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miércoles, junio 30, 2010

Una nueva y noble Alemania por Ezequiel Fernández Moores (De Canchallena.com)

para ir calentando motores... una excelente nota de EFM.

JOHANNESBURGO.- Sudamérica tiene apenas el seis por ciento de la población de la Tierra. Representa menos del cinco por ciento del comercio mundial. Pero el cincuenta por ciento de las ocho selecciones clasificadas a cuartos de final de Sudáfrica 2010 son suyas. Recuerdo siempre esa anécdota en la que Ronaldo contaba a Diego Maradona una fiesta de cumpleaños de David Beckham. El inglés mostraba a sus invitados sus goles en pantalla gigante. "¡Eran todos de tiro libre!", se reían Ronaldo y Maradona. En Sudamérica, ganadora de nueve Copas Mundiales, se hacen goles mucho más bonitos que los de tiro libre. La Confederación Sudamericana se fundó en 1916 y al año siguiente comenzó la disputa oficial de la Copa América. Casi cuatro décadas antes que la Unión Europea de Fútbol (UEFA), fundada en 1954. Sudamérica tiene cultura futbolera. ¿Sólo esa cultura explica que haya clasificado a cuatro selecciones a cuartos de final de Sudáfrica 2010 y que la quinta, Chile, haya cumplido su mejor Mundial en medio siglo? A la buena materia prima habitual, se le suma, tal vez, una acertada elección de entrenadores.

Los Mundiales de la FIFA son una vidriera única. Hacer paralelismos es tentador. Pero peligroso. Igual que las etiquetas. La Alemania que enfrentará el sábado a Argentina, por ejemplo, tiene once jugadores cuyos padres o abuelos nacieron fuera de Alemania. En Ghana, Túnez, Polonia, Turquía o Brasil. Con apellidos como Özil, Trochowski, Khedira, Marin, Boateng, Cacau o Gómez. No tienen estatura alemana, ojos azules, cabellos rubios ni fuerza especial. Es tentador decir que la Nationalmansschaft (selección nacional) representa acaso a la nueva Alemania. La selección del DT Joachim Low, dijo un diario alemán, "es el producto de una necesaria revolución cultural, en deportes, política y aspectos sociales". No todos están contentos. En los mensajes a los diarios, se leían críticas porque algunos de estos jugadores no sabían cantar el himno. Un político conservador de Berlín, Peter Trapp, pidió hace unos días que los inmigrantes que quieran ingresar al país rindan "un test de inteligencia". Me recuerda al chiste que publicó Le Monde cuando la selección francesa llena de inmigrantes ganó el Mundial 98. "¿Qué te parece esta selección llena de inmigrantes?", preguntaba un típico votante del xenófobo Jean Marie Le Pen. "Mientras sigan haciendo goles...", respondía su colega. Aquella selección modelo del 98 hoy es tema de vergüenza nacional en Francia.

Por eso, más interesante acaso que eventuales paralelismos sociales, puede el dato, más futbolero, de que los 23 jugadores convocados por el DT Jogi Low actúan en clubes de su propio país. Habla muy bien de la Bundesliga. Vale refrescar datos sobre cómo funciona la liga alemana. Los 412 millones de euros anuales que paga la TV tienen la repartición más democrática en las ligas top de Europa. Se toma en cuenta los años en Primera del club, el ranking actual, una media de los últimos cinco años, se paga un plus de 4 millones por el título y hasta bonus por jugadores convocados a la selección. Los derechos se los reparten dos cadenas públicas abiertas (ARD y ZDF) y los canales privados DSF (abierto) y Sky (pago y codificado). Algunos amigos alemanes critican que ahora los partidos se jueguen de viernes a domingo y en horarios extraños que busquen atraer el mercado asiático. Pero había una oferta superior, monopólica, y fue rechazada por el tribunal de libre competencia. Los estadios, por otra parte, están siempre llenos y tienen la mejor media de público de Europa. Son modernos y extremaron medidas de seguridad, aunque ya casi no hay episodios de violencia. La Bundesliga no adhirió al criterio FIFA de espectadores todos sentados. Hay sectores en los que se permite seguir el partido de pie. En el de Borussia Dortmund, que llena todos los partidos su capacidad para 81.000 personas, ya avisaron que prohibirán la vuvuzela.

Los clubes deben abrir sus balances todos los años. Si gastaron de más son sancionados. Tal vez haya trampas contables. Son la excepción. Por segundo año seguido, la Bundelisga tiene mejores números que la Premier League de Inglaterra. Además, el 51 por ciento de la propiedad debe permanecer en manos del club, lo que impide el desembarco de magnates con dineros de origen dudoso. La austeridad provocó quejas del siempre poderoso Bayern Munich, porque así perdía competitividad en Europa. Pero Bayern Munich ya fue finalista en la última Liga de Campeones con un equipo que tenía mayoría de jugadores alemanes. El rival, Inter, estaba formado íntegramente por extranjeros. Bayern Munich, que cedió su gobierno a ex jugadores (Franz Beckenbauer, Karl-Heinz Rummenigge, Uli Hoeness), no pudo dilapidar fortunas en estrellas extranjeras y debió cuidar a las propias (Müller, Philipe Lahm, Bastian Schweinsteiger y Holger Badstuber). Todos los clubes fueron obligados a destinar presupuesto a mantener academias para la formación de jugadores. La renovación alemana, iniciada para el Mundial 2006 con la contratación de Jurgen Klinsmann, se profundizó con su sucesor. Joachim Low, amante del yoga, no se aferró a viejas glorias como lo hicieron las selecciones de Italia o Francia. Sufrió cinco lesiones un mes antes del Mundial, incluyendo al capitán Michael Ballack y llegó a Sudáfrica con la segunda selección más joven del torneo. Seis de los 23 jugadores del equipo actuaban en la selección Sub 21. Trece disputan su primer torneo y hay doce que tienen menos de diez partidos con la selección. Es la selección más joven de Alemania desde el Mundial de 1934. Pero el cambio no fue sólo generacional. Ni de cambios de posiciones, como efectivamente ocurrió con muchos jugadores. Low supo aceptar los nuevos tiempos y se animó también a cambiar de estilo. Mesut Ozil, Sami Khedira y compañía no fueron obligados a aprender a jugar "en alemán". "Nuestro estilo ahora tiene un aire latino", dice Low, sin ruborizarse. La selección alemana, cuyos jugadores tienen la ventaja de que la Bundesliga comenzó a usar en enero pasado a la polémica pelota Jabulani, de Adidas, se animó a cambiar de estilo. Y lo hizo pese a que desde 1960 ganó dos Mundiales y llegó seis veces a semifinales.

Haberse clasificado a cuartos de final eliminando nada menos que a Inglaterra es algo bueno para el fútbol. Porque Inglaterra es el modelo opuesto. Sus clubes, dominados por magnates extranjeros, tienen un rojo de 5000 millones de euros. Al presidente de la Federación que denunció el rojo, Lord Triesman, le hicieron una trampa y lo echaron. Allí mandan los clubes. Desde 1960, Inglaterra tiene un Mundial y una semi. Y no se clasificó siquiera para la Eurocopa de 2008. Pero no cambia. O cambia para peor. Se animó otra vez con un DT extranjero, es cierto. Pero el italiano Fabio Capello, sucesor del sueco Sven-Goran Eriksson, llevó a Sudáfrica a la selección inglesa más vieja de todos los Mundiales. Su sabiduría táctica se derrumbó cuando Wayne Rooney llegó al Mundial lejos de su mejor forma. Y su fama de "Míster Látigo" se complicó con el intento de amotinamiento de John Terry, el futbolista mejor pago de la Premier League. En Alemania interesa estudiar el fútbol (hay 34.970 técnicos con licencia UEFA, contra 29.420 de Italia, 23.995 de España, 17.588 de Francia y...2.769 de Inglaterra, donde ha ganado el mero negocio.

Inglaterra perdió control del juego cuando en 1992 nació la Premier League. Durante años recibió admiración por sus estadios-teatro, su fútbol-espectáculo y su concepto del marketing. Pero en la cuna del fútbol, la avaricia ganó la batalla. El fútbol es algo más serio que un simple negocio. Sudáfrica podría tener motivos de enojo con Alemania, que le quitó con malas artes el Mundial 2006. Ciudadanos sudafricanos tienen hoy juicios millonarios contra poderosas empresas alemanas acusadas de hacer formidables negocios en los tiempos del apartheid. Buena parte del dinero que reciba Alemania por su participación en el Mundial irá a parar a la Fundación Robert Enke, que atiende a jugadores con problemas mentales. Lleva el nombre del arquero que, si no se hubiese suicidado el año pasado, sumido en la depresión, tal vez estaría atajando el sábado contra Argentina. El fútbol, más allá de sus problemas, suele ser una versión algo más generosa del mundo. Lo sabemos en Argentina, donde la pelota es uno de los pocos motivos de fiesta popular. Ojalá lo siga siendo el sábado contra la noble selección alemana.

miércoles, noviembre 25, 2009

El miedo del arquero | Ezequiel Fernández Moores - canchallena

Lara Enke había nacido con el síndrome del corazón izquierdo hipoplásico, una grave enfermedad congénita. Su ventrículo izquierdo y la aorta eran demasiado pequeños y no podían suministrar suficiente sangre al organismo. Lara pasó los primeros seis meses en una unidad de cuidados intensivos. En la Navidad de 2004, Robert Enke y Teresa, sus padres, cenaron solos en el hospital de Hannover, a metros de la pequeña Lara. El primero de los tres paros cardiorrespiratorios fue un domingo. Robert debía jugar el martes siguiente ante Cottbus. "Tienes que ir", le dijo Teresa. El Hannover, con Enke en el arco, ganó ese día por penales. "Suena duro, pero aun si nuestra hija hubiese muerto, la vida debía continuar", contó el propio Enke al semanario Der Spiegel en 2005. Lara sobrevivió a dos operaciones más de corazón. Pero murió el 17 de septiembre de 2006, apenas después de su segundo cumpleaños. Seis días más tarde, Enke estaba otra vez defendiendo la valla del Hannover. La vida, efectivamente, siguió.

El domingo 8 de noviembre pasado Enke jugó su último partido en el Hannover. Dos a dos ante Hamburgo. Viajó 39 kilómetros en automóvil junto con su esposa, Teresa, hasta la granja de Empede, donde aguardaba Leila, la hija que la pareja había adoptado seis meses atrás. "Der Verlierer ist Enke" (El perdedor es Enke) tituló al día siguiente el influyente periodista de Kicker Karl-Heinz Wild un artículo crítico sobre la exclusión de Enke de la selección para los partidos amistosos ante Chile y Costa de Marfil. Enke, que había sido elegido mejor arquero de la temporada anterior, venía de un parate de dos meses por lesión. Además del juvenil y brillante René Adler (Bayer Leverkusen), los convocados fueron Manuel Neuer (Schalke 04) y Tim Wiese (Werder Bremen). Aun cuando las crónicas hoy digan que Enke era el gran candidato a titular en el Mundial de Sudáfrica, muchos sospechaban que el DT Joachim Low terminaría inclinándose por Adler, que venía de jugar un partido brillante ante Rusia. Acaso lo pensaba también el propio Enke, que ese lunes fue a una exposición en Hannover junto con su familia.

Todo se precipitó al día siguiente, martes 10 de noviembre de 2009. "Se está entrenando", dijo Jorg Neblung, agente de Enke, al periodista del Bild Florian Kelbs. Pero en el Hannover le dijeron que Enke no estaba allí. Neblung, preocupado, llamó primero a Teresa y luego a la policía. Enke dejó temprano la granja, en la que cuidaba a nueve perros, dos gatos y un caballo. Enke amaba a los animales. Había hecho anuncios para PETA, la organización que pide ética en el trato de animales. "Tiere Weihnachtsgeschenke keine sind!" (¡Los animales no son regalos de Navidad!), decía en un aviso. Enke habló temprano con su psiquiatra personal, Valentin Makser, para decirle que se sentía bien. Subió a su Mercedes 4x4 y no fue a la estación de tren de Neustadt. Era el arquero número 1 de Alemania, pero solía ir en tren a los entrenamientos del Hannover. Cargó nafta en la estación de Neustadt-Hagen. El automóvil se internó en una zona oscura y se detuvo a diez metros de las vías del tren. Enke dejó su billetera sobre el asiento. Cerró sin seguro, caminó unos cien metros por las vías y a las 18.17 murió atropellado por el Regional Express número 4427, que iba de Bremen a Hannover. Se mató a dos kilómetros y medio de la tumba de la pequeña Lara.

"Desde temprano tuvo miedo al fracaso cuando jugaba ante compañeros mayores. Estaba atrapado en su elevada autoexigencia. Muchas veces quise hablarle de padre a hijo, no como un especialista", contó su padre, Dirk Enke, atleta de elite en la ex Alemania del Este y psicólogo deportivo. "Tenía convulsiones, no podía entrenarse y una vez hasta llegó a preguntarme si yo me iba a enojar si él dejaba el fútbol", agregó Enke padre. El cuadro se agravó tras el fiasco en Barcelona, donde en 2002 fue suplente de Roberto Bonano y del entonces juvenil Víctor Valdés. Peor le fue en el Fenerbahce turco, del que se alejó luego de que le arrojaron botellazos por una mala actuación. Una semana antes del suicidio, Dirk aconsejó a su hijo que se internara. Un instituto psiquiátrico ya lo había admitido. Atravesaba nuevas fases depresivas y estaba bajo tratamiento con Makser. Pero no quiso internarse. Por un lado, temía que la Oficina de Familia le retirara la custodia de Leila, la hija adoptiva, de ocho meses de edad. Pero además temía que una internación psiquiátrica lo marcara dentro del mundo impiadoso del fútbol.

"El fútbol era su vida y creíamos que todo se superaría con amor, pero no fue así", confesó la viuda, Teresa. ¿Cómo debía admitir fragilidad un arquero de la selección alemana? ¿Acaso desde los 70 ese puesto no era destinado a grandes como Sepp Maier, Toni "Rambo" Schumacher, Oliver "Gorila" Kahn y Jens Lehman? Lehman fue el hombre que amargó a la Argentina en los penales del Mundial 2006. Su salida dejaba por fin las puertas de la selección abiertas a Enke. En una entrevista el año pasado con la revista alemana 11 Freunde (11 Amigos), Enke admitió que tal vez él no era un jugador promedio, pues le gustaban el arte, la filosofía y los aspectos más culturales de la vida. En esa misma entrevista, Enke dio acaso una punta de su sufrimiento privado: "Cuando hablo con la prensa -afirmó-, siempre tengo dos opiniones. Por un lado van mis sentimientos personales y por el otro, los que me sirven para el público".

Si Enke hubiese hecho pública su depresión difícilmente se habrían burlado de él los hinchas alemanes, que en estos días sufren nuevas denuncias de partidos arreglados en el ascenso, pero que llenan estadios, tienen sectores para seguir el juego de pie, boletos accesibles y un sistema mixto que transmite todos los partidos por TV. Su decisión de suicidarse fue debate nacional por varios días. El funeral fue el más numeroso en Alemania desde la muerte del primer canciller de la RFA Konrad Adenauer, en 1967. Los hinchas pidieron el retiro de su camiseta y que el estadio lleve su nombre. La intensa cobertura mediática terminó molestando a varios, me admiten colegas alemanes. Lo más interesante, me cuentan, es que al menos sirvió para que miles de personas se animaran a contar públicamente que también son víctimas de depresión, una enfermedad que se cobra 10.000 muertes al año en Alemania y que hasta Enke nadie creía posible en un astro del fútbol, capitán de su equipo, posible titular de la selección y modelo de muchos niños. "¿En qué estamos fallando para que un hombre como él pensara que no había mejor alivio que la muerte?", se preguntó Theo Zwanziger, presidente de la Federación alemana. Recién con el suicidio de Enke la prensa prestó mayor atención al libro autobiográfico publicado hace dos meses por Sebastian Deisler, estrella trunca del fútbol alemán, retirado hace dos años tras sufrir depresión. Y Andreas Biermann, del St. Pauli, de segunda, se animó a contar que en octubre pasado, víctima de depresión, también él intentó quitarse la vida, como lo hacen unas 3000 personas todos los días en el mundo, sin contar los 20.000 que fracasan en el intento y los millones que acaso alguna vez lo pensaron, tal vez porque "querer morir parece una parte de estar vivo", como escribió el inglés Nick Hornby en su última novela sobre suicidas ( En picado ).

Pero algo debe de suceder especialmente con los arqueros. El miedo del arquero ante el tiro penal , se llama un célebre libro de 1970 del austríaco Peter Handke, que cuenta la historia de Josef Bloch, un antiguo arquero despedido de su trabajo como mecánico que termina estrangulando a una empleada de cine de Viena. El psicólogo Marcelo Halfon, especialista en deportes, me dice que "el puesto de arquero es de alta exposición y altísima exigencia". "Es un puesto ingrato, de mucha soledad, y orilla la sensación del fracaso", me agrega su colega Marcelo Roffé. De los nueve casos de suicidios de los últimos años en el fútbol argentino cinco son arqueros: Osvaldo Rubén Toriani (campeón de la Libertadores 64 con Independiente y que había sufrido la muerte de un hijo pequeño) se mató en 1988 inhalando gas tóxico; Alberto Vivalda (lució en Racing y Chacarita) se arrojó a las vías del ferrocarril Mitre en 1994; el tucumano Luis Ibarra (Tigre) se fue de la concentración en 1998, mató a su esposa y se arrojó de un décimo piso; Sergio Schulmeister (Huracán) se ahorcó en 2003 en su casa de Boedo, y, por último, Mariano Gutiérrez (San Martín de Burzaco) también se ahorcó en su domicilio, en 2008.
"Los errores del arquitecto -señala un viejo dicho- se tapan con columnas; los del cocinero, con salsas; los del médico, con tierra, y los del arquero, con insultos." Algunas bestias creen que la salvajería es la ley número 1 en el fútbol. Y que en esa jungla no hay lugar para los "débiles".

miércoles, septiembre 09, 2009

"la fragilidad de un rival que pareció un principiante, altamente motivado, pero escasamente preparado" (nota de Ezequiel FM en LN)

Hoy estaba pensando que tengo que hacer algún comentario en relación a la selección arg. de fulbo. No es porque sea el tema más prioritario, sino porque me gusta el deporte, y el afecto que genera en la sociedad. Cotidianamente somos afectados por cosas que pasan en el fublo un porcentaje considerable de los argentinos.
Mi pensamiento con la selcción de Maradona es que seguimos encarnando la ética del milagro en lugar de la ética del trabajo. Algo que nunca se le discutía a Bielsa era que el tipo laburaba, con sus locuras y lo que uno quiera, con su rigidez (algo que parece que ha aprendido a cambiar) en materia de diagramar equipos, con todo lo que se le criticara nadie dudaba que el tipo laburaba, organizaba, estructuraba sus equipos. Los equipos sabían a qué jugar. Mal o bien, nos guste o no, sus equipos jugaban a algo. Había un plan. El problema que veo ahora es que no hay ningún plan. Nadie sabe a que se juega. Es preferible simpre tener un plan, aunque sea malo, a no tenerlo. Ahora no tenemos ningún norte y eso trae inestabilidad. De un partido a otro se cambia el equipo, no se sabe a que se juega, no se tiene ningún libreto. Y así se pagan los errores.
Ezequiel dice en la nota que agrego que Argentina ante Brasil mostraba "la fragilidad de un rival que pareció un principiante, altamente motivado, pero escasamente preparado". Esa es mi sensación. Sin laburo, sin orden no se llega a ningún lado. Los técnicos que nos marcaron en los últimos tiempos son tipos que laburan, que planean, que organizan, en los que uno ve que sus equipos juegan a algo. Bianchi, Bielsa y Pekerman han armado equipos que juegan a algo. En cambio la selección de Maradona es un puñado de tipos que se juntan a jugar, y a esperar el milagro...
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Acá la nota.

Antes de Paraguay


¿Por qué debería ir Argentina a Sudáfrica si casi no ha jugado bien en ningún partido de las eliminatorias?


Más que el abdomen, lo que provocaba sospecha en algunos jugadores en esas prácticas iniciales era el lenguaje y el método de trabajo del nuevo entrenador. "Este gordito nunca jugó al fútbol", pensaban sin decirlo. El entrenador pedía al volante zurdo que llegara al fondo y enviara un centro al segundo palo. El primer centro quedó corto. El DT recordó la orden. Pero el segundo intento también falló. El entrenador, elevando el tono, reclamó más precisión. El tercer centro fue peor. "¡Al segundo palo! ¿No escuchó que le dije al segundo palo?". Y el jugador, que esperaba ese momento, le respondió: "¿pero usted nunca jugó al fútbol? ¿No vio que me picó mal?". El entrenador era Marcelo Bielsa. Y el que desconfiaba del DT era Kily González, uno de los jugadores que, con los años, definió a Bielsa como el mejor técnico que tuvo en su vida.

Diego Maradona, a quien jamás podría sucederle algo así, también decidió ser entrenador. "¿Cómo influye en un vestuario tener como entrenador a un auténtico mito?", le preguntaron el sábado pasado a Angel Cappa en el diario El País, de España. "La primera impresión –respondió Cappa- es favorable, la segunda también es favorable, pero a la tercera el jugador quiere un entrenador, no un mito". Si esa formidable -y finalmente única- acción inicial de ataque colectivo del sábado ante Brasil hubiese terminado en gol, y en posterior victoria, el mito estaría hoy otra vez en las alturas. El emotivo video previo que Maradona enseñó a los jugadores antes del partido, con las imágenes de la Argentina sumergida, que tiene en el fútbol uno de sus pocos momentos de alegría, recorrería glorioso los programas de TV. Los carteles y los videos motivadores suelen ser herramientas de trabajo de muchos conductores, no sólo de Maradona. Cuentan que Rafael Nadal estaba desconcentrado y perdía una vez un partido de dobles ante una pareja de japoneses. "Oye Rafa, ¿sabes que los japoneses matan a los delfines?", lo aguijoneó su entrenador, sabiendo que Nadal amaba a los delfines. Fue mágico. Nadal, claro, era un niño. Los futbolistas de la selección argentina son competidores en el más alto nivel profesional. Requieren algo más que golpes al corazón.

"Con Maradona en el banco, la Argentina será como los Beatles", se entusiasmaba Guillermo Tofoni, operador del contrato de 18 millones de dólares y 24 partidos amistosos que la AFA de Julio Grondona firmó en 2006 con el grupo ruso Renova. Es cierto, Maradona en Sudáfrica suena ideal para los dueños del marketing. Pero mucho más importante hoy es Lionel Messi. La FIFA no es una ONG. Y Joseph Blatter no es la Madre Teresa. Apelar a que los aires mafiosos del fútbol no permitirán que Messi se quede afuera del Mundial es una clara señal de la desconfianza a sólo horas del partido ante Paraguay. Pero no es un dato menor, especialmente si se advierte que ya está con un pie afuera de Sudáfrica el más mediático Cristiano Ronaldo, y pese a que Portugal tiene como DT a Carlos Queiroz, un hombre sin pasado de futbolista, pero que sí dedicó casi toda su vida a formarse como técnico. "Es la simple constatación de que lo que cuenta no es tanto el individuo, por muy bueno que sea, sino el equipo en el que juega". Lo escribió el lunes en el diario catalán El Periódico Johan Cruyff, uno de los pocos grandes cracks que triunfó como jugador y como DT. El artículo, una pequeña lección de táctica, no sólo dice lo que ya todos sabemos, que el estilo de Argentina no tiene "nada que ver con el del Barca". Cruyff cuenta de qué modo el DT de Barcelona, Josep Guardiola, pese a que ganó todo la temporada pasada, se propuso empezar "casi de cero" al cambiar a Samuel Eto’o por Zlatan Ibrahimovic, dos atacantes de estilos opuestos. El cambio, dice Cruyff, llevará a Guardiola a profundizar el experimento de utilizar a Messi como "falso delantero centro, asociándose de maravilla con los aún más cercanos Xavi e Iniesta".

Para estudiar cómo juega el Barca, y cómo utiliza Guardiola a Messi, aconsejo visitar la página del periodista rosarino Matías Manna paradigmaguardiola. blogspot.com . Ver cómo Barcelona juega desde la paciencia, a uno o dos toques, para lo cual es clave contar con defensores que siempre salgan jugando y avancen juntos y centrodelanteros que, si se pierde el preciado trofeo de la pelota, se convierten en los primeros defensores, para recuperar en terreno rival y ahorrarse el retroceso, mientras las bandas, aún cuando no siempre haya extremos puros, igual permanecen ocupadas para abrir la cancha. "Nuestro fútbol –dice Xavi- no es casualidad, es fruto de lo que aprendió Pep (Guardiola) y de mucho trabajo. Mi juego necesita socios, sin ellos no tiene sentido". ¿Acaso juega a algo parecido la Argentina de Maradona como para pretender que Messi juegue igual que en el Barcelona? El fútbol precioso de Barcelona tendría menos repercusión si no hubiera estado asociado al éxito. Algo parecido sucede con el Brasil de Dunga. En su largo primer año sin triunfos, Dunga era considerado un "traidor" a la historia de "futebol-arte" de Brasil. Un "inexperto defensivista". La prensa comenzó a hablar de "buen estratega" cuando ganó Brasil ganó 3-0 a Argentina en la final de la Copa América, pese a que su equipo cometió ese día 39 faltas y jugó un "calcio brasileño", como ironizó un diario su estilo más propio del catenaccio italiano que de la samba verdeamarilla. Igual que en la Copa América, la que propuso atacar el sábado en Rosario fue Argentina. Brasil tiró por primera vez al arco a los 23 minutos y se puso 1-0. Tiró por segunda vez a los 30 y estaba 2-0. Le bastó para desnudar la fragilidad de un rival que pareció un principiante, altamente motivado, pero escasamente preparado.

La ilusión de que la simple acumulación de bajitos con talento nos llevaría a jugar como Barcelona ya quedó atrás. Nadie recuerda tampoco al Huracán del Clausura. El pragmático Brasil de Dunga es el nuevo modelo. A falta de Kakás, eso sí, pedimos "lungos" como Luisao o Lucio. O imploramos para que Messi, si realmente dice ser quien es, demuestre con la selección su condición de nuevo genio del fútbol mundial. Caso contrario, el fútbol argentino no valdrá ni los miserables 260 millones de pesos que pagaba el monopolio, ni los generosos 600 de la TV pública. Quedar afuera de Sudáfrica, dicen algunos en voz baja, será sin embargo el único modo de que el fútbol argentino comience de cero y derrumbe otros monopolios que lo están destrozando y que van del sillón de la AFA a la violencia del barra brava que se adueña de los estadios. ¿Por qué debería ir Argentina a Sudáfrica si casi no ha jugado bien en ningún partido de las eliminatorias, con o sin Maradona, y sin que tampoco haya ausencias groseras en las convocatorias, lo que desnuda la falta de recambio en más de un puesto? "Al fútbol argentino le va bien cuando se acepta el trabajo. Ahora hemos vuelto para atrás", escribió José Pekerman también el sábado pasado en el diario español El País. Tras afirmar que en los ’80 "se gestó un mecanismo impresionante de crear futbolistas", Pekerman advierte que "hemos regresado al modelo vigente en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, cuando el fútbol nacional vivía en la autoindulgencia, librado a la improvisación, y a la aparición espontánea de superdotados". Frenar la venta de jugadores inmaduros como pide Pekerman suena hoy demasiado pretencioso. La urgencia ahora es no quedar afuera del Mundial. Lo afirma también buena parte del periodismo que silenció el vaciamiento porque forma parte del negocio. Es la misma prensa que suele tener un discurso si se gana y otro a mano por si se pierde.

"Los medios siempre predican en el sentido contrario de lo que yo pienso", dijo Bielsa, en una reciente y muy difundida exposición en Santiago. Tras reiterar su convicción de que "hay una matriz para llegar al gol", Bielsa, muy apreciado pero también criticado aquí por su tozudez en el Mundial 2002, aclaró que para él el fútbol no es mecánico. "Importa tanto poseer una cualidad como crear los momentos para utilizarlas. Si un jugador tiene un pase gol profundo y letal, pero está a cincuenta metros de sus compañeros y de espaldas, no sirve. Ahí interviene el entrenador". Más interesantes pueden ser sus reflexiones en estas horas difíciles para la selección. "Lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona", expresó Bielsa y, como si le hablara a Maradona, remató: "creo que el liderazgo está afianzado en la derrota, ahí se ve la capacidad de conducir".