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viernes, agosto 12, 2011

BLAQUIER ASESINO. BLAQUIER ASESINO. BLAQUIER ASESINO. BLAQUIER ASESINO. jujuy, argentina, el mundo y los rios de sangre

Hace tiempo que quiero escribir esto:

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Para que aparezca en gugl cuando lo busquen.
Desde siempre "el ingenio" fue un lugar de violencia, muerte y explotación. El que pueda leer Gordillo, Gastón. Lugares de diablos: tensiones del espacio y la memoria. Buenos Aires, Prometeo, 2011, encontrará una pormenorizada descripción de lo que fue (y es) "el ingenio" desde los tiempos de Patrón Costas.
Yo mientras estudiaba antropología trabajaba de mozo en el hotel alvear y una vez tuve que trabajar en el casamiento de unos de estos blaquier, creo que una de su hija, daba ganas de vomitar y de decir "estos 2 mil invitados que están acá revolvandose en esta mierda de lujo están siendo alimentados con la sangre de Wichi, Qom, Pilagas, campesinos pobres, niños descalzos,..."
Es la hijaputez, avaricia y cerrazón a la enesima potencia.

Acá pego una nota de P12 de Gruner que hace eco en mi y que muestra como la historia de los vencidos (y de los supuestos vencedores) nunca está cerrada, aunque parezca cada vez menos intercambiable, vencidos y vencedores están cada vez más cerca, y en una de esas

“¡Cuando querrá el Dios del cielo,/ que la tortilla se vuelva;/ que los pobres coman pan/ y los ricos mierda, mierda!”


Cuarenta hectáreas y el mundo

Por Eduardo Grüner *

Una vez más la violencia represiva y la guerra de clases se ha cobrado vidas en Jujuy, en la Argentina, en América latina, en el mundo. Vidas de pobres, vidas de sin-techo, vidas de trabajadores y superexplotados, vidas sufridas a cuyo sufrimiento sin fin –pero dispuesto a la lucha por sus derechos– ha venido a poner fin la barbarie combinada de la gran propiedad terrateniente, la voracidad asesina del Capital, la negligencia (si no la irresponsabilidad objetivamente cómplice) del Estado, el menosprecio clasista de una “justicia” privatizada, la indiferencia de los grandes medios de des-comunicación. Vidas que se restan de la vida, aunque se suman –por sólo recordar el último año– a las vidas de los aborígenes que pelean por su relación ancestral con la tierra, los militantes populares que luchan junto a los “tercerizados”, los desesperados ocupantes de terrenos donde construir la ilusión de una vida (y ya nos vamos cansando de decir que cada uno de esos episodios es un “punto de inflexión”, sin que parezca “inflexionarse” gran cosa). Vidas sin auténtica vida, a las que se les corta de un balazo la dignidad de luchar por otra vida. En tiempos en que la “corrección política” ordena por doquier emitir ondas de amor y paz, las andanadas de metralla contra los pobres que confiaron en esos mensajes están bien lejos de ser una “anomalía”: al contrario, son la voz de una Verdad que la “buena onda” puede ocultar por un rato, pero que tarde o temprano revienta como una pústula en la superficie. Es la Verdad eterna –no habría por qué temerle a esa palabra– que dice que mientras todo un “sistema” (económico, social y político, desde ya, pero también “cultural”, “moral”, “espiritual”) esté sustentado sobre la explotación de la mayoría y el descarte de los no-explotables, mientras eso siga ocurriendo, mientras esa sea la “estructura” y la lógica de fondo, en algún momento el Poder tendrá que poner el dedo en el gatillo. Porque los vencidos (como los llamaba Walter Benjamin, para no pasivizarlos con el mote de víctimas) tienen la mala costumbre de resistirse a su destino trágico. A veces, puede ser, lo hacen con torpeza, o imprudentemente. La desesperación desorienta, nubla la visión “táctica”. Tan “incorrectos” son. Y entonces hay que enseñarles educación a tiros. Aunque estemos en democracia: también en ella, a veces, se hace entrar la letra con sangre. Desde ya, estar en democracia tiene, entre muchas otras, una hipotética gran ventaja: podemos gritar la bronca, y razonarla por escrito, podemos exigir y argumentar nuestras exigencias. Podemos hacer uso de nuestro privilegio de “intelectuales críticos” (hoy ya hasta suena algo ridículo autotitularse así), e intentar que se perciba en nuestra pálida voz el dolor de los que han sido privados hasta de su garganta y su lengua. Podemos, debemos, exigir explicaciones, investigaciones “hasta las últimas consecuencias”, “castigo a los culpables”. Sin garantías de que se nos escuche, claro está: el Poder es mucho menos que tonto, y tiene mil vericuetos –inmediatos, mediatos y mediáticos– para neutralizar nuestros grititos, para desviar la atención, para disimular sus oscuridades detrás de globitos de colores o de discursos sobre “lo que falta”. Pero a ellos ya no les falta nada: les quitaron todo. Como si eso no fuera suficiente, les quitan también, después de muertos, la condición de “resistentes”: se insinúa, por ejemplo, que el calibre de los proyectiles no era el de las fuerzas de seguridad. La implicación cínica –que no es incompatible con una potencial verdad puntual, que habrá que demostrar– queda picando, amplificada y multiplicada por los amanuenses: los atacados, ahora cadáveres, se van transformando sutilmente en agresores. Y más: “Llegaron en camiones, no eran pobres”. Viajar en camión no es cosa de pobres. De pobres es defender a tiros unas pocas hectáreas –¡se trata de propiedad privada! ¡Está en la Constitución!– de las 150 mil en las que, casi con seguridad, existe trabajo esclavo. Las verdaderas víctimas, pues, son los verdugos: es un viejo truco. Viejo, pero no gastado: mantiene toda su eficacia, puesto que se inscribe en una lógica previa: aventando sospechas en dirección a los vencidos, se tapa el bosque con el árbol –ni siquiera: con una cañita de azúcar–. No importan los siglos de explotación, sino que, justo cuando los pobres reaccionaron, lo hicieron mal –con torpeza, imprudentemente: no era el momento–. El “momento” anula a la Historia: otro viejo truco. Pero igualmente eficaz: a esa lógica no hay con qué darle. Se toman, sí –o se proponen: ya veremos–, medidas “reparatorias” (y la propia idea de “reparar” ya debería dar vergüenza): se “expropiarán”, quizá, cuarenta hectáreas (con parte del pasto enrojecido, qué le vamos a hacer). ¿No se podía haber pensado antes? ¿Fue una sorpresa inédita, no se podía prever, esto nunca había sucedido? Hace menos de un año, hizo falta un muerto para que miles de “tercerizados” pasaran a planta permanente –de superexplotados “en negro” a explotados “en blanco”: todo un privilegio–. Ahora hicieron falta cuatro muertos para que se expropiaran (si se hace) cuarenta hectáreas. La cuenta es fácil: una vida = diez hectáreas. La muerte, se ve, cotiza cada vez más bajo en el mercado del valor-trabajo. A la reparación de lo que nunca debió necesitar ser reparado se la llamará “progreso”, y el que la propone sin haber previsto que se evitara lo irreparable, será un “progresista”. Lo dicho: a esa lógica no hay con qué darle. Para “darle”, habría que cambiar de cuajo la lógica misma. Habría que hacer comprender (¿pero a quién?) que cualquier intento de “profundización” dentro de la actual lógica chocará con un límite que no puede exceder, en el mejor de los casos, las cuarenta hectáreas. Desde ya: al que proponga cambiar de lógica se lo llamará “loquito”, “ultra”, “romántico”, “utopista” (parte de la lógica es que este personaje puede incluso resultar simpático en su excentricidad, siempre que no exceda el 1,5 por ciento en las elecciones). ¿Los que se divierten con tales “extravagancias” leerán el diario –cualquier diario– todos los días? ¿Leerán, quiero decir, sabrán leer, lo que ahora mismo está ocurriendo mundialmente con esa gran utopía, ya varias veces centenaria, del Capital, cuyo “progreso” iba a derramar leche y miel para el bienestar edénico de la humanidad? ¿Leerán que países enteros, mucho más que cuarenta hectáreas, se están hundiendo en el mar –sobre todo en el Mediterráneo, venerable cuna de Occidente– porque sus gobiernos no quieren romper con esa lógica? ¿Leerán que ha comenzado en diciembre pasado una “primavera de los pueblos” en el Medio Oriente, en el norte de Africa, en Europa, un movimiento incierto, sí, espasmódico, hasta confuso, pero que ya apunta el dedo multitudinario hacia otra lógica? No, no saben leer, o no pueden. Apenas aprendieron a deletrear una geografía estrecha que les enseñó que Jujuy queda en el noroeste de la Argentina. Pero no: queda en el mundo.

* Sociólogo, profesor de Teoría Política (UBA).

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y más para gugl.
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lunes, julio 25, 2011

¿A dónde van los Estados Unidos? Por Mario Rapoport y Noemí Brenta (Levantado de P12)

¿Ha comenzado la declinación del imperio? Es muy pronto para decirlo, pero el modelo económico de los Estados Unidos, seriamente jaqueado, parece haber encontrado sus límites últimos, y se encamina a un penoso ajuste. El déficit fiscal estadounidense reapareció en el primer gobierno de George W. Bush, revirtiendo el superávit heredado de Clinton. En un principio, por el aumento del gasto bélico, que pasó de 371 a 735 mil millones entre 2000 y 2008, y las reducciones de impuestos a los más adinerados. A partir de la crisis de las subprime, las transferencias por seguridad social, necesarias para atender muy parcialmente el desempleo y la pobreza crecientes, engrosaron el gasto público; pero mucho más lo aumentaron los dos planes de rescate, el de Bush y el de Obama, por 700 y 900 mil millones de dólares, respectivamente, para los bancos y las empresas en problemas. Para peor, la recesión redujo la recaudación de impuestos en 2008 y 2009, agravando el déficit fiscal (ver gráfico). Pese a que en 2010 el producto estadounidense creció un 2,9 por ciento, aun hoy el desempleo supera el 9 por ciento, un nivel muy alto en un país con baja protección social, y unas 200.000 familias por mes pierden sus viviendas, a causa de sus hipotecas impagas.

Los ingresos del gobierno federal sólo cubrieron en 2010 las tres cuartas partes de sus gastos, los continuos déficit se acumularon y aumentaron la deuda pública, que desde mayo pasado superó el máximo autorizado por el Congreso, 14,3 billones de dólares (trillones para ellos), equivalente al producto bruto estadounidense. Aunque Obama logre negociar con los republicanos la autorización del Parlamento para superar ese límite, igualmente ya ha anunciado que pondrá en marcha el ajuste de las cuentas públicas, bajando el gasto (en programas sociales) y aumentando los impuestos (menores exenciones a los ricos, y probablemente un IVA nacional). El resultado inmediato de estas medidas será reducir la producción y el empleo y agudizar el conflicto social. Este sería, con todo, el “mejor escenario”, suponiendo que el ajuste realmente funcione y reduzca el déficit, es decir, que la reforma tributaria sobrecompense la caída de la recaudación sobreviniente, ligada al menor nivel de actividad, que resultará de la reducción de las compras del sector público y del menor ingreso disponible de las personas. Recordemos que cuando en septiembre de 2001 el gobierno argentino dispuso el “déficit cero”, la recaudación de impuestos bajó un 30 por ciento en el trimestre posterior, aumentando el déficit fiscal, y el producto bruto un 11 por ciento. El sufrimiento humano fue ofrendado en el altar de los acreedores, en prueba de la voluntad de pago a toda costa, pero esta estrategia no rindió recompensas para el bienestar general ni evitó el default. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol.

La Reserva Federal tampoco puede seguir inyectando dólares en cantidad, como ha venido haciéndolo hasta ahora, no solamente porque ya las tasas de interés son casi cero, sino que, por otra parte, los dólares se emiten contra bonos del Tesoro, que a su vez, son deuda pública. La superliquidez en dólares, que alimenta burbujas en los mercados especulativos mundiales, entre ellos, el de las materias primas (que suben, además, por otros factores), debilita al dólar, y éste es un objetivo buscado del gobierno estadounidense, ya que mejora la competitividad de sus exportaciones y encarece sus importaciones, aliviando también el déficit del comercio exterior de este país. Pero el principal mercado de los Estados Unidos, que es la Unión Europea, también se encuentra en problemas, y la principal moneda contra la que el dólar necesita debilitarse, que es el euro, tampoco logra hacer pie, y hasta su supervivencia está amenazada. Todo esto configura un terreno de turbulencias fuertes en el sistema monetario internacional.

Durante treinta años, los Estados Unidos pagaron a crédito no sólo el alza del consumo de los hogares –que se endeudaron mientras sus ingresos caían, y ahora ya no pueden ni atender sus pasivos ni seguir endeudándose ni consumiendo–, sino un aparato militar desmesurado en relación con el de las demás potencias, que despliega su poderío en todo el planeta para proteger los intereses estratégicos estadounidenses y los de sus empresas e inversiones. Pero ahora el tembladeral de la economía estadounidense pone en cuestión el papel del dólar como refugio y reserva de valor. Más allá de las grandes compras de bonos del Tesoro por parte de la Fed, los grandes inversores extranjeros, empezando por China (los otros más importantes son Japón, Alemania y Gran Bretaña), ya empezaron a mirar con desconfianza las colocaciones de bonos del Tesoro norteamericano, por su baja remuneración e incipiente riesgo. Una inflación en dólares licuaría el valor real de la deuda estadounidense, pero el mundo ha cambiado respecto de los años ’70 y ’80, cuando esto fue posible. El peso de los BRIC, la intensificación del comercio Sur-Sur, la amarga experiencia de la deuda externa y de las crisis en Latinoamérica, Asia y Rusia hacen hoy mucho más difícil para los Estados Unidos aliviar su carga trasladando el ajuste a la periferia. Tampoco Estados Unidos puede contar con la ayuda de Japón, como ocurrió en los años ’80 a partir de los acuerdos monetarios que llevaron a la crisis del país asiático, que ya lleva veinte años de dificultades económicas, su deuda soberana es del 200 por ciento del PIB y además enfrenta el marasmo del terremoto.

Ya en noviembre de 2010, Dagong, la calificadora oficial de China, disminuyó la calificación de la deuda pública de Estados Unidos de AA a A+, bajo el argumento de que “serios defectos en el desarrollo económico de los Estados Unidos y su modelo de administración llevarán a una recesión de largo plazo de su economía, reduciendo los fundamentos de su solvencia soberana”, y que la política de dinero fácil de la Reserva Federal, en busca de una obvia tendencia de depreciar el dólar, contra los intereses de los acreedores, indica la declinación de las intenciones del gobierno estadounidense de repagar su deuda. Unos meses más tarde, en abril, también Standard & Poors calificó de negativo el panorama de la deuda soberana estadounidense, basada en el riesgo real de que los hacedores de política no pudieran acordar cómo reducir el déficit presupuestario, debilitando su perfil fiscal respecto de otros países cuya deuda está calificada como AAA. Parece que no queda más para los norteamericanos que esta nueva austeridad y la puesta en cuestión de su modo de vida, que sin dudas entraña el riesgo de alimentar las tensiones sociales y políticas en un país que hace tiempo no estaba tan dividido.

* Autores de Las grandes crisis del capitalismo contemporáneo.

sábado, julio 23, 2011

Desigualdad por Alfredo Zaiat (Levantado de P12)

Existe una mirada turista sobre la economía de Estados Unidos y Europa que desestima la existencia de una profunda desigualdad en esas potencias mundiales. El recorrido de placer por ciudades de países desarrollados, con sus imponentes edificios, autos modernos e infraestructura urbana eficiente, con la colaboración cultural de Hollywood ofreciendo al mundo el “sueño americano”, ha construido la idea de sociedades integradas y dinámico ascenso social. La crisis que estalló en 2008 y que aún no ha cesado ha permitido correr el velo sobre la situación laboral, social y de distribución del ingreso en esas economías. Un artículo publicado en el Financial Times detalla que el estadounidense promedio gana lo mismo en términos reales desde 1975; que los ingresos medios de las familias japonesas, después del pago de impuestos, cayeron en el decenio finalizado en 2005; que los salarios en Alemania se han reducido en los últimos diez años. Este ciclo de deterioro en los ingresos reales de los trabajadores en esas economías maduras estuvo disimulado por el auge del crédito, fondos canalizados por el sistema financiero que compensaron la pérdida del poder adquisitivo del salario. De esa forma las familias estructuraron un presupuesto de gasto superior a sus ingresos, sistema que hoy está en graves problemas por la fase recesiva de esas economías, las quiebras de bancos, el estallido de la burbuja especulativa del crédito, el monumental endeudamiento estatal y de los hogares y el aumento del desempleo.

La agudización de la desigualdad es hoy una de las características más notables de países desarrollados. Durante el período de predominio de las políticas keynesianas y de la conformación del Estado de Bienestar, iniciado para salir de la Gran Depresión del ‘30 y profundizado en los años de la posguerra, se redujo la brecha entre los extremos de la pirámide de ingresos. Fueron las décadas de menor desigualdad, proceso que empezó a revertirse con el avance de las políticas neoliberales y de hegemonía de las finanzas sobre la producción. Ese deterioro no se reflejaba en toda su dimensión por el desarrollo de la economía de la deuda, que ahora quedó al desnudo. El ingreso promedio de los trabajadores estadounidenses se mantuvo estancado con un Producto Bruto Interno creciendo en forma sostenida. Se sabe que la evolución de la riqueza per cápita de un país no permite conocer su distribución, y en Estados Unidos ha aumentado su PBI pero gran parte del incremento de las porciones de esa torta de ingresos fue a manos de los grupos de mayor patrimonio. En ese mismo artículo del Financial Times se detalla que el 1 por ciento de los norteamericanos con ingresos más altos acumulaban el 8 por ciento del total de la riqueza en 1974, pasando a acaparar el 18 por ciento en 2008.

Un informe publicado por Boston Consulting Group, mencionado por el economista Carlos Weitz en el suplemento Cash, indica que menos del 0,002 por ciento de la población mundial acumula más de la tercera parte de la riqueza existente en el conjunto de naciones. Durante el 2010 sólo 103.000 personas concentraban el 36,1 por ciento de los activos del planeta. En la revista World Wealth Report se destaca que Estados Unidos lidera esa elite, con cerca de 40.000 ricos que acaparan activos por más de 30 millones de dólares cada uno. Esa tendencia de ampliación de la brecha de desigualdad provocó en el periodista e historiador Gregory Elich la definición de que la potencia mundial se encamina a “un modelo del Tercer Mundo”. En el documento Desigual batalla en EE.UU.: estamos asistiendo a una implacable guerra de clases desde arriba precisa que ese modelo está constituido de “una enorme riqueza y privilegios para los más ricos, y desempleo, caída de los salarios y servicios sociales inadecuados o inexistentes para el resto de la sociedad”. En Estados Unidos más del 9 por ciento de la población sigue desempleada, tasa que se mantiene en ese nivel desde hace casi dos años. Elich señala que si se suman los trabajadores desalentados y los subempleados activos, que buscan mejorar sus condiciones materiales, casi una sexta parte de la fuerza laboral se encuentra en situación precaria. El desempleo en jóvenes, latinos y afroamericanos es aún más grave, con una tasa que se acerca al doble. Elich indica que “sin embargo, los legisladores no han pensado siquiera en un programa de empleo”, y por el contrario “la tendencia ha sido a la reducción en los beneficios en un momento de mayor necesidad, al mismo tiempo que exigen más recortes de impuestos para los ricos”.

Esa tensión es la que se expresa en la negociación de la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos para subir el límite de la deuda de 14,3 billones de dólares. Los republicanos, cada vez más con influencia de los grupos más conservadores reunidos en el denominado Tea Party, proponen un fuerte recorte del gasto público en áreas sociales. Por lo pronto, lograron aprobar en la Cámara de Representantes la propuesta conocida como “cut, cap and balance” (recorta, limita y equilibra), que eleva el techo de endeudamiento en 2,4 billones de dólares, a cambio de una reducción de 111.000 millones de dólares en el presupuesto federal del año fiscal que empieza el 1º de octubre, elevando el ajuste a 6 billones de dólares durante la próxima década. Ese plan busca desmantelar la red de protección social con una modificación profunda del sistema de pensiones y de los programas de sanidad para ancianos y familias por debajo del umbral de la pobreza. Ese plan no sería aprobado en el Senado, pero en esa carrera contrarreloj para evitar la cesación de pagos parcial del 2 de agosto, la administración de Barack Obama ha ido cediendo en su objetivo de subir impuestos a los ricos, como también a actividades muy rentables, como la petrolera, para mejorar las cuentas fiscales. Frente a un horizonte inquietante, Obama convocó para hoy a los líderes de las bancadas demócratas y republicanas para alcanzar un acuerdo.

La distribución regresiva del ingreso, con líderes políticos atrapados por los intereses del poder económico en el marco de una crisis que agudiza las tensiones sociales no es exclusiva de Estados Unidos. Un reciente informe de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) advierte sobre la ampliación de la brecha de ingresos en Europa entre mediados de la década del ’80 y el 2010. La desigualdad se afianzó en 17 de 22 países de ese continente. En ese documento se destaca que hasta las naciones con mayor equidad, como Dinamarca y Suecia, no pueden eludir esa tendencia al incremento de la desigualdad. Ese proceso reconoce su origen en la fragmentación y heterogeneidad en el mercado laboral.

Una investigación realizada en el Banco Central de la República Argentina ilustra esa dinámica de la desigualdad en la puja sobre ingresos, en una serie de productividad y salario real por hora para el lapso de 1990 a 2009 en países desarrollados (Estados Unidos, Alemania, Japón y Reino Unido). El resultado es que las ganancias de productividad se trasladaron principalmente al renglón de beneficios empresarios, con escasa o nula incidencia en la mejora del salario real de los trabajadores. La mayor brecha se observa en Estados Unidos, con un índice base 100 de 1990 alcanzó casi los 250 en el eje de productividad, mientras que en el del salario real se ubicó en 120.

El lenguaje aplicado por el saber convencional en materia económica orienta a pensar que las crisis son fenómenos naturales o causados por acontecimientos imprevistos, que denominan “Cisne negro”. Ocultan que la desigualdad, la profundización de una distribución del ingreso regresiva, es la base para entender la actual debacle de las economías centrales.

azaiat@pagina12.com.ar

viernes, julio 15, 2011

Bienvenido Tecnópolis por Adrian Paenza (levantado de P12)

Coincido totalmente con Paenza.
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En la Argentina de hoy se están produciendo acontecimientos tan significativos en el ámbito científico, tan distintos de todos los que hemos vivido en las últimas décadas, que merecen una mirada diferente por parte nuestra también. Cualquiera que hubiera vivido en nuestro país durante los últimos 40 años (más o menos) entiende de lo que hablo. La ciencia fue siempre considerada algo exótico, de elite. No me refiero solamente a los presupuestos siempre miserables, sino que lo que cambió es la actitud, la disposición, el interés y por ende la valoración. Hoy hay vasos comunicantes. Hoy hay gente que escucha, pregunta, se interesa, opera y resuelve. Hace un mes fue el tema del satélite que mereció la tapa de este diario (y debió haber sido nota de “tapa” de cualquier medio de comunicación de nuestro país). Hoy es Tecnópolis, que también fue la nota de tapa de Página/12. Pero hay una disposición diferente. Al Poder Ejecutivo le interesa. Hay gente dentro de la clase política que pregunta. No sólo eso: pregunta y luego las respuestas son vinculantes. Es curioso y me dan ganas de escribir inédito, pero no lo hago porque no sería cierto, pero igualmente no estamos acostumbrados a que pase esto: hay gente que está pensando el país, el futuro del país, pero corrido de la coyuntura, pensando en cinco, diez, veinte años hacia adelante. ¿Qué queremos ser? ¿Qué podemos ser? ¿Vamos solamente a seguir exportando carne o soja? ¿Quiénes hacen nanotecnología? ¿En dónde? ¿Por qué nos importa el desarrollo de esa área particular de la física? ¿Quiénes producen software? ¿Quiénes hacen biotecnología? ¿En dónde se hace? ¿Quiénes lo hacen? ¿Qué problemas abordan? ¿Qué pasa con áreas como la computación o la investigación en biología?

Cuando la gente de la NASA invita a la gente de Invap y a los distintos organismos públicos, estatales... (sí, ¡estatales!) para que hagamos “a medias” un satélite, y pongamos adentro cinco de los ocho instrumentos que lleva incorporados, cuando lo hacemos con ellos como pares, es porque estamos en condiciones de hacerlo. No nos están haciendo un favor. Les interesa que estemos. Los españoles, por ejemplo, también tienen buenos jugadores de fútbol. Es más: sin jugadores extranjeros (porque no se puede) salieron campeones del mundo. Sin embargo, quieren tener a Messi. Lo quieren, lo miman, lo valoran. En el mundo de la ciencia, que obviamente no entiende de fronteras, cuando hacen falta gente de ciertas calidades, se “pelea” por ellos. La Argentina produce ciencia de calidad internacional. Y se nota.

Por eso Tecnópolis es algo más que una muestra extraordinaria que va a acompañar por cinco semanas. Es un mensaje que no sólo se lo mandan a la comunidad científica, sino a la sociedad toda. Como si alguien estuviera diciendo: “No sólo nos importan. Vengan y ayúdennos, porque sin ustedes ¡no se puede!”. La Argentina no puede crecer sin sus científicos. Podrá hacer algunos negocios, no necesariamente malos tampoco. Pero como país-país, no podrá avanzar sin producir su propia ciencia, básica y aplicada. Por eso, no sólo disfruto del acontecimiento Tecnópolis, sino que disfruto del momento que vivimos. Casi sin darnos cuenta, se están sentando las bases para el futuro. Nadie más podrá gobernar en adelante ignorando este presente. Y no lo va a poder hacer porque la comunidad científica primero y la sociedad en general han advertido la importancia. Por lo tanto, cualquier intento de retroceso y vuelta a la oscuridad será resistido de manera distinta.

Mientras tanto, recordemos este camino. Ahora, peleemos por mejor presupuesto, por mayor inversión, por más y mejores sueldos, por mejor equipamiento, por mejores edificios, por más becas. Más aún: peleemos para que haya inclusión de todos los estamentos de la sociedad, para que la universidad pública no sea sólo para las clases más solventes económicamente, sino que sea para todos. Pero al mismo tiempo también reconozcamos la enorme e impactante diferencia con lo que la Argentina vivía hasta hace nada más que siete años. Sólo hacía falta que hubiera gente a la que le importe. Y eso, hoy, se nota.

Bienvenida Tecnópolis. Ojalá que ahora haya una aluvión de personas que la recorran y que la disfruten. Es de la gente, es de todos. Es suya. Es de ustedes: recórranla, denla vuelta tanto como puedan. Pregunten, discutan, desafíen. Peléense con los científicos que están allí. Pregunten hasta entender, o hasta demostrarles que los que no entienden son ellos.

domingo, junio 12, 2011

Kill Bill: The sabotage of US fnance reform by Danny Schechter (levantado de Aljazeera)

Kill Bill: The sabotage of US finance reform
Powerful lobbies and partisan divisions cripple US political system - meaning it's business as usual for the financiers.

Attempts to reform banking rules and regulations are usually thwarted by corporate interests and powerful lobbies

Some years back Thomas Frank nailed it in his book, The Wrecking Crew.

It was subtitled "How Conservatives Rule" and showed how narrow self-interest and well practiced cynicism in the service of partisan warfare has crippled our political system, resulting in a deep paralysis - despite the threat of a collapse.

I call it sabotage, a tactic that goes way back and involves deliberate effort to insure that reforms are effectively undermined.

When the book came out, Publishers Weekly praised it and criticised it in the same breath, writing, "Frank paints a complex and conspiracy-ridden picture that illuminates the sinister and controversial practices of the Republican party in the 20th and 21st centuries."

"While Frank's assessments and interpretations of key events, players and party doctrines is accurate and justifiable, his overwhelming blame of the Republican Party as the source of everything that's wrong with this county and as the emblem of self-destructing government denies the Democrats and the citizenry their roles in a decaying democracy."

How true. They didn't argue with his findings - calling them "accurate and justifiable" - but at the same time noted that political labels are often poor guides to understanding how this game is played. That's because politics is no longer (if it ever was) a game played just by politicians. Politics is now an industry that plays itself out in an arena of the seen and unseen.

Today, the hatchets are out to destroy much-needed financial reforms in a bill that has already been neutered and nit-picked, trimmed, sliced and diced by what's called "legislative compromise".

Now, like bin Laden waiting for the kill in Pakistan, a congressional Seal Team Six is ready to pounce. There is no corporate privilege or malevolent bank practice that the lobbyists will not defend in the name of fostering economic growth.

One juicy sex scandal involving one or more politicians gets more ink than all the investigations of how special interests, well-paid lobbyists, billionaire funders, think-tank gun-slingers and slippery lawyers-for-hire operate to serve the status quo and stop even the most mild reform, if it might cost the industries they work for money or influence.

There are no reforms they won't endlessly amend into oblivion.

First they commission and use bogus selective studies to "prove" why reforms need to be reformed. Then, with PR and complicit media, they orchestrate coverage to do their bidding. They start with something small like protections for debit cards and then escalate a full-scale war.

Thanks to the Democratic majority in the Senate, an attempt to delay rules governing what banks and credit card companies can charge for retailers to process cards was voted down, with the New York Times noting that this war will continue: "Even with the defeat, the vote represented a remarkable come-from-behind lobbying campaign by banks to recover from the drubbing they took during the anti-Wall Street atmosphere that pervaded last year."

Four years ago, the markets melted down, sparking a global crisis. The bailouts followed and a bank-led "recovery" helped many banks recover. Unemployment and foreclosures stayed high. Growth seized up. The crisis continues.

What to do? There were several schools of thought.

The administration locked itself into an alliance with Wall Street. They killed proposals for structural reform and restraints on private economic power. They were gambling on a turnaround - their version of faith-based politics - even as jobs showed no sign of coming back.

In short, they still have no answers and are not prepared to fight any messy battles with the real power structure. In the name of pragmatism, they betrayed their own campaign compromises and tacked right to out-Republican even the Republicans.

They call it "triangulation". Their critics call it "a sell-out", and what was left of the left was quickly left out.

The wise men of the (wild) West

The Republicans retreated into simplistic ideologies, blaming everything on Democrats and government spending. They began fuelling a scare about the deficit the way their predecessors had raved against the "Red Menace".

In Congress, the wise men came up with a financial reform called Dodd-Frank. After stripping it of any radicalism, they offered up some pragmatic measures to increase regulation and tried to force the finance industry to act responsibly with more transparency and accountability. The bill explicitly rejected proposals for any and all international standards.

Dodd-Frank passed, but then the real bargaining began on what the new rules should be. The finance industry mounted a lobbying force of 25 high-powered lawyers and consultants for every member of Congress. The deliberations moved out of public view and into the closed corridors and clubs of Washington.

The predictable result has now surfaced in the New York Times:

"Nearly one year after Congress passed financial changes to rein in the banking sector, more than two dozen of the legislation's rules are behind schedule, and no end to the wrangling over details is in sight."

The delays come as regulators extend public comment periods on the rules, as some on Wall Street and in Congress resist the changes. One result may be that many new safeguards do not take hold in earnest before the next election, an outcome that could open the door for newly elected officials to back away from the overhaul entirely.

The well respected blog Naked Capitalism has followed this in excruciating detail. Richard Smith, a London based capital markets IT Specialist, concluded:

"So where does that leave us with our shadow banking reforms? Well, we have a modest tweak to bank capital requirements, of unknown efficacy. The mountain has laboured, and brought forth a mouse. Or you might prefer to pursue the anaconda/rabbit imagery to a physiologically realistic conclusion." (Translation: The snake swallowed the rabbit.)

Yves Smith, the editor of the blog, is not surprised - suggesting this was the outcome that was always intended: To kill the bill by appearing to "strengthen" it.

So where are we? Nowhere, or perhaps it's even worse than that. Many in the public backed the reforms including protections of consumers - and they think it is being enacted. When the next market crash occurs, as many insiders fear it will, they will realise how they were played, but then it will be too late.

Are we condemned for more of this rollercoaster ride to the apocalypse?

Smith seems disgusted, pointing out that even these tepid reforms emerged from a "weak analysis of the causes of the crash, some disjointed looking proposals, some mild BS. Kind of picking at the problem, with lobbyists at the ready. But what is the result of nine months' thought and some horse-trading with concerned Congressmen, juggling lobbyists and angry voters?"

What, indeed?

We can see where all this is headed. We will find out soon enough if the predictions of a possible "great, great depression" come to pass. The problem is that while many see the logic of an illogical system, so intricately sabotaged from within, it is set up to make the train wreck inevitable. On this, the press is largely missing.

The astute economics editor of the Guardian, Larry Eliot, sees only one possible way to stop this disaster in the making.

"Policy, as ever, is geared towards growth because the great existential fear of the Federal Reserve, the Treasury and whoever occupies the White House is a return to the 1930s."

"Back then; the economic malaise could be largely attributed to deflationary economic policies that deepened the recession caused by the popping of the 1920s share market bubble. The feeble response to today's growth medicine suggests the US is structurally far weaker than it was in the 1930s." (Emphasis mine)

To tackle these weaknesses, finance's stranglehold over the economy must be broken - and a boost must be given to ordinary families' spending power to cut their reliance on debt.

Can we break finance's stranglehold over the economy? Maybe - if these issues displace the sex scandal of the week, as the real threat to our future. Can we identify and stop the saboteurs?

We keep reading about the Arab Spring, but not the American winter.

viernes, junio 03, 2011

Política & Miseria: el nuevo libro de Raúl Zibechi (levantado de lavaca.org)

ZibechiCon cuatro hipótesis para lanzarse a recorrer el presente. Raúl Zibechi describe de este modo las dificultades que implican las políticas sociales:

* Instalan la pobreza como problema y sacan a la riqueza del campo visual.
* Eluden los cambios estructurales, congelan la desigualdad y consolidan el poder de las élites.
* Bloquean el conflicto para facilitar la acumulación de capital.
* Disuelven la autoorganización de los de abajo.

Con esas propuestas arranca Política & Miseria, un libro que abre neuronas y debates al investigar un presente que involucra a movimientos sociales, gobiernos progresistas, modelos económicos, oenegés, discursos, concentración de riqueza, lucha contra la pobreza y otros enigmas que en Argentina, y Sudamérica le despiertan la siguiente reflexión, que Zibechi plantea en charla con mu desde Montevideo: “El eje de los nuevos tiempos es que los movimientos sociales han sido exitosos y empiezan a ocupar un lugar central en las sociedades. El Estado primero los reprimía y criminalizaba. Pero ahora los incorpora. Necesita esta alianza que, así como hace décadas pasó por el movimiento sindical, hoy pasa por los movimientos sociales. Como si dijeran: ‘Ya no podemos gobernar sin los movimientos, entonces veamos cómo los controlamos’. Y el modo de hacerlo es con las llamadas ‘políticas contra la pobreza’ que en realidad, para mí, representan un nuevo modo de dominación”.

Zibechi agrega que ese control se materializa a partir de las propias demandas, ideas y aspiraciones de los movimientos sociales, y compara: “Si sos un empresario y querés ganar plata y a la gente le da por llevar camisetas del Che, fabricás camisetas del Che. Y si la gente quiere llevar pantalones rotos para diferenciarse, vos no dejás que ese público los compre y los rompa, sino que se los vendés ya rotos, y más caros. El sistema de dominación hace algo parecido al mercado, ahora a través de gobiernos progresistas. Toma los insumos que produce la propia energía social”.

Y un reconocimiento: “En esos discursos y políticas de estos gobiernos hay parte de lo nuestro, parte de lo que yo pienso, de lo que todos hemos aportado. No voy a caer en lo que hace cierta izquierda, al decir ‘todo lo que está en el gobierno es ajeno a mí y es horrible’. Ni es ajeno ni es horrible: yo tengo que ver con eso. Y no es haciéndote el desentendido como lo comprendés mejor”.

Ni arriba ni afuera

Raúl es autor de Genealogía de la revuelta (sobre la Argentina del 2001) y de Territorios en resistencia (la realidad geopolítica de las periferias urbanas latinoamericanas) entre otros trabajos. Como investiga, viaja, se mete en cada realidad que quiere conocer, este uruguayo hincha de Nacional y editor de temas internacionales del semanario Brecha, es lo contrario de un opinólogo. “Más que juzgar, lo importante es describir tendencias y lógicas que permitan entender lo que está pasando”. Así se ubica en un lugar poco usual en la geometría política: ni “arriba”, ni a la “derecha”, obvio. Ni en esos supuestos “centros” que suelen ser el equilibrio de la nada. Tampoco se coloca “afuera” (esos afueras puros, incontaminados y utópicos), ni estrictamente a la “izquierda” (oxidada en dogmatismo). El lugar que elige desde hace mucho es “abajo”: conocer, compartir y aprender lo que son capaces de producir las sociedades en movimiento, las personas y experiencias que tratan de gestionar modos de vida que las alejen de las colonizaciones del presente.

Tres patas

El libro plantea una especie de circularidad entre modelo extractivo, planes sociales y gobiernos progresistas…

- La idea es que las formas de dominación y de gobierno han ido cambiando, adaptándose a los nuevos tiempos marcados por levantamientos como el del 2001 en la Argentina, los Sin Tierra en Brasil, lo ocurrido en Bolivia, y tantos otros. Frente a ese éxito, el Estado intenta seguir siendo Estado. Ése es su objetivo: ser el que controla y organiza a la sociedad. Entonces empieza a tirar de lo que fueron líneas históricas del Banco Mundial y los gobiernos neoliberales, las llamadas “políticas contra la pobreza”, que en realidad son políticas para domesticar a los pobres y evitar que se conviertan en peligrosos, organizados y movilizados. En ese escenario, les toca hoy operar a los gobiernos progresistas.

La pregunta que se haría cualquiera es: ¿cómo puede ser negativa esa lucha contra la pobreza?

- Mi planteo es que lo que hace el Estado no es luchar contra la pobreza, sino congelarla.

¿Qué sería luchar contra la pobreza?

-Si vemos la historia argentina, en los años 40 el modelo funcionaba con gente que llegaba a las ciudades desde el campo, trabajaba en la construcción, poco a poco conseguía mejorar sus trabajos, crecía la industria que incorporaba a hombres y mujeres, se producía un elemento de integración, se hacía una casa, sus hijos podían estudiar. Hubo dos generaciones con un ascenso social permanente. Con la dictadura, el modelo empieza a expulsar a los trabajadores, generando niveles de desigualdad cada vez mayores. La gente empieza a perder lo que había ganado. Hasta sus casas. Y se llega a la situación actual con una brecha entre ricos y pobres inédita en cada país de América Latina. Hay que retrotraerse a cien años atrás para encontrar esos niveles de desigualdad, o sea al período preindustrial. Entonces, si se quiere combatir de verdad la pobreza, hay que poner en marcha un modelo económico que genere empleo digno, integración social, mejores condiciones de salud, de educación, de vida.

¿Pero eso se puede hacer? ¿Una reindustrialización?

- No, no es posible porque el modelo se convirtió en un capitalismo financiero depredador. Ahí no hay margen. Es extractivismo por un lado, militarización por el otro, con el componente blando que son las políticas sociales. Eso expulsa a la gente del campo, la arrincona en guetos de pobreza amurallada donde no se ve cuál es el futuro, pero se les tiran algunas migajas y ayuditas para aplacarlos. Y no digo que no haya que agarrar esas migajas, claro. Pero no podés decir que estás combatiendo la pobreza cuando apoyás un modelo que genera desigualdad y crisis social permanente.

Amansar

¿Un ejemplo?

-Se habla de inseguridad ciudadana, delincuencia, pero la base de eso es la desigualdad. La concentración de riqueza y poder en un polo de la sociedad, la concentración de desesperanza en el otro polo. Y a años luz de distancia unos de otros. Con las políticas contra la pobreza, en los barrios hay un poquito más de arroz, polenta, chapas para el techo. Pero estructuralmente la situación no va a cambiar.

Es la lectura inversa a lo que aparece en los discursos políticos y mediáticos, donde se habla de reducción de la pobreza.

-Los gobiernos progres exhiben datos sobre disminución de la pobreza y desocupación que son ciertos, pero no dependen de sus políticas sino del ciclo económico que vivimos. Y no dicen que la desigualdad no se movió, y es mucho mayor que antes de 2001. Me gustaría hacer un cruce entre Hugo Chávez (presidente venezolano) y Alfredo Moffat (psicólogo social, inspirador de Cooperanza en el Hospital Borda y El Bancadero). Chávez una vez dijo: si queremos eliminar la pobreza, hay que darle poder a los pobres. Y Moffat dice que los marginales, los locos, son los que no pueden tomar el poder, no hablo del estatal, sino los que no pueden ni soñar con organizarse y generar una situación distinta. El punto central de la pobreza es el tema del poder. No como lugar de gobierno o de dominación: si sos pobre es porque te he quitado poder, te he desempoderado. Lo primero fue cerrar las fábricas, el lugar donde la gente se hacía fuerte. Eso ocurrió durante la dictadura, que además expulsó a los pobres para que no afeen la ciudad, y como para evitar otro 17 de octubre del 45. Por eso, además, la mayor cantidad de desaparecidos fueron obreros.

¿Y hoy?

-El proyecto no es con mano militar, porque además por vía militar ya no se puede eliminar la presencia de los pobres. El proyecto, y para mí el núcleo del progresismo, es aplacar a los pobres. Otra cosa es que entre los que hacen esas políticas, en ministerios o en oenegés, haya gente interesante, con buenas intenciones, honesta. No tengo la menor duda. Pero el núcleo del tema es ese: evitar que los pobres se rebelen. Las políticas en Argentina y en todos los países de la región son idénticas. El 19 y 20 de diciembre mostraron que los pobres pueden crear problemas gravísimos para la continuidad del poder estatal y la acumulación de capital, que son funcionales entre sí. Trancaron los mecanismos de gobernabilidad, y para restituirlos hay que hacer políticas especiales para amansar a la gente. Y qué mejor que esos planes sociales que no modifican el modelo económico.

De Menem/Duhalde a hoy

En el libro ese rol también es parte esencial de lo que hacen muchas oenegés.

-El rol se los dio el Banco Mundial en los 90, con el Consenso de Washington y el achicamiento de los Estados. Las oenegés aparecen haciendo aquello que los Estados ya no hacían: ocuparse de ciertos focos, porque en ese momento la pobreza estaba focalizada. Después pasaron a tener otro rol, más pegado al estatal. Ya no es posible concebir políticas sociales sin la presencia de las oenegés, cuyo personal empezó a entrar a los ministerios. Esto ocurre con los gobiernos progresistas, pero también en Colombia donde hacen exactamente lo mismo. Lo novedoso en esta etapa es que hay que trabajar con organizaciones sociales de cada territorio. Y si no existen, hay que inventarlas, porque son la garantía de que la política social pueda aplicarse a través de grupos y dirigentes del propio barrio, que conozcan las necesidades y problemas.

Pero eso es lo que quieren las propias organizaciones: ser atendidas, que les den los recursos.

-¡Más bien! En realidad el objetivo de la gente, su deseo, es salir de la situación actual, cambiarla. ¿Cómo hacerlo? Esa es una discusión abierta en el mundo popular, en las organizaciones sociales. Por supuesto que entre Menem o Duhalde, que mandaban la policía, y un gobierno que hace planes como Argentina Trabaja o la Asignación Universal por Hijo -que son mucho mejores que los primeros planes como el Jefes y Jefas- va a preferir esto último. La situación es mucho mejor. Cuando un movimiento social tiene la oportunidad de organizar a cientos de compañeros en cooperativas como Argentina Trabaja, no va a rechazarlo, y me parece bien que los recursos estatales se puedan utilizar para organizarse. Es un terreno que yo llamo “zonas grises de dominaciones y resistencias”, donde las cosas ya no son blancas o negras. En el papel uno puede decir: “La política social busca domesticar a los pobres”. Pero la realidad es más compleja. Yo puedo decir que el objetivo del Estado es que la burocracia sindical controle a los trabajadores. Pero en la práctica de un sindicato existieron el Cordobazo y Agustín Tosco. Hoy también puede pensarse que hay organizaciones que toman los planes, se meten en las cooperativas, pero disputan el espacio para que eso signifique fortalecer el trabajo territorial, no pierden su propio horizonte de organización. Es una disputa entre el arriba y el abajo, que va a definir qué va a pasar en el futuro. Es un debate que todos sabemos que se está dando, incluso ente muchos trabajadores sociales, gente que está en el gobierno y oenegés, que son como bisagras entre el Estado y el abajo, donde se sienten disconformes y son críticos de las políticas sociales.

¿Esas “bisagras” son la zona gris?

-Muchas de esas personas hacen su trabajo lo mejor posible, con rigurosidad y compromiso con los barrios y su gente. Desde adentro, le pueden exigir más al Estado y, mientras tanto, tienen un empleo. Todo lo que sea mejorar las políticas, que sean más transparentes y a favor de la gente, no nos va a perjudicar. Pero no se puede pensar que ése es el trabajo de emancipación y de justicia social. Que no nos vengan con cuentos. El discurso “nac & pop” no aclara que el modelo es monocultivador y exportador de soja, esquilmador de la gente a través de la minería a cielo abierto y profundiza la desigualdad.

Evita y los ricos

Con respecto a eso, el libro plantea que una tendencia de la época es hacer foco mediático en los pobres, pero no en los ricos.

-No sólo los medios. Los gobiernos también. Vuelvo atrás: traigamos los discursos de Eva Perón y veremos que todo el tiempo habla de la oligarquía, de los ricos. En esa época el primer peronismo la izquierda y el nacionalismo ponían la lupa en la brutal concentración de la riqueza. Hoy te dicen que el problema es el pibe chorro que se droga, que le roba una cartera a una señora, lo cual es sin duda horrible, pero ¿ese es el problema de la sociedad? Se hacen estudios, estadísticas, trabajos universitarios y de multinacionales sobre qué hacer con los pobres. Pero nadie investiga a los ricos y qué clase de problemas crean al conjunto de la sociedad, como ha quedado demostrado con las crisis económicas, incluso de las potencias, en los últimos años.

Los ricos han sido sostén e ideólogos de las dictaduras, por ejemplo, aunque se habla sólo de los militares. Pero en la etapa actual aparecen casos viejos, visibilizados por los choques con el gobierno: Ernestina Herrera, Héctor Magnetto, los Rocca de Techint.

-Y va a continuar, porque creo que estamos en un proceso de transición entre una vieja y una nueva dominación. En una época la dominación era española. Hubo revoluciones hace 200 años, nuevas ideas, formas de gobierno, y se pasó a una hegemonía británica. Un siglo más tarde también surgieron nuevos partidos, crisis, izquierdas, nacionalizaciones, y se pasó a una dominación norteamericana. Los cambios de dominación producen esos terremotos. El último fue el de 2001 y todavía no vemos muy bien cómo se está acomodando eso. Pero los “españoles” de hoy serían los Menem, Techint, Macri, el pasado. El problema es que, por ser una transición, es un período de confusión.

¿Qué es lo que nos confunde?

-Pensar que nos emancipamos si, en realidad, estamos contribuyendo a construir una nueva dominación. Es muy terrible decirlo así, pero es lo que creo: nadie de nosotros está ajeno a ser dominador y dominado. Alguien puede decir que tiene un patrón, el capital o el Estado que lo controlan, pero también puede tener relaciones de poder con su mujer, sus hijos, sus pares. Ver todo ese problema ayuda a trabajarlo mejor. Ese es mi objetivo.

Me quedé en la confusión. Mucha izquierda setentista frente a la confusión planteaba “cuanto peor, mejor”: que se vean con claridad las formas de dominación, para que la gente “entienda” la realidad. Y fue una masacre.

-Es un discurso horrible, que no comprende que, aunque uno critique, con los gobiernos actuales hay cambios, situaciones mejores, y otras que son iguales. Lo que sí me parece importante es mencionar que el progresismo no es tan progresista en muchas cosas. Si hay una pelea con Clarín, obvio que apoyo a ese progresismo. Por eso digo que en las nuevas formas de dominación hay parte de lo que yo pienso, parte de lo nuestro. Que ha sido tomado, desfigurado, manipulado, lo que vos quieras, pero son materiales que nosotros hemos aportado.

Otra idea: “El mejor momento de los gobiernos progresistas ya pasó. Hasta Evo está teniendo levantamientos porque mucha gente se siente engañada con temas como la nacionalización del petróleo y el gas”. Otra: “Nunca estoy diciendo: los demás están confundidos, yo la tengo clara. Al contrario, soy parte de la confusión, soy parte del problema. Hasta los conceptos que uso no me gustan, pero no tengo otros. La diferencia es que me gustaría aclararme y aclararnos colectivamente, en la actividad conjunta y en la resistencia. Lo que sí me parece es que se viene un mundo y una cotidianidad cada vez más compleja, en la cual está en juego la sobrevivencia de los de abajo como tales”.

La charla es apenas una introducción. Bienvenidos, entonces, a Política & Miseria..

domingo, mayo 15, 2011

Global capitalism and 21st century fascism (levantado de Aljazeera)

The crisis of global capitalism is unprecedented, given its magnitude, its global reach, the extent of ecological degradation and social deterioration, and the scale of the means of violence. We truly face a crisis of humanity. The stakes have never been higher; our very survival is at risk. We have entered into a period of great upheavals and uncertainties, of momentous changes, fraught with dangers - if also opportunities.

I want to discuss here the crisis of global capitalism and the notion of distinct political responses to the crisis, with a focus on the far-right response and the danger of what I refer to as 21st century fascism, particularly in the United States.

Facing the crisis calls for an analysis of the capitalist system, which has undergone restructuring and transformation in recent decades. The current moment involves a qualitatively new transnational or global phase of world capitalism that can be traced back to the 1970s, and is characterised by the rise of truly transnational capital and a transnational capitalist class, or TCC. Transnational capital has been able to break free of nation-state constraints to accumulation beyond the previous epoch, and with it, to shift the correlation of class and social forces worldwide sharply in its favour - and to undercut the strength of popular and working class movements around the world, in the wake of the global rebellions of the 1960s and the 1970s.

Emergent transnational capital underwent a major expansion in the 1980s and 1990s, involving hyper-accumulation through new technologies such as computers and informatics, through neo-liberal policies, and through new modalities of mobilising and exploiting the global labour force - including a massive new round of primitive accumulation, uprooting, and displacing hundreds of millions of people - especially in the third world countryside, who have become internal and transnational migrants.

We face a system that is now much more integrated, and dominant groups that have accumulated an extraordinary amount of transnational power and control over global resources and institutions.

Militarised accumulation, financial speculation - and the sacking of public budgets

By the late 1990s, the system entered into chronic crisis. Sharp social polarisation and escalating inequality helped generate a deep crisis of over-accumulation. The extreme concentration of the planet's wealth in the hands of the few and the accelerated impoverishment, and dispossession of the majority, even forced participants in the 2011 World Economic Forum's annual meeting in Davos to acknowledge that the gap between the rich and the poor worldwide is "the most serious challenge in the world" and is "raising the spectre of worldwide instability and civil wars."

Global inequalities and the impoverishment of broad majorities mean that transnational capitals cannot find productive outlets to unload the enormous amounts of surplus it has accumulated. By the 21st century, the TCC turned to several mechanisms to sustain global accumulation, or profit making, in the face of this crisis.

One is militarised accumulation; waging wars and interventions that unleash cycles of destruction and reconstruction and generate enormous profits for an ever-expanding military-prison-industrial-security-financial complex. We are now living in a global war economy that goes well beyond such "hot wars" in Iraq or Afghanistan.

For instance, the war on immigrants in the United States and elsewhere, and more generally, repression of social movements and vulnerable populations, is an accumulation strategy independent of any political objectives. This war on immigrants is extremely profitable for transnational corporations. In the United States, the private immigrant prison-industrial complex is a boom industry. Undocumented immigrants constitute the fastest growing sector of the US prison population and are detained in private detention centres and deported by private companies contracted out by the US state.

It is no surprise that William Andrews, the CEO of the Corrections Corporation of America, or CCA - the largest private US contractor for immigrant detention centres - declared in 2008 that: "The demand for our facilities and services could be adversely affected by the relaxation of enforcement efforts … or through decriminalisation [of immigrants]." Nor is it any surprise that CCA and other corporations have financed the spate of neo-fascist anti-immigrant legislation in Arizona and other US states.
The passing of the anti-illegal immigrants law in Arizona sparked national protests and outrage [GALLO/GETTY]

A second mechanism is the raiding and sacking of public budgets. Transnational capital uses its financial power to take control of state finances and to impose further austerity on the working majority, resulting in ever greater social inequality and hardship. The TCC has used its structural power to accelerate the dismantling of what remains of the social wage and welfare states.

And a third is frenzied worldwide financial speculation - turning the global economy into a giant casino. The TCC has unloaded billions of dollars into speculation in the housing market, the food, energy and other global commodities markets, in bond markets worldwide (that is, public budgets and state finances), and into every imaginable "derivative", ranging from hedge funds to swaps, futures markets, collateralised debt obligations, asset pyramiding, and ponzi schemes. The 2008 collapse of the global financial system was merely the straw that broke the camel's back.

This is not a cyclical but a structural crisis - a restructuring crisis, such as we had in the 1970s, and before that, in the 1930s - that has the potential to become a systemic crisis, depending on how social agents respond to the crisis and on a host of unknown contingencies. A restructuring crisis means that the only way out of crisis is to restructure the system, whereas a systemic crisis is one in which only a change in the system itself will resolve the crisis. Times of crisis are times of rapid social change, when collective agency and contingency come into play more than in times of equilibrium in a system.

Responses to the crisis and Obama's Weimar republic in the United States

In the face of crisis there appear to be distinct responses from states and social and political forces. Three stand out: global reformism; resurgent of popular and leftist struggles from below; far-right and 21st century fascism. There appears to be, above all, a political polarisation worldwide between the left and the right, both of which are insurgent forces.

A neo-fascist insurgency is quite apparent in the United States. This insurgency can be traced back several decades, to the far-right mobilisation that began in the wake of the crisis of hegemony brought about by the mass struggles of the 1960s and the 1970s, especially the Black and Chicano liberation struggles and other militant movements by third world people, counter-cultural currents, and militant working class struggles.

Neo-fascist forces re-organised during the years of the George W Bush government. But my story here starts with Obama's election.

The Obama project from the start was an effort by dominant groups to re-establish hegemony in the wake of its deterioration during the Bush years (which also involved the rise of a mass immigrant rights movement). Obama's election was a challenge to the system at the cultural and ideological level, and has shaken up the racial/ethnic foundations upon which the US republic has always rested. However, the Obama project was never intended to challenge the socio-economic order; to the contrary; it sought to preserve and strengthen that order by reconstituting hegemony, conducting a passive revolution against mass discontent and spreading popular resistance that began to percolate in the final years of the Bush presidency.

The Italian socialist Antonio Gramsci developed the concept of passive revolution to refer to efforts by dominant groups to bring about mild change from above in order to undercut mobilisation from below for more far-reaching transformation. Integral to passive revolution is the co-option of leadership from below; its integration into the dominant project. Dominant forces in Egypt, Tunisia, and elsewhere in the Middle East and North America are attempting to carry out such a passive revolution. With regard to the immigrant rights movement in the United States - one of the most vibrant social movements in that country -moderate/mainstream Latino establishment leaders were brought into the Obama and Democratic Party fold – a classic case of passive revolution - while the mass immigrant base suffers intensified state repression.

Obama's campaign tapped into and helped expand mass mobilisation and popular aspirations for change not seen in many years in the United States. The Obama project co-opted that brewing storm from below, channelled it into the electoral campaign, and then betrayed those aspirations, as the Democratic Party effectively demobilised the insurgency from below with more passive revolution.

In this sense, the Obama project weakened the popular and left response from below to the crisis, which opened space for the right-wing response to the crisis - for a project of 21st century fascism - to become insurgent. Obama's administration appears in this way as a Weimar republic. Although the social democrats were in power during the Weimar republic of Germany in the 1920s and early 1930s, they did not pursue a leftist response to the crisis, but rather side-lined the militant trade unions, communists and socialists, and progressively pandered to capital and the right before turning over power to the Nazis in 1933.

21st century fascism in the United States

I don't use the term fascism lightly. There are some key features of a 21st century fascism I identify here:

The fusion of transnational capital with reactionary political power
This fusion had been developing during the Bush years and would likely have deepened under a McCain-Palin White House. In the meantime, such neo-fascist movements as the Tea Party as well as neo-fascist legislation such as Arizona's anti-immigrant law, SB1070, have been broadly financed by corporate capital. Three sectors of transnational capital in particular stand out as prone to seek fascist political arrangements to facilitate accumulation: speculative financial capital, the military-industrial-security complex, and the extractive and energy (particularly petroleum) sector.
Militarisation and extreme masculinisation
As militarised accumulation has intensified the Pentagon budget, increasing 91 per cent in real terms in the past 12 years, the top military brass has become increasingly politicised and involved in policy making.
A scapegoat which serves to displace and redirect social tensions and contradictions
In this case, immigrants and Muslims in particular. The Southern Poverty Law Centre recently reported that "three strands of the radical right - hate groups, nativist extremist groups, and patriot organisations - increased from 1,753 groups in 2009 to 2,145 in 2010, a 22 per cent rise, that followed a 2008-9 increase of 40 per cent."

A 2010 Department of Homeland Security report observed that "right wing extremists may be gaining new recruits by playing on the fears about several emergency issues. The economic downturn and the election of the first African American president present unique drivers for right wing radicalisation and recruitment." The report concluded: "Over the past five years, various right wing extremists, including militia and white supremacists, have adopted the immigration issue as a call to action, rallying point, and recruitment tool."
A mass social base
In this case, such a social base is being organised among sectors of the white working class that historically enjoyed racial caste privilege and that have been experiencing displacement and experiencing rapid downward mobility as neo-liberalism comes to the US - while they are losing the security and stability they enjoyed in the previous Fordist-Keynesian epoch of national capitalism.
A fanatical millennial ideology involving race/culture supremacy embracing an idealised and mythical past, and a racist mobilisation against scapegoats
The ideology of 21st century fascism often rests on irrationality - a promise to deliver security and restore stability is emotive, not rational. 21st century fascism is a project that does not - and need not - distinguish between the truth and the lie.
A charismatic leadership
Such a leadership has so far been largely missing in the United States, although figures such as Sarah Palin and Glenn Beck appear as archetypes.

The mortal circuit of accumulation-exploitation-exclusion

One new structural dimension of 21st century global capitalism is the dramatic expansion of the global superfluous population - that portion marginalised and locked out of productive participation in the capitalist economy and constituting some 1/3rd of humanity. The need to assure the social control of this mass of humanity living in a planet of slums gives a powerful impetus to neo-fascist projects and facilitates the transition from social welfare to social control - otherwise known as "police states". This system becomes ever more violent.

Theoretically stated - under the conditions of capitalist globalisation - the state's contradictory functions of accumulation and legitimation cannot both be met. The economic crisis intensifies the problem of legitimation for dominant groups so that accumulation crises, such as the present one, generate social conflicts and appear as spiralling political crises. In essence, the state's ability to function as a "factor of cohesion" within the social order breaks down to the extent that capitalist globalisation and the logic of accumulation or commodification penetrates every aspect of life, so that "cohesion" requires more and more social control.

Displacement and exclusion has accelerated since 2008. The system has abandoned broad sectors of humanity, who are caught in a deadly circuit of accumulation-exploitation-exclusion. The system does not even attempt to incorporate this surplus population, but rather tries to isolate and neutralise its real or potential rebellion, criminalising the poor and the dispossessed, with tendencies towards genocide in some cases.

As the state abandons efforts to secure legitimacy among broad swathes of the population that have been relegated to surplus - or super-exploited - labour, it resorts to a host of mechanisms of coercive exclusion: mass incarceration and prison-industrial complexes, pervasive policing, manipulation of space in new ways, highly repressive anti-immigrant legislation, and ideological campaigns aimed at seduction and passivity through petty consumption and fantasy.
Militarised ideology has intensified the Pentagon's budget, and military officials are increasingly involved in policy-making [GALLO/GETTY]

A 21st fascism would not look like 20th century fascism. Among other things, the ability of dominant groups to control and manipulate space and to exercise an unprecedented control over the mass media, the means of communication and the production of symbolic images and messages, means that repression can be more selective (as we see in Mexico or Colombia, for example), and also organised juridically so that mass "legal" incarceration takes the place of concentration camps. Moreover, the ability of economic power to determine electoral outcomes allows for 21st century fascism to emerge without a necessary rupture in electoral cycles and a constitutional order.

The United States cannot be characterised at this time as fascist. Nonetheless, all of the conditions and the processes are present and percolating, and the social and political forces behind such a project are mobilising rapidly. More generally, images in recent years of what such a political project would involve spanned the Israeli invasion of Gaza and ethnic cleansing of the Palestinians, to the scapegoating and criminalisation of immigrant workers and the Tea Party movement in the United States, genocide in the Congo, the US/United Nations occupation of Haiti, the spread of neo-Nazis and skinheads in Europe, and the intensified Indian repression in occupied Kashmir.

The counterweight to 21st century fascism must be a coordinated fight-back by the global working class. The only real solution to the crisis of global capitalism is a massive redistribution of wealth and power - downward towards the poor majority of humanity. And the only way such redistribution can come about is through mass transnational struggle from below.

William I. Robinson a professor of sociology and global studies at the University of California, Santa Barbara.

The views expressed in this article are the author's own and do not necessarily reflect Al Jazeera's editorial policy.

sábado, abril 09, 2011

La Argentina en la era del litio (sacado de P12 Suplemento Futuro)

Si no somos estupidos, y nos dejamos manejar, acá tendríamos un futuro para todos...
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Para la tecnología, el litio es la fiebre. Como el oro y los metales preciosos lo fueron para los conquistadores del Perú. Ante su relativa escasez, los barones de la alta tecnología y las principales automotrices hacen pública su preferencia por el litio, que si bien en sí no es una fuente de energía, es esencial en el desarrollo de baterías de almacenamiento eléctrico (en celulares, notebooks, satélites, automóviles) para este futuro próximo cada vez más dependiente de fuentes de energía renovables.

Es que la proliferación viral de las nuevas tecnologías que modifican la textura del mundo sólo oculta la absoluta dependencia que esta modernidad tiene con los recursos minerales, los metales y los combustibles fósiles. Como dicen los geólogos: lo que necesitamos, si no se cultiva, hay que extraerlo del suelo.

El valioso litio es un elemento químico de la familia de los metales alcalinos y es extraído del agua del salar. A través de un proceso simple de bombeo y evaporación, se logra la precipitación de distintas sales, quedando un residuo enriquecido de litio, cuyos valores de concentración se calculan en alrededor de 300 gramos por tonelada de salmuera.
PILAS Y POLITICA ECONOMICA

Pero más allá de la pura química en torno del litio hay cuestiones geopolíticas, económicas y ambientales que requieren debatirse. Las baterías de litio ion fueron una idea que desde la Universidad de Binghamton en el año 1970 se le propuso a Exxon. Su recargabilidad se descubrió en el año 1982 en el Instituto de Tecnología de Illinois. El litio es el metal más liviano (el tercer elemento en la Tabla Periódica), tiene el mayor potencial electroquímico y proporciona la mayor densidad de energía. Las baterías recargables que usan litio son capaces de proporcionar tanto una elevada tensión como una excelente capacidad, produciendo una densidad de energía alta. En 1991 Sony comercializó la primera batería de litio ion y revolucionó la industria electrónica de los equipos portátiles, luego le siguieron otros fabricantes.

Hoy en día, las baterías de li-ion son las que más se comercializan. “Se calientan poco y desplazaron a las de níquel cadmio”, explica el químico Juan Collet del Departamento de Materiales de la CNEA. Para él, el litio es sinónimo de energía en el espacio, ya que “por reglamentación, todas las misiones satelitales tienen que usar celdas de litio ion, que son más livianas y menos peligrosas que las anteriores de hidrógeno níquel” y en los futuros reactores nucleares a fusión, “porque se utiliza como transportador de energía y como refrigerante”.

La historia de este elemento se remonta al universo primitivo. El litio –el núcleo de litio– es el misterioso tercer jinete del Big Bang, que junto al helio y al hidrógeno serían los elementos primordiales, producidos por síntesis nuclear tras el primer estallido y los primeros segundos del universo. Su etimología viene del griego y significa “piedrecita”.

Y hablando del Big Bang, la Argentina podría encaminarse a una gran explosión productiva de su mano, dado que cuenta con la tercera reserva del mundo y es uno de los vértices del triángulo que Forbes llamó “la Arabia Saudita del litio”.

El país ocupa el tercer lugar en importancia en cuanto a reservas mundiales de este petróleo blanco, que se estiman en once millones de toneladas métricas (tnm), detrás de Bolivia, que concentra el 50 por ciento en el salar de Uyuni, y Chile, que tiene el 25 por ciento con el salar de Atacama. En total, las salinas de la Argentina, Bolivia y Chile concentran el 85 por ciento de las reservas mundiales del mineral, y según adelanta el biólogo Rodolfo Tecchi, director de la Agencia Nacional de Promoción Científica, “el país tiene la oportunidad para participar en la próxima revolución industrial, y frente a este recurso, salir del rol de mero proveedor de materia prima. El litio puede constituirse en un punto de inflexión en el modelo de explotación minera a partir del desarrollo de tecnología de punta”.

Es cuestión de hacer cuentas. La tonelada de carbonato de litio cotiza hoy a unos seis mil dólares, en el 2003 cotizaba a 350 dólares. Una batería de litio se fabrica con cinco kilos y cuesta unos 25 mil dólares.

Pero no es la primera vez que el litio camina por el trampolín hipotético del desarrollo nacional. Ya en la década del ’50 Ronald Richter al frente del Proyecto Huemul utilizó litio como reactivo en sus experimentos. Y si bien embarcaba al país en el sensacional fraude del dominio de la fusión nuclear, el descubrimiento del fraude dejó implantado el germen de la temprana investigación nuclear argentina.
TERRITORIALIZACION

¿Qué hace rico a un territorio? ¿La mera contemplación de los recursos naturales o la posibilidad de una explotación amigable, para desarrollar una industria?

A la par de las potencias mundiales que lo consideran un recurso estratégico, la provincia de Jujuy fue la primera en pisar fuerte. Mediante el Decreto Acuerdo Nº 7592 del 2 de marzo pasado, declara de interés las reservas minerales que contengan litio poniendo el acento en la protección ambiental de sus ecosistemas sumamente frágiles y crea un comité científico que deberá analizar cada proyecto de exploración y explotación de litio.

La ventaja aparente es que esas reservas se localizan en forma de salmueras en Jujuy, Salta y Catamarca, sin necesidad de exploración subterránea, lo cual permite que su explotación sea eficiente y amigable con el medio ambiente.

El primero en vislumbrar el potencial del litio en la Puna fue Luciano Catalano en la década de 1920, que tuvo el mérito de advertir el valor del litio de los salares, mucho antes de la fiebre de las baterías para celulares y notebooks. Catalano es casi un desconocido para la historia de la ciencia argentina, que se doctoró en química, se especializó en geología y mineralogía, y al que se le deben los primeros trabajos sobre hierro en Zapla, uranio en Córdoba y los boratos de la Puna. Tiempo después, en 1964 publicó un trabajo anticipatorio “El litio: una nueva fuente de energía natural”, donde mapea los yacimientos de litio, avizora posibles usos futuros, el rol del Estado y las empresas.

El énfasis lo pone en que los “minerales estratégicos” deben recibir “valor agregado” en el país, para “crear riqueza social, capacidad técnica, y no exportar mera materia prima, lo cual genera pobreza y atraso”. Sin dudas, una disyuntiva contemporánea es ser exportadores a granel de la commodity del futuro o desarrollar una nueva industria de energía. ¿Qué vale más: una tonelada de litio o un kilo de batería?

Algunas respuestas tal vez se arriesguen los próximos 28 y 29 de abril en San Salvador de Jujuy en el primer seminario que organizan los ministerios nacionales de Ciencia y Tecnología e Industria y el gobierno de Jujuy, con expertos de Conicet, UBA, Conea, Invap, Universidad Nacional de Tucumán y de la Corporación Minera de Bolivia. Prometen analizar en profundidad la posibilidad cierta de que el sistema de ciencia y tecnología argentino se incorpore o no a esta “carrera” por el conocimiento y manejo de las tecnologías de industrialización de litio.

jueves, diciembre 09, 2010

Representaciones por Silvana Melo (Agencia Pelota de Trapo)

Llegara un día en el que lo inevitable (para pocos) sea lo politicamente deseable (para muchos), cuando los cargos políticos (en los 3 niveles municipal, provincial, nacional, y legislativo, judicial, ejecutivo) sean anuales y automaticamente revocables si los representados deciden quitarle el poder de representarlos. Parecerá anarquía pura, o la más pura democracia. Una utopía que tenemos que pensar siempre. Acá una nota en esa dirección.
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(APe).- Como grandes estructuras musearias se levantan las representaciones en una democracia aún joven pero ya demasiado despojada de rebeldías. Palacios glamorosos y con el oropel de los honores se levantan en el corazón de la Provincia más populosa, más conflictiva y más conflictuada, más inmigrada y más dual. 138 legisladores son representantes de quince millones de personas que se desparraman desde el nudo explosivo del conurbano a los pequeños pueblos que se desertifican en el sur.

Acaso alguna vez habrá espacio, horario y voluntad política de discutir las representaciones antes de que el sistema se vuelva un cascarón hueco con una dirigencia puesta a adorarse el ombligo y a urdir construcciones propias, a veces partidarias y otras -muchas- exclusivamente personales. Edificaciones burocráticas y discrecionales sólo para sostener la propiedad de una banca. Que suele traer consigo un cajoncito con privilegios y beneficios para la creación de un pequeño universo clientelar apuntado a la supervivencia.

De los quince millones habrá pocos, muy pocos, que conozcan a quienes están puestos en los palacios para representarlos. Y quienes los conocen difícilmente los admiren. ¿Quién representa cabalmente al peón ignorado por el superproductor sojero y por el sindicato rural-patronal? ¿Quién al tercerizado ninguneado por propios y ajenos? ¿Quién al que jamás llega hasta el fin del mes con una mesa modestamente poblada? ¿Quién a los pibes que se desnutren, que se enferman por falta de agua buena y cloacas, que dejan la escuela, que se abrigan en la calle, que reaccionan contra el mundo cuando crecen, si crecen? ¿Quién a la piba que tiene un bebé a los 14? ¿Quién a la madre de la piba que la tuvo a los 14, que tiene en el cuerpo y en el alma los golpes de algún puño y las marcas del abandono, que sale a trabajar de lo que venga porque tampoco fue a la escuela como ya no va a ir su hija?

Como silbando el disimulo, en medio de la discusión del presupuesto 2011 para la Provincia, la Legislatura aprobó el propio. Con un 21 por ciento de aumento si se lo compara con el de 2010. Cada legislador implica un costo individual de 7.800.000 pesos al año. 21.400 pesos por día. Una cifra muy alta para el representador. Y millones de representados que no saben -y tal vez no sabrán nunca- en qué se esfuma tanto dinero.

Hablemos entonces de representaciones. Habrá que discutir abiertamente cómo re-dibujar un sistema que deja de tener sentido en sí mismo si no cumple con la determinación original, la del inicio de los tiempos institucionales. Es decir, representar en su concepto jurídico: actuar en nombre de otros. O en su concepto estético: evocar algo en la imaginación. Invariablemente se tocan, a pesar de su proveniencia diversa. Para actuar en nombre de otros es imprescindible evocarlos en la imaginación. Burdamente, cada legislador representa a 109 mil bonaerenses. Con sus anonimatos y sus desgracias. Con sus privilegios y sus marginaciones. ¿Habrá un momento de la representación en que un diputado o un senador evoque en la imaginación a los más débiles, a los olvidados por todos los tramos de la crónica del país y por todos los estamentos del estado? Convengamos en que si hay quienes necesitan con la urgencia del abismo representantes fuertes que negocien con el arriba -hasta dios si estuviera a mano- son los que apenas se sostienen en la cola de la historia.

El gasto legislativo llegará en 2011 casi a 1.080 millones de pesos. Uno de los saltos presupuestarios más elevados de los últimos años.

En los casi 8 millones que implicará anualmente la existencia de cada uno de los legisladores están implicados otros números que van más allá de sus dietas –es decir, sus sueldos-: los diputados contaron en 2010 con cifras altísimas para designar y asalariar a un grupo de colaboradores; una cifra interesante para viáticos, otra para subsidios y otra para becas.

(Los legisladores nacionales, además, pueden conceder pensiones no contributivas).

Es decir que cada banca se convierte legalmente en un kiosco partidario, personal o clientelar. En un pequeño ministerio que, generalmente con arbitrariedad, decide a quién le entrega o no -el sistema permite que sea casi por gracia real- un beneficio.

¿Cuántos de los 138 piensan en los centenares de miles o en los millones que abarca su sección electoral? ¿Cuántos evocan en la imaginación a aquellos vulnerados a quienes representan? ¿Cuántos son capaces de resignar su propia necesidad de supervivencia en un ámbito vorazmente darwinista por representar a quienes representan? ¿Cuántos sienten que tienen una multitud de ignorados y anónimos a sus espaldas cuando discuten en una comisión, levantan una mano o no la levantan o cuando deciden trabajar tres días a la semana, pagar su banca y asalariar a medios parlamentarios para asegurarse su aparición en tres noticias por mes?

Para algunos, representar es re-presentar. Es decir, volver a presentar públicamente la necesidad de los que fueron antes y serán nadies después. Pero en el medio tendrán el minuto de imagen real y ya no evocada en la foto del diputado sonriente que le entrega un subsidio en acto público.

Es, entonces, volver a discutir sin prejuicios un sistema de representatividad que se vuelve un sofisma al primer análisis profundo. Un solo legislador contiene en sí mismo 35.500 asignaciones por hijo de 220 pesos.

Discutir representatividad no implica cuestionamientos a la existencia de las instituciones. Contrariamente al uso que harían de estos debates los impugnadores de la política. Discutir representatividad es empezar a caminar hacia un sistema en el que los representantes se bajen de su olimpo diosente y se paren a la altura de la otredad representada. Donde millones de números encarnados, olvidados, apenas sobrevivientes, esperan que alguien alce una mano que los incluya. Que alguien lleve su palabra cascada y rupestre a los grandes foros.

Y ese camino nunca es oneroso. Por lo menos si se habla de dinero.