ni a Sarmiento ni a Yrigoyen y quizá ni siquiera al impoluto San Martín, así como tampoco a Perón, aunque cada uno de ellos algo hizo por el bien del país. Sea como fuere, y más abajo de esta alta paternidad, cuando muere un jefe o un líder hay una irrefrenable tendencia a considerarlo como “padre”, de modo tal que muchos se consideran sus huérfanos, a veces son masas enormes de personas, pero lo que es seguro es que deja al menos no una viuda sino tres y no porque sea polígamo: en primer lugar su consorte que llora su desconsuelo, después de todo es un ser humano, amante y devoto, esposo como cualquier esposo; luego la sociedad, que pierde un guía, un ser de excepción que iluminaba un camino y le daba sentido, librada con su desaparición a reformular su futuro sobre el que un presente desdichado echa sombras y, por fin, su grupo de pertenencia, su partido, un clan en el que irremediablemente alguien intentará, interpretando o no un legado, asumir la vacancia así tenga que emprender una lucha que el extinto jefe había logrado suspender si no neutralizar del todo.

No sería descabellado aplicar este simple esquema de interpretación a lo que acaba de pasar en el país a raíz de la muerte, prematura e inesperada, de Néstor Kirchner. Pero antes, quiero decir que si me autorizo a enfocar la cuestión de este modo es porque multitudes lo lloraron como si hubiera sido un padre orientador, un protector y un dador. No faltan argumentos para comprender ese sentimiento: hizo tales cosas, en el orden de eso que se conoce como política, que levantó la moral de un pueblo acosado por muchos males, permitió recuperar la fe en la vida, estimada en muy poco después del derrumbe de 2001. Contrasta ese estado de ánimo de la gente que estuvo en la Plaza de Mayo velando y acompañando a Cristina con la decepcionada y vehemente proclama del “que se vayan todos”. Pero no por eso se trataría de considerarlo “Padre de la Patria”; en cambio, estoy seguro de que merece ser llamado “Padre de la situación”, en el sentido de que reconoció lo que había y lo que faltaba, lo interpretó y le dio una forma en las iniciativas que tomó y que ofendieron tanto a quienes no le concedieron no ya ningún mérito sino ni siquiera su ser mismo, como si no hubiera existido o no mereciera haber existido.

En cuanto a las viudas, me parece difícil, por comenzar con la primera, que la suya personal, Cristina Fernández, renuncie a ser lo que ya fue en vida de su marido y acepte que algún metafórico hijo quiera reemplazarlo y ordenarle la existencia, o sea, puesto que se trata de instituciones y de gobierno, que alguien sueñe con querer doblegar su voluntad. Es cierto que el lugar común según el cual las mujeres no piensan, hablan por hablar y cuando opinan dicen lo que sus maridos les hacen decir, es el aparato discursivo que a muchos les impide ver que de ninguna manera es el caso; tanto se dejan llevar por esa estúpida generalización que no advierten que desde un comienzo y permanentemente ella dio pruebas de su autonomía y originalidad y que si tomó decisiones complejas enfrentando intereses mayúsculos lo hizo según una estrategia que no podía haberle sido soplada en el oído sino concebida y ejecutada con plena conciencia y una madurez discursiva poco común. Como viuda, por lo tanto, no es una viuda corriente de modo que se puede esperar de ella, tal como en mi opinión lo ha hecho, una sagaz lectura de la realidad y la consecuente toma de decisiones.

Para la segunda viuda, la sociedad, lo que sigue es diferente: es posible que más que veneraciones y condolencias en torno del jefe caído –los homenajes pueden venir y ya se están preparando, muchísimos sinceros, otros matizadamente hipócritas–, en su motivación central, o sea la perduración y el mejoramiento, esté atenta a lo que se le puede ofrecer de ahora en adelante, habida cuenta de que mucho se le ofreció hasta ahora. Lo propio de una sociedad es la insatisfacción y a darle alimento se encamina todo. Pero lo que la sociedad no podrá evitar es lo que ya ha sido realizado y que no tiene vuelta atrás. Dicho de una manera cruda, no es fácil que alguien (salvo la furia llamada Pando o las paquidérmicas señoras que fatigan las confiterías de la Avenida Santa Fe) se atreva a poner el retrato de Videla donde antes descansaba, parece muy lejana la posibilidad de rehacer la Corte Suprema, volver a las jubilaciones privadas no tiene ningún sentido para quienes están garantizados por el sistema estatal y así siguiendo. Puedo conjeturar que algunos, por ortodoxas razones y, sobre todo por estar muy contentos con la propia imagen, considerarán que todo lo que se logró no se le debe al jefe fallecido sino a las luchas populares: ése es otro modo de entender lo que fue un jefe como Kirchner que, tal como lo veo, fue un intérprete muy perspicaz de lo que se movía en las profundidades de esa misma sociedad y que actuó con una eficacia muy grande en circunstancias limitadas que para otros ofrecían un imposible. Ni falta que hace enumerar lo que no hizo ni lo que falta hacer para que la sociedad sea perfecta.

En cuanto a la tercera, la viuda llamado “partido”, empecemos por excluir a los que no se sintieron nunca hijos ni lamentaron demasiado la desaparición del líder, salvo las naturales muestras de cortesía: ahora que la pareja ya no existe deben estar algo desconcertados porque un argumento que logró entrar en las subconciencias de las mencionadas paquidérmicas deberá ser reemplazado por otro, lo cual no será tarea fácil: ya no podrán decir que lo que haga Cristina habrá sido soplado en su oído por Kirchner, pero qué dirán. En vida de Kirchner inventaron un fetiche diabólico y lo atacaron, sin mucho éxito por cierto: ¿la inventarán también a Cristina de ahora en adelante que hasta el miércoles de la semana pasada era sólo un objeto de menosprecio? Pero volviendo al campo de los presuntos hijos, si bien gran parte de los que sintieron la muerte de Kirchner no formaban parte de tal núcleo, los pretendidamente legítimos herederos deben haber sentido en el primer momento la penosa sensación de la orfandad; a esta altura y a medida que pasen los días creo que ese sentimiento empezará a atenuarse y poco a poco dichos herederos se sentirán maduros para enfrentarse antes que nada con su destino, político y personal. Será cuestión de observar los cambios de discurso, de los conmovidos y/o compungidos a los realistas, va a ser apasionante observar ese fenómeno.

* Escritor y crítico literario.

lunes, noviembre 01, 2010

Padre + Muerte = Parricidio

No sé bien por qué pero ha estado dando vueltas por mi cabeza la idea del parricidio en relación a la muerte de Nestor Kirchner. Él no era mi padre, ni el padre de nadie más que 2 hijos. Sin embargo, siento que en algún lugar la 'explicación' que podemos darle a la congoja y el dolor que produjo su partida en tantos cientos de miles o millones de personas sea un sentimiento parecido a la muerte de un padre. Y cuando muere alguien, tal vez más aún si es un padre, por más que sea por causas naturales, en algun lugar de los laberintos mentales-emocionales sentimos que 'algo' o 'alguien' lo mató. Pero no todos los que gobernaron este pedazo de tierra despertaron estas pasiones. Tal vez ninguno en los últimos 50 años. ¿Tal vez por eso muchos millones sientan que fue como si se muriera un padre?

Pero tal vez sea que, como dice Spinoza, en realidad ni el nacimiento ni la muerte pueden ser pensados. No son experiencias que puedan ser ubicadas en coordinadas espacio-temporales, son experiencias inasibles. Lo único que existe es el (deseo de) perseverar del ser. Somos la multitud que persevera en ser. Y aunque lo queramos o no estamos todos en el mismo barco. Por eso si somos una sola familia alguien lo tuvo que haber matado a papá.

Somos un nosotros como bien dice Marchetti. Pero como en el idioma qechwa o runa shimi en realidad existen dos nosotros uno inclusivo y uno exlusivo: el nosotros (todos) y el nosotros (sin-ellos). ¿Fue el sin-ellos del Nosotros que mató a papá? Y ahora aparecen esos primos y hermanos y tíos que quieren quedarse con la herencia, y que no pueden estar un minuto tranquilos. Lo mejor para la conciencia del ser que partió es ver que detrás suyo la familia está tranquila, que no se pelean ni pasan facturas, que estan contentos por todo lo que ese ser les ofreció, y que cada cosa o momento de felicidad se lo ofrecen a él para que siga su camino liviano sin quedarse atado a este mundo que dejó atrás. Che, diganle a esos que dejen de romper las pelotas.

Pero esos primos y hermanos y tíos que le hacían la vida imposible (que, ejem, al principio estaba todo bien, pero después él también los jodía y cagaba a patadas) son unos soberanos rompepelotas. No tienen paz. Tienen odio y no saben, ni pueden, ni quieren ubicarse. Ellos fueron los que le jodieron tanto la vida que al final lo terminaron matando. Pero me parece que cada vez estás más claro que aunque son de la familia no tienen nada que ver con nosotros. Y eso es algo que catalizó y ayudó a clarificar Nestor Kirchner. Ahora todo es bien clarito o por lo menos menos manipulado y sabemos quién está de qué lado.

Tal vez es un delirio esto que escribo. Yo tengo un sentimiento más anarquista de la política. Para mí lo político está en lo celular, en las relaciones cara a cara que uno genera. Descreo de la política partidaria y de la política pastoral del lider arriando el rebaño. En todo caso somos multitudes de lobos que coordinamos acciones dependiendo el contexto y el pretexto. Por eso no podría pensar en Nestor Kirchner como un padre, mi único padre es mi viejo. Pero hay y hubo algo que me hizo pensar en esto: el dolor de millones de personas que conmovidas fueron a la plaza y a la casa rosada es un dolor muy grande. La calle y la clase son un sentimiento. Uno siente que pertenece a la calle y pertenece a una clase y no a otra. Por eso las multitudes desbordaron las calles. Por eso una clase de gente, del nosotros inclusivo, con las que concuerdo en montones de cosas, gente que admiro y respeto, que quiero, cuando fueron a las calles, cuando lloraron y se movilizaron, me hicieron sentir que estaban conmigo y yo con ellos. Y me hicieron sentir que algo muy importante ha pasado y seguirá pasando. La familia está en orden.

domingo, octubre 31, 2010

Nosotros (por Pablo Marchetti, levantado de Lavaca.org)

la mejor nota que puede leer en estos dias (de las decenas que lei). Pablo Marchetti de Barcelona.
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Para Claudia Acuña, con amor peronista

En el final de la cola, unos ocho metros antes del féretro, en uno de los corredores de la Casa Rosada, una piba llora. Sí, una piba: 16, 17 años, como mucho. Divina, cándida, antelical. Una chica que bien podría uno imaginarse llorando así con una novela del Cris Morena Group o con la llegada de los Jonas Brothers, aunque un poco más hippona. Si Néstor Kirchner hubiera sabido que lo iba a llorar una piba así capaz que no se moría.

Ok, lo que acabo de decir es una reflexión machista, pelotuda, lo que quieran. Olvídense. Pero a ver si queda claro: la plaza de Mayo y sus alrededores se llenó de pendejas y pendejos divinos, pibes muy chiquitos, adolescentes y jóvenes conmovidos por la muerte de Kirchner. Pibes que transformaron en hit el canto “andate Cobos, la puta que te parió”, o su versión extendida: “Andate Cobos y llevate a la Carrió”. O sea, pibes y pibas que hicieron su lectura política del asunto. Pibes y pibas militantes.

Todos putos

Un pibe escribe con aerosol, en el piso, sobre la avenida de Mayo, casi Bernardo de Yrigoyen, Néstor VIVE, y sobre cada una de las V de la palabra VIVE escribe una K, reemplazando la P peronista del PERÓN VUELVE. Me río: se lee KK. O sea, caca. Evalúo por un momento la posibilidad de compartir mi hallazgo con el pibe que escribe con aerosol. Y lo imagino contestándome: “De caca te voy a llenar la cabeza, puto”. Pero no, descartado. El pibe no diría eso. Parece más un pibe que pudo estar tomando un colegio anteayer. Más rockero que cumbiero. Clase media porteña, laburante. El pibe de la fotocopiadora, ponele. Hasta es probable que ni sea peronista. Nada de “eh, puto”. Y menos ahora que a su lado pasa una columna (bueno, un grupito con pancarta), unas treinta personas que llevan orgullosas el cartel que dice “Putos peronistas”.

Sí, los putos y las travas también. En la fila, a ocho cuadras de Plaza de Mayo, está Marlene Wayar, la hermosa Marlene, altísima, flaca, ojos enormes, sonrisa transparente, la voz más lúcida de la diversidad sexual, el pensamiento más sexy del país, una travesti que no cree en el matrimonio pero cree en la igualdad. Quién lo hubiera dicho, Marlene en la fila para ver a Néstor. ¿O debo decir “en la cola”? Sí, Marlene en la cola de Néstor, que esta noche es también promiscua y libertina. Que esta noche es todos con todos, todas con todas, todos con todas, todas con todos, todo con todo. Esta noche, la del pastiche que supimos conseguir. Unámonos. Abracémonos. Te amo, Marlene. Qué bueno que estés acá.

Noche de abrazos

Esta es una noche de abrazos. Me abrazo con Marlene, me abrazo con Claudia Acuña (bueno, con Claudia siempre nos abrazamos), me abrazo con Mariana Collante, me abrazo con Eduardo Anguita (sí, aquí estoy, Eduardo, ¿dónde iba a estar?), me abrazo con Dani Tavarone (Dani, qué linda sorpresa, tanto tiempo), me abrazo con Maxi Vecco (responsable de los videos de ¡Mueva la patria!), me abrazo con mi compadre falopero Felcho Marquestó (nos encontramos de casualidad; él fue a la plaza con Ramón, su hijo de 8 años), me abrazo con el gran Poroto D’Addario, exquisita pluma chabona de Página 12, que está haciendo la cola a la altura de Bernardo de Yrigoyen entre Avenida de Mayo y Rivadavia, me abrazo con Juampi Pichetto, a quien hace años que no veo, y en qué andás, y me cuenta que está haciendo Clase Turista, y me alegro, qué buen programa, y nos fumamos esa tuca que queda, qué bueno vernos, pensamos, y claro, cómo no íbamos a estar acá.

Aquí estamos. Con esa bola de nervios, esa bola de cagazo y esa bola de emoción al vernos, al constatar eso, que aquí estamos. Somos bien distintos y de repente nos damos cuenta de que también podemos ser bien iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une. Que no debería haber rencores a partir de esto. Que sí, después da para discutir, para cagarnos a puteadas, a bardearnos, a mandarnos a la concha de nuestras madres o a la puta que nos parió, que si ya llegaron los putos es probable que en cualquier momento también lleguen las putas peronistas, y tampoco tengamos miedo a volvernos un poco trogloditas (o a seguir siendo peronistas, como prefieran), ahora que todos estamos aprendiendo a ser más correctos. Pero siempre teniendo en cuenta esta noche. A bardear, a discutir, pero sabiendo cual es nuestro lugar en el mundo, dónde vamos a marchar cuando las cosas se pongan pesadas. Pensemos en Néstor.

Pensemos

Eso, pensemos en Néstor. No por obligación, sino porque eso es lo que nos sale: pensar, reflexionar, intentar hacer política. Porque después del abrazo, del reconocernos, de la certeza a mitad de camino entre el “qué bueno que estás acá” y el “claro, cómo no ibas a estar acá”, llega la discusión, la reflexión. Si hay algo para lo que sirvió esta noche es para constatar un par de cosas que, hasta hoy, no eran más que cuestiones que se afirmaban sobre la intuición. Ahora nos damos cuenta que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había vuelto. Y esta, la noche del Chau Néstor es la noche de la política y la noche de la militancia.

La vuelta de la política. La vuelta de la militancia. La vuelta de los pendejos a la militancia. Pensemos en Néstor. No, no fue Néstor quien construyó todo esto. Si Néstor fue apenas un gobernador peronista de los 90. Un gobernador de una provincia petrolera que estuvo en la primera línea de combate de la privatización de YPF. Un aliado de Menem y Cavallo. Un tipo al que, antes de llegar a ser presidente, jamás le importó lo que decían los movimientos de derechos humanos, que jamás se preocupó por los crímenes de la dictadura y que, encima, era el candidato de Duhalde.

Sin embargo, Néstor no sólo no defraudó, sino que sorprendió. Uno no esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y esperanzadoras. Y siguió, aunque todas podrían resumirse en una: no tengo claro si Kirchner era mi amigo, pero estoy seguro de que irritaba a mis enemigos. No sé si a todos (las críticas que tuve, tengo y tendré tienen que ver con eso, con aliados impresentables), pero sí a muchos. Demasiados para los que nos tenía preparada la historia argentina. Y estas cosas sólo se pueden medir en perspectiva histórica.

Juan Domingo K

Más allá de las críticas que puedo tener, creo que Néstor Kirchner (él y Cristina) fue el mejor presidente de la Argentina en los últimos 50 años. O, más precisamente, el mejor desde Perón, desde el primer peronismo, el de los 50. O, para decirlo en términos más constatables, fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la gente que vino esta noche. Por eso hay tanta gente que dice “yo no lo voté, pero aquí estoy”, “yo no soy peronista, pero aquí estoy” o “yo soy de izquierda, pero aquí estoy”, como me dijo el pibe que subía al lado mío por las escaleras mecánicas del subte E, cuando llegué a la plaza el jueves a la tarde.

Sí, el mejor desde Perón. Juan Domingo Perón, para más datos. Un milico con simpatías por el Eje durante la Segunda Guerra Mundial, que participó en los primeros golpes de Estado de la Argentina, como oficial del Ejército. Un tipo del que no había mucho que esperar, o más bien de quien se podía esperar lo peor. Sin embargo…

Como Perón, Kirchner hizo mucho más que lo que se esperaba de él. Pero hay algo más que identifica a ambos líderes, a ambos presidentes. Está claro que el peronismo es algo mucho más trascendente, mucho más complejo y mucho más rico que la figura de Juan Perón. Pues bien, si el kirchnerismo es esta plaza, si son esos pibes (y también esos señores, esas señoras, esos laburantes, esos viejitos, esos putos, esos fumones, esos oficinistas, esos fans de 678, esos flacos que se están tomando una birra, toda esa gente que hace seis, ocho, diez horas que está haciendo la cola para pasar 30 segundos a cinco metros del ataúd cerrado donde está el ex presidente), está claro que ese movimiento político y social trasciende con creces a Néstor Kirchner.

No, Néstor no construyó todo esto, pero Néstor fue quien lo leyó. El emergente y, al mismo tiempo, quien abrió el juego. Olvidémonos de la lista de virtudes (Corte Suprema, estatizaciones, juicios a los represores de la dictadura, asignación universal, integración continental) y defectos (pejotismo, mineras, petroleras). En otro momento podemos discutir todo eso. Ahora es el momento de centrarse en el principal logro de este Gobierno: la militancia.

A lo chori

Chipa, chipa”, grita la paraguaya, sentada en un banquito, con su puestito improvisado donde vende el modesto manjar guaraní. Chipa y no chipá, que quede claro. Acaba de llegar, son las once de la noche. “A la rica chipa”. A su lado, una mujer vende pósters con la foto de Néstor y Cris, y papeles y fibrones. ¿Para qué? Lo aclara en el papel que tiene escrito: “Néstor, siempre con vos”, dice el papel, escrito con fibrón. Que cada uno escriba lo que quiera, pero que todo el mundo sepa que puede escribir cosas como esa, como una forma de hacer catarsis o de romper el cerco mediático de Clarín.

Más allá, un tipo comienza a prender la parrilla. “El chori y el paty salen como piña”, me dice un parrillero que está prendiendo otro fuego porque ya agotó stock y va por el ballotage. Se venden también banderas, cintas negras, escarapelas. Y para beber, gaseosas, cerveza, café. Me cuenta Mariano Lucano (estoy caminando por avenida de Mayo con él y con Flavia, su novia) que en el entierro de Alfonsín (no, no fui) no había choris ni nada de eso. Pero que, a cambio, el McDonalds de enfrente del Congreso estuvo abierto toda la noche.

Acá los negocios están cerrados. Los bares bajaron sus persianas después de la medianoche y sólo quedan algunos, poquísimos, maxikioscos. Por eso a la una de la mañana se siguen prendiendo parrillas. Puede parecer liturgia peronista, pero acá los compañeros tienen hambre. Y el chori se cobra, eh. No se regala, eh. Que acá no hay micros, no hay aparato, loco, eh. Nadie vino por el chori y la Coca. Ni siquiera vino por Néstor. Acá la gente, la mayoría de la gente, vino a hacer el aguante y a no sentirse tan sola. Vino a tratar de dejar claro que esta vez no, no nos van a volver a cagar.

Qué grande sos

Sí, claro, los pendejos. Sí, claro, la clase media progre. Sí, claro, los zurdos, los intelectuales, los universitarios, los profesionales. Por supuesto, todos ellos están. Pero también está el peronismo. También está la gente que se tuvo que tomar tres bondis para ver el cajón. Está Zulema, que vino de San Justo. Está la gente del Docke y otros que vinieron desde las provincias. También están (en primera línea) los militantes peronistas de veintipico, de treintaipico, esos productos tan típicamente Néstor que volvieron a sentir orgullo de ser peronistas. Que cantan la Marcha y se emocionan y hacen emocionar a quienes alguna vez nos emocionamos cantando la Marcha.

Otros hits: “Olé, olé, olé/ Nestoooor… Nestoooor”, con acento en la “o” alargada final. Pero sobre todo uno, bien peronista, que advierte: “Che gorila, che gorila/ no te lo repito más/ si la tocan a Cristina/ qué quilombo se va armar”. Ese y el de Cobos son los más escuchados. Los pibes proponen, advierten. Nadie dice boludeces, ni nadie evoca fantasmas. Hay un mensaje concreto: no jodan. Y viendo toda esa gente, sintiendo la emoción y la onda que hay en el aire, por un momento da para el entusiasmo, da para pensar que quien sabe, tal vez…

Oficialitis

Néstor irritó a nuestros enemigos y más allá de las diferencias, más allá de las medidas y aliados impresentables, más allá de la minería y el pejotismo, el espanto que generaban esos enemigos siempre pudo más. Y cada vez que alguno de estos enemigos mostraba los dientes y las uñas daba ganas de volverse más K que Orlando Barone. Sí, lo confieso: muchas veces, escuchando a Biolcatti, leyendo a Morales Solá o a Mariano Grondona o viendo algunos títulos de Clarín me dieron ganas de pasar por la galería Bond Street, tatuarme la cara de Néstor y Cris en la espalda y después salir, ir al estudio de Canal 7 donde se graba 678 y decir: “Mirá, Barone, a que vos no tenés un tatuaje así, soy más oficialista que vos”.

Desde el miércoles, cuando Néstor la quedó en Calafate, las bestias comenzaron a mostrar los colmillos. Son los mismos simios gigantes que quisieron dictarnos lecciones republicanas impresentables luego del velorio de Alfonsín, sin olvidar que ellos habían odiado a Alfonsín. Pero claro, Alfonsín se quedó ahí. Lo intentó tibiamente, arregló, no supo. Sí, por supuesto, vivió modestamente, no como estos millonarios santacruceños. Pero políticamente terminó devorado por sus enemigos, sin siquiera haber atinado a pelear como es debido. Se confió, actuó como una persona y, como tal, creyó en la humanidad de las bestias que lo rodeaban.

No, Néstor no era de esa estirpe. Néstor peleaba. Por eso, como bien dice Beatriz Sarlo, prefirió no convertirse en patriarca y morir luchando. Por eso, en su despedida, no hubo ningún Biolcatti, ningún Cobos, ningún Morales Solá, ningún Duhalde. Sí, claro, nadie se alimenta de vidrio: sí hubo un Scioli o un Gioja. Pero otra vez: se podrá criticar a los amigos, pero nunca se dudará de la calaña de los enemigos. Porque lo mejor de Néstor era cuando no dialogaba con quienes reclamaban diálogo pero en realidad querían exigir, y cuando se peleaba con quienes merecían que los cagaran bien a trompadas.

No se trata aquí de comparar entierros. Pero no sólo es necesario dejar en claro que a Néstor lo despidió por lo menos el doble de la gente que le dio el último adiós a don Raúl. También sería bueno recordar que entonces hubo algunos imbéciles que destacaron lo masivo del entierro de Alfonsín (que lo fue) y presagiaban una muerte en soledad para Néstor. Que la chupen, que la sigan chupando. Vos, gorila republicano, la tenés adentro. ¡Vamos todos! “Tomala vos/ dámela a mí/ el que no salta/ es de Clarín”.

9 años no es nada

Camino con Mariano Lucano y de repente tengo un dejà vu. ¡Esto parece el 2001! Cuando también caminé con Mariano, por estas calles, dos años antes de Barcelona. Bueno, no, nada que ver: todo está tranquilo, no hay represión, ni siquiera un poquitín de clima tenso o jodido, ni siquiera una pizca de paranoia. Hay miedo, sí, pero es un miedo por el devenir político, no por el presente, no por la caminata por estas calles. Y hay que decirlo aunque suene pelotudo o inocente: hay esperanza. Por lo demás, estamos como entonces. Nueve años no son nada. Somos los mismos que entonces. Y algunos otros, más pendejos, que podrían haber estado ahí.

Mariano me cuenta que ayer se cruzó con Diego Parés (el dibujante que mejor retrató el 20 de diciembre de 2001) y con el Niño Rodríguez. Me imagino que deben estar (como Mariano, como yo) descosiéndose el cerebro pensando en qué carajo van a decir, qué corno es lo que van a dibujar de todo esto. A mí se me enquilomba todo. No puedo parar de pensar, como todos los que estamos aquí. Como no podemos (sí, lo bueno de esto es lo fácil que es pasar del “yo” al “nosotros”) dejar de sorprendernos y emocionarnos, como todos los que estamos aquí.

Gracias totales

Aquí abunda el análisis político al paso. Lo admito, no puedo parar de hablar con todo el mundo. Charlo, discuto (ya lo dije, ¿no?). Por supuesto, se habla de quién ocupará el lugar de Néstor. Quién se bancará al PJ, quién evitará el aluvión Scioli, cómo hacer para no cagarla en este momento político que, bien manejado, puede ser bastante favorable para una salida digna. O sea, para evitar que el Mal Mayor se haga cargo del asunto. Y para neutralizarlos por un buen rato. El precio a pagar puede significar el convencimiento casi religioso de que aquello que considerábamos el Mal Menor se transforme de repente en un Bien Aceptable. O al menos que mude su domicilio a los suburbios del Bien, a pocas cuadras del Riachuelo o la General Paz del ideal ideológico.

Más allá de la especulación macro política, el verdadero desafío es ver cómo articular todo esta voluntad colectiva, este montón de ganas, de abrazos y de emoción al margen de toda especulación electoral. Por supuesto, lo electoral existe y es relevante. Pero nadie piensa en Máximo o en Alicia por aquí. Ya se verá si el hijo presidencial puede realmente ser una opción y si eso realmente puede ser bueno. Por el momento, parece tener menos carisma que Fabián Matus, pero estos momentos suelen hacer milagros. Si no, mírenlo a Ricardito Alfonsín.

Lo que realmente importa ahora es cómo salir de esta plaza. Y lo más importante, cómo hacer para volver a encontrarnos todos aquí, con esta misma emoción, con esta misma fuerza. Cómo tener la certeza de que, si nos joden, aquí vamos a estar. Aguantando los trapos. No los de Néstor ni los de Cristina. Los nuestros, los de los montones de personas que no queremos que nos rompan las pelotas. Los de todos aquellos que estuvimos horas y horas esperando para ver durante 30 segundos un ataúd cerrado, porque sabíamos que allí adentro había un tipo especial.

Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.

viernes, octubre 29, 2010

El duelo (levantado de LaVaca.Org)

Es un duelo, pero también es otra cosa. Pocos podrán descifrarla tan rápido como las urgencias políticas requieren en momentos así, esos que definen el porvenir con el bisturí de la Historia. En esa complejidad cada cual podrá ver el pedazo de realidad que quiera, aunque sin duda, es imposible eludir lo mucho de pasado que preña la escena. Es esa memoria colectiva la que está hoy parada en el asfalto, construyendo con los pies el acto político más importante de un gobierno que tendrá, entre otras tareas difíciles, la obligación de decodificarlo en su exacta dimensión. Y cuando la política se expresa en emociones, racionalizarla también es una tarea política.

fuerza

El pasado fabrica el presente de manera fantasmagórica. La sombra de la muerte de Perón, la de una viuda y la de su siniestro siguiente capítulo, la dictadura. Las diferencias, en cambio, se pueden palpar. No llueve ni hace frío, como aquel julio en el que la multitud despidió al general. Tampoco hay esa congoja angustiante que preanunciaba la orfandad ante la muerte. La ciudad no detuvo su aliento y la infinita fila que llega hasta Corrientes, pasa por San Martín, dobla en Rivadavia, se vuelve a doblar en Carlos Pellegrini y penetra Avenida de Mayo hasta el umbral de la Casa Rosada, convive con el tránsito y el ritmo cotidiano de un jueves urbano. El resultado es esa fila firme y autogestiva, sin la presencia en esas más de 20 cuadras de un solo policía.

Hay, podría decirse, cariño a granel -un sentimiento noble y políticamente impredecible- poquísimas consignas (cada tanto estalla un estribillo entonado en clave casi irónica: “Andate Cobos y llevate a la Carrió”), flores que se traen especialmente o se compran por 5 pesos, escasas banderas y muchísima gente de la llamada “suelta”, deudos espontáneos que están dispuestos a perder las cinco o seis horas que consume la peregrinación hasta un ataúd cerrado para ganarse el momento de expresar públicamente aquello que vinieron a decir: “Fuerza”.

Así y una vez más, aquello que por costumbre llamamos kichnerismo se convierte en todo lo que cada uno de los integrantes de esa larguísima fila quiere, aquello que quizá definen mejor sus enemigos, esos que como fantasmas hoy también están.

El duelo, entonces, se convierte también en un conjuro colectivo.

Una nueva manera de decir lo mismo: nunca más.

Es un duelo, pero también es una clase magistral de cómo se fabrica poder y contrapoder. Hoy no es un día para mirar televisión. Tampoco para apostar al Twiter como medio de comunicación del futuro. La Historia le pasa por encima a las modas y sus artefactos cuando la calle recupera su sentido de ágora, de encuentro, de conspiración colectiva. Uno de esos héroes de la viveza criolla da cátedra al respecto en la esquina de la plaza: vende cartulinas y crayones. La valla policial se convirtió en un santuario y el Master supo exactamente qué se necesita en momentos así.

“Gracias por hacernos soñar con un país mejor”.
“Gracias por recuperar la militancia, la justicia, la verdad y la ilusión”.

Sueños e ilusiones: lo intangible se escribe a mano.

gente

La fila habla y lo que dice también es otra lección. Algunas voces representan el sinfín de historias que arman ese rompecabezas que debería, literalmente, romper cabezas: no es momento de repetir guiones de opinólogos, sino de crear la gramática capaz de expresar cómo, entre otras cosas, los mismos nadies que salieron hace casi diez años a la calle a gritar “que se vayan todos” regresaron hoy para garantizar que se queden los que están. Lo cual no es una paradoja, sino una consecuencia. Quizás…

Estas son sus historias:

  • Llegó desde Moreno. Se levantó a las 5 de la mañana y a las 6 tomó el tren. A las cuatro de la tarde está a 2 cuadras de la entrada a la Casa de Gobierno, pero Hilda del Carmen Andrade, 67 años, robusta y morena, no se queja. Sostiene firme la rosa que compró para expresar su agradecimiento, que es bien concreto. “Quiero verlo por última vez y decirle que me ayudó mucho. Me sacó en menos de un mes la pensión, después de haber andado mendigándola durante 3 años”. Hilda cuenta que tiene un reuma que empeoró después de la muerte de su marido, cuando quedó sola y al frente del hogar donde crió 3 hijos. “Durante 30 años trabajé en casa de familia y nunca le pedí nada a nadie. Hasta que el cuerpo no me dio más y pedí la pensión, pero nada…hasta que él, como por arte de magia, me la sacó”.¿Usted se lo pidió personalmente?

    No, qué va. No hizo falta. Al mes de ser Presidente ya estaba y eso no es algo para olvidar.

  • Llegó desde Merlo. Sofía Zurita, 18 años y prendedor con la bandera argentina en su corazón, también se siente en deuda. “Vengo a agradecerle el trabajo que le devolvió a mi papá. Cuando lo cesantearon, después de muchos años en ese empleo, tuvo que ir a una remisería, donde lo asaltaban todo el tiempo. Estaba mal, muy deprimido. Hasta que le devolvieron su puesto y pudimos empezar de nuevo”.¿Dónde trabaja tu papá?
    Es ferroviario. Ahora está en blanco, tenemos obra social.

    ¿Vos militás en alguna agrupación?
    No, la verdad es que me acerqué una vez, pero dio una cosita….

  • Llegó desde HIJOS zona Sur. Ulises Guede lleva la remera que identifica a su agrupación y una bandera también negra con letras blancas que grita juicio y castigo. Su deuda: “Lo que representa para nosotros: el acceso a la justicia. Y más allá de mirar nuestro propio ombligo, incluso más allá de los errores, sabemos que para nuestros barrios, que fueron tan castigados por el neoliberalismo, representa el acceso a cosas tan básicas como la educación o el asfalto. Vemos cómo se ha recuperado cierta dignidad porque le gente siente que se ha hecho algo por ellos.”¿Esperabas que hoy hubiera tanta gente?

    Sí, los únicos que se sorprenden son los de Capital.

  • Llegó desde Vicente López. Adriana, 53 años, lentes de carey, blazer de raza, está llorando. “Me siento huérfana”, dice y su hijo Gerónimo -29 años, gorrito con vicera- es quien completa la frase “Aunque no estoy de acuerdo en muchas cosas, creo que hoy es importante mostrar apoyo. No me preocupa que se frene el proceso: si estamos acá es porque ya no se puede volver a atrás. Lo que me preocupa son algunas cosas que veo hoy y que comparo con otros momentos de la historia”.¿Cómo cuáles?

    Esas cosas que no cambian: la iglesia, los intereses económicos, la izquierda…lo gorila”.

A las 17 en punto las últimas personas en completar la fila de más de 20 cuadras son José (22), Romina (33) y Kiyén (10). Llegaron desde Belgrano R y con el impulso que Romina sintetiza en una filosófica frase “Yo pensaba que el peronismo era una utopía y él me hizo ver que son ideales”. Con cierto pudor, dice que por primera vez en su vida es oficialista, pero también que por primera vez en su vida entendió la política. “Por eso traje a mi hija, quiero que un día le cuente a mis nietos que estuvo donde había que estar, porque hoy estamos escribiendo un capítulo de nuestra historia”.

Cuando termina la breve charla, ya hay 48 nadies más detrás de José, Romina y Kiyén. Por la avenida llegan los Putos Peronistas, los estudiantes de Comunicación Social de La Plata, los del comedor Los Pibes… La fila se convierte, entonces, en otra cosa: en la agenda de gobierno que no dicta ningún plan social.



afecto

miércoles, octubre 27, 2010

ironico

No es casi ironico que el mismo dia en que se censaba el pais, en el que se iba a sacar una foto de como esta parada la sociedad (independientemente de las criticas al metodo para sacar la foto y el fotografo) luego de 7 años de "kirchnerismo" (de nestor y cristina), ese mismo dia nestor kirchner fallece? Me uno en el coro de voces que le desea lo mejor en su nueva etapa a la conciencia de nestor (este donde este) y que desea lo mejor tambien para la argentina con un panorama muy distinto y mas claro aun: cristina va ser la proxima presidenta si no sucede algo que cambie este destino. yo pienso, al igual que sabatella y tantos otros, que ocurrieron cosas muy buenas, algunas cosas para mejorar y cosas maso en estos 7 años. pero no se puede negar que argentina es otra y que tal vez, tal vez, estos ultimos años de cristina en el gobierno sea lo mas a la izquierda que nuestra sociedad derechosa pueda aceptar? y que tal vez seamos una sociedad mas adulta y por eso no dejaremos que retroceda todo lo que se avanzo. ojala que sigan surgiendo mas cambios positivos como la ley de matrimonio nueva, ojala que hagan cosas mas profundas para redistribuir la riqueza (impuesto a la renta financiera, bajar el iva, cobrarle algo a las mineras, etc.). veremos que cosas nuevas apareceran. mientras envio ilimitados buenos augurios para nestor en su camino al mas alla y a todos nostros en el mas aca.