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jueves, noviembre 25, 2010

"El cuerpo del otro" por Oscar Taffetani (levantado de http://www.pelotadetrapo.org.ar/)

21/07/08

(APe).- Al menos doce bebés incluidos en protocolos de investigación clínica para probar la eficacia de una vacuna murieron durante el último año. ”Sólo murieron doce en todo el país”, aseguró el pediatra santiagueño Enrique Smith, uno de los investigadores principales del estudio. ¿Experimentaría el doctor Smith con su propio cuerpo? ¿Sería capaz de probar la vacuna con sus hijos y familiares? No, seguro que no. Porque antes que poner el propio cuerpo, mejor es poner el cuerpo del otro.

(APe).- En un operativo mundial denominado Last Chance (Última Oportunidad), el centro Simon Wiesenthal de Viena se ha lanzado a la caza de criminales de guerra nazis que lograron ocultarse al fin de la segunda guerra, aprovechando la falta de control o bien la complicidad de algunos gobiernos de América del Sur.

Uno de esos criminales, con título de médico, se llama Aribert Heim, alias “Doctor Muerte”, y ya habría sido localizado en pueblos cordilleranos del sur de Chile y la Argentina.

Otro criminal, fallecido impune en el Brasil, se llamaba Josef Mengele y era conocido por los prisioneros de Auschwitz como el Ángel de la Muerte.

¿Cómo puede un médico, alguien formado para curar o para aliviar el sufrimiento de la criatura humana, convertirse en asesino?

A esa y otras preguntas trataron de responderse Bruno Bettelheim, Emanuel Levinas, Hanna Arendt y Primo Levi, entre otros. Y la respuesta invariable es que la conducta criminal, la conducta de un asesino serial de Estado, es siempre precedida por una doctrina perversa, una doctrina que niega (en su discurso) la condición humana a la víctima, y que le brinda una coartada al verdugo.

En la posguerra, acaso como una prolongación de la doctrina nazi, para los tiempos de paz, ciertos provectos ciudadanos llegaron a sostener que gracias a las guerras pudo avanzar la ciencia, y se descubrieron nuevos medicamentos y vacunas para curar a la humanidad.

El citado Heim, lo mismo que Mengele -según los testimonios- inoculaban virus en mujeres embarazadas y niños; les restringían el alimento o los dejaban morir de hambre, para estudiar las reacciones somáticas; les amputaban miembros y les extraían órganos en vida, observando la evolución de esos cuerpos en agonía.

Aquellas mujeres y niños de los experimentos, eran seres humanos. Aquellos médicos nazis lo sabían. Sólo que esos Otros, ese Otro, pertenecía a la “raza” de los vencidos. A ese Otro no le cabía el derecho ni el respeto ni la piedad.

Nazis del siglo XXI

Los inadvertidos nazis de este siglo XXI, para quienes no hay operativo Last Chance, a quienes ninguna policía busca y ninguna ley prohíbe, se dedican a experimentar vacunas y nuevos medicamentos con seres humanos en situación de pobreza y de extrema pobreza, en países del África, del Asia y de América latina.

“Al menos doce bebés incluidos en protocolos de investigación clínica para probar la eficacia de una vacuna -leemos publicado en el diario Crítica- murieron durante el último año”.

“El estudio de fase 3 (experimentación en humanos) es patrocinado por el laboratorio multinacional Glaxo Smith Kline y utiliza niños de familias carenciadas a las que ‘se presiona y obliga para que firmen los consentimientos legales’, según lo denunció la Federación de Profesionales de la Salud de la República Argentina”.

“Desde 2007 -leemos en Crítica- 15 mil niños menores de un año de Mendoza, San Juan y Santiago del Estero ingresaron en el protocolo de investigación. ‘Sólo murieron doce en todo el país, lo que representa una cifra mínima si la comparamos con las muertes que se producen por enfermedades respiratorias causadas por el neumococo’, aseguró el pediatra santiagueño Enrique Smith, uno de los investigadores principales del estudio”.

“‘Mucha gente quiere salirse del protocolo y se lo prohíben, los obligan a continuar con la amenaza de que si dejan no se les aplica ninguna otra vacuna’, explicó Julieta Ovejero, tía abuela de uno de los seis bebés fallecidos en Santiago del Estero. ‘Hay madres a las que las obligan a firmar diciéndoles que si no aceptan les van a quitar los chicos con la policía, les niegan los remedios o directamente no los atienden’, detalló Ovejero”.

“‘En su gran mayoría, se trata de personas carenciadas, muchas de ellas no saben ni leer ni escribir, a las que presionan para que autoricen la inclusión de sus hijos’, relató Juan Carlos Palomares, integrante de Fesprosa, la entidad que nacionalizó la denuncia en una conferencia de prensa. Según la denuncia, ‘el laboratorio paga 8.000 dólares por cada niño incluido en el estudio, pero no queda nada en la provincia que presta las instalaciones públicas y el personal de salud para una investigación privada’”.

Los sofismas y coartadas nada tienen que envidiar a las que esgrimían los médicos nazis: que el porcentaje de muertes ocasionadas es mínimo, que el sagrado fin de la vacuna justifica los medios y que parte de los honorarios pagados por los laboratorios “quedan en la provincia”.

¿Experimentaría el doctor Smith con su propio cuerpo, como algunos valientes médicos que conoció la historia? ¿Sería capaz de probar la vacuna con sus hijos y familiares?

No, seguro que no. Porque antes que poner el propio cuerpo, mejor es poner el cuerpo del otro.

Si ese otro no sabe leer ni escribir, si acepta por una propina o una limosna desprenderse de un niño, de un órgano, de una parte de sí, mejor.

Los nazis del siglo XXI trabajan para importantes corporaciones; cumplen con la ley; cobran suculentos honorarios por desarrollar vacunas y medicinas que utilizarán sus clientes, perdón, sus pacientes, es decir, aquellos que puedan pagarlas. Y todo a la sombra de un Estado ausente. O de un Estado cómplice. O ambas cosas.

FUENTE: http://www.pelotadetrapo.org.ar/ Edición: 1307

sábado, septiembre 04, 2010

mis tesis de doctorado sintetizada en una historieta de tsai chih chung


Si tuviera que explicarle a alguien qué es lo que me interesa analizar y entender en mi investigación de doctorado le diría muchas cosas. Pero primero le mostraría este hermoso cuadro de historieta del libro "El Zen Habla" de Tsai Chih Chung (que hace algunos años lo vendían junto con "El Tao Habla" del mismo autor en las librerías de Corrientes por monedas, si lo ven llévenselos que son excelentes). Esta historieta muestra el campo de tensiones que atraviesa mi investigación y sobre todo que atraviesa las vidas de las personas con las que trabajo, sean niños, hermanos, padres, tios, primos, demás familiares, amigos, voluntarias del hospital, y toda la gama del personal de los diversos equipos tratantes (enfermeros, medicos, psicologos, tabajadores sociales, terapeutas, tecnicos, etc.). Aquí está, sintetizado* todo en una enseñanza que un maestro Zen dió hace algunos cientos o miles de años, pero que se vuelve a actualizar cada día en todos los hospitales y casas y hoteles para familiares del interior de esta ciudad, país, mundo.

* Creo que como antropólogos, o cientistas sociales en general, estamos mucho más acostumbrado a analizar que a sintetizar. Nuestra tendencia es a partir todo en pedacitos cada vez más pequeños y me parece fundamental también poder a veces reensamblar las partes y ver la tensión que surge en el conjunto porque nos puede mostrar algo directamente con esa síntesis que ilumina lo que quedaba perdido en tanto análisis. Obvio que es un ida y vuelta constante y que sintetizar demasiado puede conducir a perder los detalles pero el poder de la síntesis se asienta en esa capacidad de combinar elementos aparentemente inconexos.

sábado, julio 31, 2010

Death's a test of maturity (levantado de The Vancouver Sun)

Musee des religions du monde in nicolet is showing before-and-after photos of 26 people who died in a hospice in hamburg. Many visitors find the exhibit both fascinating and unsettling

Heiner Schmitz in life and in death. His portrait is part of the exhibit at the Musée des Religions du Monde entitled: Life Before Death.

Heiner Schmitz in life and in death. His portrait is part of the exhibit at the Musée des Religions du Monde entitled: Life Before Death.

Photograph by: Courtesy of Musée des Religions du Monde, Provided

NICOLET - Canada's only museum of comparative religion, situated in Quebec, has taken a big risk this summer with its new temporary exhibition showcasing portrait photos of 26 people before and after their deaths from terminal illness.

The trilingual French-English-German exhibit, which opened in May and runs through September at Musee des religions du monde in Nicolet, near Trois Rivieres, has been generating mostly positive popular and critical reaction. But people are finding it disturbing at the same time.

The exhibit, titled A la vie, a la mort, or Life Before Death in English, features before-and-after photos of 26 people who died in a hospice in Hamburg in 2003 and 2004. They gave their consent to be chronicled by photographer Walter Schels and interviewed by the science editor of Germany's Der Spiegel magazine, Beate Lakotta. The exhibit has been shown in Hamburg, Dresden and Berlin in Germany, and in Vienna, Lisbon and London elsewhere in Europe, and in Haifa, Israel. This fall, it will leave Quebec for Toyko.

Since it opened in May, more than 4,000 people have visited the exhibit in the museum in this small town southof theSt. Lawrence River between Montreal and Quebec City. Ever since the days of New France, Nicolet has been an important regional administrative hub for Roman Catholic religious orders. The decision by local movers and shakers to open a museum of religion in Nicolet in 1986 was taken as a way to reflect the town's past forward into the future.

Museum director Jean-Francois Royal says Lakotta's interviews with the people who were photographed, mostly German-born Protestants, showed them being drawn closer to God and to religion as they moved closer to their own deaths.

"Or else the reverse was true -they expressed a turning away from God, partly because of anger over their terminal illnesses," Royal said.

The official opening of the photo exhibit in May attracted some leading local and provincial politicians looking to help put Nicolet on the tourist map.

Among them were Parti Quebecois leader Pauline Marois and PQ culture critic Pierre Curzi. Also attending was Josee Blanchette, a Le Devoir columnist and Radio-Canada TV personality who has written a lot on themes relating to death; Blanchette agreed to act this summer as the exhibit's official spokesperson.

"The exhibition is very impressive, but maybe not because of what one might imagine," said an editorial commentary in Le Nouvelliste, the daily newspaper in Trois Rivieres. "It will affect people differently, depending on their own personal baggage. Death is universal, and yet personal and intimate in our own experience of it."

Nobody has been questioning whether Schels and Lakotta took advantage of their 26 subjects. They spent a year at the hospice in Hamburg getting to know people, and they didn't photograph anyone without first developing a relationship with them and asking for their permission.

In this ethical respect, A la vie, a la mort differs sharply from the Bodies exhibit that recently appeared in Montreal's Eaton Centre, which featured plasticized cadavers of human beings. Last week, Seattle city council voted to ban Bodies from showing in the city again, because of a lack of supporting evidence that people featured in the show gave their consent to be part of it. The U.S. firm behind Bodies says it got the bodies from a plastination factory in China that in turn got the bodies from Chinese medical schools. How those bodies got to the medical schools, though, isn't crystal clear.

Like many of the people who have seen A la vie, a la mort this summer, I found the exhibit both fascinating and unsettling.

I think it does qualify as art, in the same way exceptional photography can be considered art. But it's the text bios that intrigued me the most. It's what the people told Lakotta, the revelations.

The thought occurred to me a couple of days after seeing the exhibit that this was really print journalism at its very best, except that the medium wasn't newsprint or a webpage, it was a museum hall. In journalism, we concentrate on public life -politics, sports, and so on; we don't really see private life as a "beat" in itself.

It's different with literature. Great literature is often a great exploration of private lives. A la vie, a la mort shows us there are great journalistic stories to tell in private life, too.

"Wonderful yet disturbing!" was what museum visitor Baruch Hashem Adomai wrote in the museum guest book last week.

"Touche dans l'ame par tous les mots de ces morts," wrote a visitor from Trois Rivieres who identified himself/ herself simply as Piche.

One of the 26 people is an 18-year-old girl who died of a brain tumour. "Dear God, was it your plan that she wouldn't remain with us for very long?" the girl's mother, Elmira Sang Bastian, is quoted by Lakotta as saying.

Edelgard Clavey, a 67-yearold woman who describes herself as a practising Protestant, tells Lakotta: "I want so very much to die. I want to become part of that vast extraordinary light. But dying is hard work. Death is in control of the process. I cannot influence its course -all I can do is wait."

Heiner Schmitz, a 52-yearold advertising executive, tells Lakotta that people from his ad agency in Hamburg are always blowing in and out of his hospice room in festive groups of two or more with flowers and gifts to try to cheer him up. Nobody comes alone, though. And nobody ever asks him how he feels, he says.

"Because they're all scared shitless," Schmitz says.

"I find it really upsetting the way they desperately avoid the subject, talking about all sorts of other things. Don't they get it? I'm going to die! That's all I think about every second when I'm on my own."

A la vie, a la mort runs through Sept. 6. The Musee des religions du monde, at 900 Louis Frechette Blvd. in Nicolet, is open every day from 10 a.m. to 5 p.m. through October. Admission: $8 for adults, $7 for seniors and $6 for students. For more information, call 819-293-6148 or visit www.museedesreligions.qc.ca

djohnston@thegazette.canwest.com

miércoles, febrero 03, 2010

Un gato que percibe el final (nota de eldiariomontanes.es)

Oscar, el gato que ve muertos

Un felino vaticina la muerte de los pacientes de un geriátrico norteamericano dos horas antes de que se produzca. El médico que lo descubrió repasa su historia en un libro

Su pelaje blanco y gris con algunos toques negros lo hace fácilmente confundible con un gato callejero. Sin embargo, al verlo con su caminar tranquilo por los pasillos de la residencia de ancianos Steere House (Rhode Island, EE UU) todo cambia. Su presencia impone, o más bien aterroriza, a las visitas. Una inscripción alerta de sus 'poderes' a la entrada de la tercera planta, la dedicada a cuidados paliativos: 'Por su compasiva atención, esta placa está dedicada a Oscar el gato'. Aquí el felino no está considerado como un ángel de la muerte peludo... aunque vaticine las últimas horas de los pacientes que aguardan en sus 41 camas el final de sus días. Su especial don ayuda a dar la voz de alarma entre el personal sanitario. Lo primero que hacen al verlo enroscado en la cama de alguno de los enfermos es levantar el teléfono para llamar a los familiares. Significa que al enfermo le queda poco. Gracias a Oscar le pueden dar el último abrazo a su ser querido.

Hasta el momento ha predicho con exactitud cincuenta muertes en los cinco años que lleva acogido en el centro. «El gato siempre se las arregla para aparecer en la habitación y siempre lo hace en las últimas dos horas», detalla el médico David Dosa, quien lanzó a Oscar al estrellato hace unos años tras publicar un artículo sobre su innata capacidad en la revista 'New England Journal of Medicine'. Ahora vuelve a tomarlo como base para su nuevo libro, 'Making Rounds With Oscar: The Extraordinary Gift of an Ordinary Cat' ('Haciendo la ronda con Oscar: El extraordinario talento de un gato común'), un relato con el que pretende animar a quienes tienen un familiar con una enfermedad terminal. Además, con la ayuda del felino intenta desterrar los mitos de que las residencias son «fábricas horribles donde la gente va a morir».
Ajeno a todo el revuelo suscitado sobre su curioso talento, el peludo Oscar sigue atento a sus rondas por Steere House mientras miles de páginas en internet intentan buscar una explicación lógica a sus visiones. Incluso la pequeña pantalla explotó su historia en la serie 'House'.
«Mi impresión es que los animales son capaces de 'sentir' cosas que nosotros, como humanos, no podemos percibir. Creo que este gato es capaz de oler algo que nosotros no. Pero esto sólo es una suposición», comenta Dosa. El argumento de que el gato posee poderes paranormales convence a muy pocos especialistas. «Está más que contrastado que los gatos, al igual que los perros, pueden captar las emociones de sus dueños y brindarles su apoyo acompañándolos y dándoles cariño. Estoy convencida de que Oscar no tiene poderes; seguro que hay una explicación lógica detrás de todo esto», afirma Anneli Lofstrom, portavoz de la Sociedad Protectora de Animales de Málaga.

Pero ya sea un proceso químico o algo sobrenatural, su sexto sentido está más que contrastado. Su porcentaje de fallo es mínimo. Su felino olfato para la muerte puede batirse en duelo con cualquier médico... pero si se sube a una cama con un enfermo, poco se puede hacer. Las apuestas juegan a su favor. En la residencia todos recuerdan una tarde en la que los médicos estaban convencidos de la inminente muerte de uno de sus pacientes. Pero Oscar se negaba a acurrucarse junto a él y en su lugar eligió la cama de otro interno. El animal hizo pleno. Desde entonces nadie cuestiona los vaticinios de un gato adoptado para ayudar en las terapias del centro, que también cuenta con periquitos o conejos.

¿Y cómo llevan los pacientes la presencia del gato sabiendo que si se sube a tu cama es que no hay escapatoria? Muchos no son conscientes de ello al sufrir demencias severas. Ni siquiera sus constantes vitales dan muestra de que se roza el final. «Lo importante es que Oscar nos permite llamar a sus familiares para que se despidan de su parientes de la mejor forma posible», puntualiza el geriatra. Un momento íntimo que sería imposible sin las dotes de este felino con un sentido muy vivo de la muerte.

miércoles, julio 23, 2008

Algún día toda esta mierda será tuya (criticadigital)

una nota muy buena.
si pueden leanla.
abrazos
rafa

Daniel E. Arias
23.07.2008
La Suprema Corte de Justicia acaba de ordenarle a una institución relativamente joven, Acumar (la Autoridad de Cuenca del Matanza-Riachuelo), que de una vez por todas empiece a organizar un escándalo ambiental que ya dura siglo y medio. Esa intervención desde el máximo nivel de la Justicia contrasta con el silencio ensordecedor que rodea el cuadro de situación de un cuerpo de agua mucho más importante para el país: el acuífero Puelche, para el cual no existe ninguna autoridad federal responsable y/o imputable. Es cierto que no abundan quienes hayan oído hablar del Puelche, seguramente por su carácter subterráneo y por lo tanto invisible. Sin embargo las mayores ciudades del país están asentadas encima de él, y no sólo se lo beben con cada vaso de agua; también se lo comen con cada bocado de pan o carne. Y le deben y debieron la mayor parte de las exportaciones agropecuarias a lo largo de toda la historia nacional.

La buena noticia es que somos dueños de una de las mayores reservas mundiales del principal insumo de la biosfera. La mala es que ya llevamos cinco siglos sin administrarla. Y la estamos haciendo puré.

El Puelche alberga 300 billones de litros de un fluido que, en un mundo sediento, empiezan a valer un Perú. Si se lo repartiera entre los 7.000 millones de humanos de este mundo, habría casi 43 mil litros –una pileta de natación mediana– por gorra.

Como para trazar equivalencias, el hidrogeólogo Oscar Dores, presidente de Evarsa (Evaluación de Recursos Hídricos, SA), traza estos cálculos: “Hasta que se cerró el lago de Yacyretá, todas las aguas embalsadas superficiales de la Argentina sumaban unos 47 hectómetros cúbicos. Eso es el 16% de lo que hay en el Puelche, y hablo sólo del agua dulce, no contaminada y fácilmente explotable del Puelche, algo menos de la mitad del inventario total”.

Junto con los 80 centímetros de humus que tiene arriba, el Puelche es el principal recurso hídrico de la Argentina. Las tierras que abriga son las de la Pampa Ondulada, la zona núcleo de la agricultura argentina, 230 mil kilómetros cuadrados donde cada chacra cuesta 15 mil o 20 mil dólares la hectárea, y algunos alquilan pero nadie vende un triste metro cuadrado. No es por nada: con el Puelche debajo, olvidate de las secas.

AGUA DE LA BUENA, AGUA PARA POBRES. El Puelche es el único recurso potable gigante en una llanura de 1,6 millones de kilómetros cuadrados que, fuera del Paraná, resulta muy avara en ríos. Los que hay son pocos y de poca monta. ¿Y de dónde viene el agua Puelche? De la lluvia: se infiltra desde arriba, atravesando la tapa gris del llamado “acuitardo Pampeano” con bastante dificultad.

En los sitios de mayor calidad del Puelche, como en la ciudad bonaerense de Mercedes, se baja con un pozo a sólo treinta metros y se pueden sacar entre 20 y 150 metros cúbicos por hora de agua potabilísima, con menos de dos gramos de sales por litro. Un chiche. Pero si sólo se baja con un pozo a 10 o 15 metros, como hace el pobrerío bonaerense, no se podrá salir de la “primera napa”, como la llaman los poceros, o del acuitardo Pampeano, como lo llaman los geólogos. Allí apenas si se podrá extraer a lo sumo un metro cúbico por hora. Y será un agua con una carga tan grande de nitratos y nitritos cloacales que su ingestión provoca diarrea obligada y urgente.

El acuitardo Pampeano mata su cuota anual de pibes entre los habitantes del segundo y el tercer anillos del conurbano porteño –notable punto ciego de nuestras estadísticas sanitarias– porque es la única fuente de agua para dos millones de personas cuyos pozos, también ciegos, están al lado nomás de sus fuentes de agua. Por ende, beben caca y pis, y no es metáfora.

Fuera de la Pampa Ondulada, en la llanura chacopampeana se vive de la lluvia, es decir de la timba meteorológica: hay acuíferos y acuitardos relativamente potables, pero en miniatura. Su tamaño limita no sólo la economía agropecuaria, sino la instalación de industrias y el tamaño de las ciudades. Un ejemplo redondo es Santa Rosa, la capital de La Pampa, pese a que el cambio climático ha vuelto cada vez más lluviosa a la provincia.

BOMBEANDO, CON PERDÓN, PURA MIERDA
. Sin mayor idea del problema bajo sus pies, la vieja firma Obras Sanitarias de la Nación (OSN) puso al Puelche en nivel de sobreexplotación, cuando corrían los años 30 y la zona metropolitana no llegaba a los 3,5 millones de habitantes. Pero las canillas de esos habitantes empezaron a secarse, o a escupir aguas cada vez menos potables y más saladas.

Por una parte, empezaban a llenarse de nitratos fecales, salidos de los pozos ciegos –nunca desterrados– y luego de las nuevas cloacas, que una vez construidas se rompían y filtraban a más y mejor. Por la otra, la creciente salinidad se debía a que alrededor de cada pozo de extracción se habían creado “conos de depresión”, y la inversión de presiones resultante dentro del acuífero obligaba a éste a fluir “al revés”: desde la periferia del río Salado (antes zona de descarga) hacia el centro (antes zona de recarga). Las grandes bombas de OSN estaban “llamando” a la distante agua salada.

Así las cosas, OSN pasó plan B y construyó la planta depuradora de la avenida Alcorta, en Palermo, para así “enchufarse” al Río de la Plata, cuyo líquido arcilloso exige tratamientos intensos y caros, pero al menos carece de cloruros y nitratos, sales que desafían todo proceso de potabilización común. En 1958, La Plata debió irse también a plan B, aunque mantuvo cierta tasa de extracción subterránea. Promediando la década de 1970, el conurbano sur (Avellaneda, Lanús, Wilde) también le dijo chau al Puelche, y siguen las firmas.

Lo que pasó entonces es bastante increíble. Los grandes conos de depresión bajo Buenos Aires, La Plata y parte del conurbano sur se llenaron inmediatamente de agua... que venía ¿de dónde? De las pérdidas de la red cloacal y pluvial.

Es que no hay otras fuentes: la recarga por lluvias en zonas impermeabilizadas de cemento y asfalto es nula: ahí el Pampeano está techado. Pero tanto pierden las cloacas y tanto hicieron “rebotar” el nivel del Puelche y el Pampeano que muchos terrenos que habían estado hundiéndose lentamente durante 70 años de bombeo o más empezaron a reacomodarse y a subir, ahora hinchados de agua. Y en este viaje vertical se fueron rajando caños, cimientos y paredes de edificios, por los demasiados cambios de morfología del suelo. Pesadilla para propietarios y fiesta para plomeros, albañiles y contratistas.

Pero los costos más fuertes están en los costos de potabilización. Beber del leonado Plata es un incordio caro, y máxime hoy cuando el cinturón fluvial costero está contaminado por caldos cloacales no tratados. Aguas Argentinas, ese invento franco-menemista que nos vendía agua de mala calidad a precios japoneses, perdió su concesión justamente por distribuir nitratos. Ahora AySA, que heredó la crisis –pero no el derecho a cobrar precios de degüello– tiene que construir con recursos muy exiguos bocatomas cada vez más río adentro, crear plantas de tratamiento cloacales y nuevas instalaciones potabilizadoras para desenchufar del Puelche y enchufar al Plata a masas cada vez mayores de gente.

AySA sabe que hay que contaminar lo menos posible el plan B, es decir el Río de la Plata, porque no hay plan C posible. Pero sigue sin haber un administrador federal del acuífero como tal, el equivalente de una autoridad de cuenca fluvial, para un recurso hídrico incomparablemente mayor que todos nuestros ríos, salvo el Paraná y el Uruguay.

NO WAY, JOSÉ. ¿Se puede recuperar el Puelche urbano? Imposible: es agua confinada en arenas subterráneas, lejos de la acción depuradora del oxígeno atmosférico. ¿Se puede evitar, al menos, que se siga percudiendo?

–No creo –dice el hidrogeólogo Eduardo Kruse, profesor de la Universidad Nacional de La Plata y también miembro de Evarsa–. Aun si se persiguiera en serio a las industrias y municipalidades más contaminantes, aun si se terminara con los rellenos sanitarios donde el mercurio de las pilas descartadas y otros metales pesados ingresan libremente al agua subterránea, todavía seguiría en pie el problema de los arroyos secos.

¿A qué se refiere Kruse? Al hecho de que bajo el lecho del Reconquista la napa desapareció hace tiempo, “chupada” desde abajo por la depresión del sobreexplotado Puelche. Cuando corría por campo verde, y antes de quedar atrapado en el tejido urbano, el Reconquista era alimentado por la napa freática a través de las paredes de su cauce, como debe hacer todo río que se respete. Pero desde hace décadas está realmente seco –en lo que se refiere a aportes naturales– y lo que fluye por su traza no es agua de lluvia o napa, sino puro efluente cloacal e industrial. Un asco.

Lo que sucede entonces es una inversión: ya no migra agua al arroyo desde el terreno, sino del arroyo al terreno, de modo que la contaminación química del fondo del cauce (un salvaje repositorio de plomo, cromo, cobre, arsénico y otros metales tóxicos) va propagándose bajo tierra hacia el deprimido acuífero Pampeano, que a su vez la llevará lentísimamente hasta el Puelche, donde puede migrar centenares de kilómetros y durar miles o decenas de miles de años.

Es cuestión de comprobar la repetición del “modelo Reconquista” para los casos del Riachuelo, el Medrano, el White y todo otro arroyo situado en los “conos de depresión” del conurbano para tener una idea del problema. ¿Cómo evitarlo? ¿Poniendo a los 13 millones de habitantes de la mancha urbana a tomar agua del Plata? Es lo que hace AySA, porque no tiene otro maldito remedio, y es una política que viene desde tiempos de OSN. Pero dispara otro tipo de problemas.

¿Cuáles? Desde que en Avellaneda no se explota el Puelche y la napa “rebotó”, las cosas ya no son como antes. Contaminada durante varias décadas, el agua subterránea del Pampeano y del Puelche ahora está casi pegada a las suelas de los zapatos de todos esos hinchas de Racing e Independiente. De modo que en cuanto llueve más de 15 o 20 milímetros, la napa aflora libremente por la calle en forma de inundación, y 100 años de contaminación química almacenada en el subsuelo irrumpen de regreso al ecosistema humano.

El problema principal del Puelche es que está bajo tierra, y desde el Proceso en más, el saber científico de nuestra clase política cabe en el reverso de una estampilla. Si los problemas nacionales se dividen en los que se arreglan solos y los que no arregla nadie, el Puelche está en una categoría peor: es un despiole total, invisible, a cargo de un argentino célebre: Magoya.

viernes, abril 04, 2008

el gobierno chino organizó la revuelta en tibet para tener el prextexo para reprimir, torturar y asesinar toda oposición al régimen antes de los JJOO?

lean esta nota que salió en http://meyul.com y vean la foto...soldados con ropas de monjes...

Beijing orchestrating Tibet riots

Posted: March 30th, 2008, by admin

Chinese Soldiers posing riot Monks

This is not an uncommon ‘tactical move’ from the Chinese government as could be seen on the back-cover of the 2003 annual TCHRD Report

Canada Free Press [Friday, March 21, 2008 10:20] Brit spies confirm Dalai Lama’s report of staged violence

By Gordon Thomas

London, March 20 - Britain’s GCHQ, the government communications agency that electronically monitors half the world from space, has confirmed the claim by the Dalai Lama that agents of the Chinese People’s Liberation Army, the PLA, posing as monks, triggered the riots that have left hundreds of Tibetans dead or injured.

GCHQ analysts believe the decision was deliberately calculated by the Beijing leadership to provide an excuse to stamp out the simmering unrest in the region, which is already attracting unwelcome world attention in the run-up to the Olympic Games this summer.

For weeks there has been growing resentment in Lhasa, Tibet’s capital, against minor actions taken by the Chinese authorities.

Increasingly, monks have led acts of civil disobedience, demanding the right to perform traditional incense burning rituals. With their demands go cries for the return of the Dalai Lama, the 14th to hold the high spiritual office.

Committed to teaching the tenets of his moral authority—peace and compassion—the Dalai Lama was 14 when the PLA invaded Tibet in 1950 and he was forced to flee to India from where he has run a relentless campaign against the harshness of Chinese rule.

But critics have objected to his attraction to film stars. Newspaper magnate Rupert Murdoch has called him: “A very political monk in Gucci shoes.”

Discovering that his supporters inside Tibet and China would become even more active in the months approaching the Olympic Games this summer, British intelligence officers in Beijing learned the ruling regime would seek an excuse to move and crush the present unrest.

That fear was publicly expressed by the Dalai Lama. GCHQ’s satellites, geo-positioned in space, were tasked to closely monitor the situation.

The doughnut-shaped complex, near Cheltenham racecourse, is set in the pleasant Cotswolds in the west of England. Seven thousand employees include the best electronic experts and analysts in the world. Between them they speak more than 150 languages. At their disposal are 10,000 computers, many of which have been specially built for their work.

The images they downloaded from the satellites provided confirmation the Chinese used agent provocateurs to start riots, which gave the PLA the excuse to move on Lhasa to kill and wound over the past week.

What the Beijing regime had not expected was how the riots would spread, not only across Tibet, but also to Sichuan, Quighai and Gansu provinces, turning a large area of western China into a battle zone.

miércoles, febrero 27, 2008

La Bio-Política de los Trasplantes o ¿qué está detrás de la “salvación de vidas”?


Esto es una parte de un texto que presenté a publicar, es una re-elaboración de un trabajo que se publicó en potlatch aquí me extendí un poco más en el tema de lo que está detrás del discurso de salvar vidas.

Introducción
Han pasado ya cincuenta años del primer trasplante exitoso de riñón y desde esa fecha hasta el presente la evolución de la medicina, y la bioteconología asociada, no se ha detenido en la creación de condiciones para la prolongación de la vida a través de biopolíticas de separación/emisión―implante/recepción de órganos o tejidos de personas vivas o fallecidas. La donación altruista de partes del cuerpo y la oportunidad de salvación gracias al mercado de órganos y tejidos aparecen como los extremos de un abanico cruzado por esperanzas, miedos, deseos, expectativas, frustraciones; pero si todo se da y negocia no todos están en las mismas condiciones para recibir y negociar. A pesar de (o tal vez debido a) los avances biomédicos y tecnológicos en la trasplantación de órganos y tejidos el número de emisores/dadores es ínfimo, en relación al de los pacientes en las lista de espera, y al de las personas que efectivamente reciben un órgano o tejido. En EEUU en 1999 más de 60.000 personas estaban registradas en las listas de espera para trasplantes de órganos. Sin embargo, aunque el número de donaciones efectivas de órganos aumentó de 5.904 en 1987 a 9.280 en 1997, más de 4.000 personas mueren por año en EE UU antes de poder recibir el trasplante (United Network for Organ Sharing Scientific Registry [UNOS], 1999, citado en Dundes y Streiff, 1999).

Dejando de lado los impedimentos de orden técnico y estrictamente biomédicos (sólo algunas de las condiciones específicas que permiten la donación de personas fallecidas son: los órganos del donante deben estar en buen estado, sin daño y disponibles desde una persona con muerte cerebral, deben poder ser conservados fuera del cuerpo y rápidamente ser llevados para el trasplante), las razones que obstaculizan el incremento de los donantes y, por ende, de la mejora de la vida en las personas que esperan un órgano (o tejido) vital son varias. Algunos autores citan como causa principal el rechazo de los trabajadores de la salud a involucrase en el proceso de duelo de los familiares con el fin de solicitar el consentimiento para la donación, en este sentido el consentimiento familiar es visualizado como el principal impedimento (TRC, 1996 citado en Dundes y Streiff, 1999). Para otra autora los lazos de parentesco y la religión son los elementos centrales que motivan a las personas a donar (o no) órganos entre las mujeres Afroamericanas en EEUU, con la salvedad de que éstas reciben menos de la mitad de órganos que las no-Afromericanas (Wittig, 2001). Según Kim, Elliott y Hyde (2004) existen diversas barreras socioculturales para la donación de órganos en Corea, como ser: religiosas (el Confucionismo), simbólicas (malentendidos y mitos como que los órganos van a quedar en reserva para su posterior venta), legales (falta de claridad en la definición jurídica de muerte en la nueva legislación) y médicas (limitada cobertura de los seguros médicos), además de experienciales, culturales y educativas.

Coexisten complejas causas sociales que condicionan el proceso emisión–donación–recepción de órganos, citaré dos claros ejemplos: las leyes creadas recientemente en diversos países que otorgan el status de consentimiento presunto de toda persona que fallece a ser donante -salvo que sus familiares se nieguen-, y la remuneración económica a los familiares del donante (Dundes y Streiff, 1999:355). En Austria, Bélgica, Brasil, Francia, Italia, Letonia, España, Suecia, Suiza y en otros países han sido promulgadas leyes sobre el consentimiento presunto con muy diversos resultados.1 En la investigación llevada a cabo por Dundes y Streiff (1999) los encuestados alegaban que el consentimiento presunto es una violación de los derechos individuales, y la compensación monetaria a los familiares era vista como anti-ética, además que contaminaba la naturaleza altruista inherente al proceso de donar órganos.

La donación no sólo es “dar vida”
Desde una visión crítica, Nancy Scheper-Hugues alega que el problema de la donación de órganos está atravesado por la exclusión social de las mayorías, en el contexto de la economía global que produce las miserias y los incentivos que preceden, y a veces fuerzan, las ventas de órganos y el “turismo de trasplantes” (Scheper-Hugues, 2001). En este sentido, las leyendas y los rumores populares, los “mitos urbanos” asociados a la venta de sangre y demás fluidos o de partes del cuerpo son producto del miedo y el terror a que se ven enfrentados todos los que viven en los márgenes (los grupos vulnerables) de las sociedades que valoran más sus cuerpos muertos (como reserva de órganos y tejidos frescos) que vivos (Scheper-Hugues, 2001:32).2 Para esta autora existe un sub-mundo oculto a la discusión pública (hegemonizada por la visión altruista de “dar vida”) sobre la donación de órganos y una delgada línea que separa los trasplantes éticos de los que son realizados bajo la explotación y corrupción de los “donantes”. La autora señala: “... estamos tratando de atravesar el secreto que rodea los trasplantes de órganos y de ‘hacer pública’ todas las practicas relacionadas con la recolección, venta y distribución de tejidos y órganos humanos. Estas transacciones han sido protegidas por la invisibilidad y la exclusión de la población de los dadores de órganos, vivos y con muerte cerebral, muchos de ellos pobres y socialmente marginados, y por la aceptación inequívoca de la incuestionable moral y el ‘bien’ social y médico de los trasplantes. Nuestra tarea requiere construir un lenguaje divergente de la retórica médica de sacrificios, donaciones, altruismo y salvación de vidas, para recorrer caminos nuevos y no transitados que nos permitan pensar a los cuerpos como aquellos presuntamente muertos, o presuntamente ‘no identificados’ cadáveres públicos ‘abandonados’, o que presuntamente han dado el consentimiento, o ser presuntamente ‘donantes’ presuntamente involucrados en presuntos actos de altruismo. En otras palabras, estamos llamando por un tardío y saludable escepticismo.” (Scheper-Hugues, 2001:34-5; traducción propia).

Este sano escepticismo, este poner en duda constante lo que aparenta ser, la presunta voluntad tanto de los donantes como de sus familias, permitiría abrir la discusión social sobre lo que se habla y silencia, y así, como dice Scheper-Hugues, podríamos “construir un lenguaje divergente de la retórica médica de sacrificios, donaciones, altruismo y salvación de vidas”.
Pero ¿por qué algunos padecimientos son más visibles que otros y qué otras cuestiones entran en juego en el campo de los trasplantes que no siempre se piensan y debaten?

Sobre transplantes, ética y la venta de partes del cuerpo.
Un excelente lugar donde buscar información critica sobre el trafico de órganos es Organs Watch (http://sunsite.berkeley.edu/biotech/organswatch), un proyecto liderado por los antropólogos Scheper-Hughes y Cohen, que junto con activistas de derechos humanos, médicos y especialistas de la salud intentan rastrear el contexto social, político y económico del fenómeno de los trasplantes de órganos. Contexto mundial que muestra una desigual geografía de “países dadores” y “países receptores”, todos bajo la influencia de dos economías de órganos y tejidos humanos: una legalizada por las políticas internacionales y nacionales, y otra subterránea (y no tanto como en los avisos clasificados de los diarios) que se nutre generalmente de cuerpos precarizados, marginales, desechables. Cuerpos que en la mayoría de los casos no tienen otro recurso, o no encuentran otra manera, que vender una parte de sí mismo para seguir subsistiendo. Es por esto que Scheper-Hughes diferencia los trasplantes éticos de los anti-eticos, los primeros hechos bajo la expresa voluntad altruista de ayudar a otro, y los segundo forzados por la subsistencia utilizando el propio cuerpo como recurso a ofrecer en el mercado para sobrevivir (por poco tiempo, muy poco).

Evidentemente existe un problema (para Dundes y Streiff [1999] es una crisis) en la donación de órganos: el proceso social de donación de órganos se ve afectado por las actitudes sociales de las poblaciones a favor y en contra del mismo. Cómo resolverlo es el punto clave. Para Dundes y Streiff además de “desarrollar nuevas estrategias para maximizar la eficacia en cada paso del proceso de donación de órganos” (Miranda, Lucas y Matesanz, 1997 citado en Dundes y Streiff [1999:355]), se deben desarrollar mejores campañas de educación para concientizar a las poblaciones del valor que conlleva la donación. De todos modos, el problema debe verse desde distintos ángulos para alcanzar una perspectiva más realista. Es verdad que cada vez existen más personas esperando recibir un órgano y cada vez menos (en proporción) que pueden o desean o consienten donarlo. Según Margaret Lock (2002:1407) “el mundo de los trasplantes ha expandido su tamaño creando un sostenido aumento de ‘necesidad’ de órganos en momentos que existen cada vez menos potenciales dadores”. Siendo esto así porque (en los países centrales) la población envejeció, los pacientes definidos como viables para donación han crecido exponencialmente (cada vez hay más trasplantes a bebes, niños pequeños, ancianos de más de 80 años y personas que son retransplantadas por segunda o tercera vez), existen menos accidentes de autos (en el primer mundo, en Argentina es una de las causas principales de mortalidad), las unidades de trauma son más eficientes, entre otros motivos. Con lo cual, así como los potenciales receptores aumentaron considerablemente, los potenciales dadores decrecieron ampliamente. Todos estos factores son causales de la crisis. En pocas palabras puede decirse que existe un desfasaje entre los dadores y los receptores. Sin embargo, este “mercado de órganos y tejidos” está directamente influenciado y manipulado por los Estados, las multinacionales de la salud y los medios masivos de comunicación que destinan cuantiosas sumas de dinero para promover la investigación, el desarrollo y el fomento de la economía de los trasplantes. En este sentido, debemos reflexionar colectivamente sobre la justicia distributiva de los Estados y las jerarquías de necesidades con relación a la ética de la asignación de los recursos públicos respecto a los trasplantes o a la prevención de enfermedades crónicas evitables pero menos redituables.

Hacía una ética de la asignación de los recursos
Aquí sería relevante introducir una comparación como para comprender mejor el peso relativo de la bio-política de los trasplantes. Por ejemplo: ¿cuánto dinero destina el Estado Argentino para promover los trasplantes de órganos y tejidos y cuánto para prevenir y tratar el Mal de Chagas3? Según una investigación del diario Página 12 sobre el Mal de Chagas (una enfermedad que al mediano y largo plazo acarrea la muerte si no es tratada adecuadamente) del año 2000 “Actualmente se calcula que son 18 millones las personas infectadas en todo el mundo, de las cuales 2.300.000 corresponden a la Argentina. Se estima que el 25 por ciento de la población de América latina está en peligro de contraer la infección.” En cuanto a la inversión el Dr Ruben Storino en “La cara oculta de la enfermedad del Chagas” (1999: 2) sostiene: “... se puede tomar en cuenta la inversión de 300 millones de dólares que 6 de los países del Cono Sur han realizado, desde 1991, para combatir a la vinchuca. Suponiendo que este monto se haya destinado en forma regular durante estos nueve años, asciende a una suma de 33 millones por año que, dividida por la cantidad de posibles infectados chagásicos (estimada en 24 millones), resulta en una inversión de 1,30 dólares por individuo chagásico y por año. Si esto involucra sólo la lucha contra el vector y queda todo lo referente a los problemas que trae la enfermedad, la diferencia entre lo necesario para los individuos chagásicos y lo destinado para ellos no sólo es abismal sino que se convierte en irrisoria. De nuestra experiencia diaria surge que poco o nada es lo que le llega al afectado, sea portador o enfermo, por lo que consideramos que se necesita un cambio radical en la política asumida hasta el momento en este tema.”

En cambio, el Ministerio de Salud de la Nación Argentina a través del INCUCAI ha implementado en 2007 un Programa Nacional de Seguimiento Postrasplante [PNSP] (http://www.incucai.gov.ar/NoticiasBusPorId.do?id=1323) al cual ha destinado $25.000.000 (aproximadamente 8 millones de dólares) para la provisión gratuita y de por vida de los medicamentos inmunosupresores a todos los trasplantados sin obra social (a los cuales sino les costaría entre 400 y 500 dólares por mes). La cantidad de beneficiarios por este programa en el 2007 eran 1.108 personas de escasos recursos.

Es sumamente interesante comparar la cantidad de beneficiarios y el dinero per capita que se invierte sea para trasplantes o para el Mal de Chagas. En la cita anterior se puede apreciar que en relación al Chagas el cálculo era de 1.30 dólares por persona por año. Si calculamos que el PNSP pretende cubrir los 500 dólares mensuales necesarios para cubrir las drogas inmunosupresoras estamos hablando de 6.000 dólares por persona por año. En resumen, se invierten 1.30 dólares por persona por año en 6 países del Cono Sur con relación al Mal de Chagas y 6.000 dólares por persona por año en Argentina solamente para cubrir las necesidades de medicamentos de los trasplantados (obviamente el presupuesto es mucho mayor si consideramos todo el campo de la bio-política de los trasplantes).

Deseo ser claro aquí. No es que un problema es más ético que el otro, ambos deberían recibir el apoyo estatal y de la sociedad civil en su conjunto, pero es sabido que las políticas estatales, como las decisiones empresariales, en este contexto social del siglo XXI se guían por la rentabilidad política y económica y no por las necesidades sociales. Es en este sentido que deberíamos preguntarnos o exigir que los gobiernos respondan cuáles son las prioridades y cómo son dictadas, siguiendo qué parámetros.

Cuando la parte es todo o cómo entra en juego la subjetividad
En otro artículo Lock (2002) hace alusión a un punto escasamente considerado: las transformaciones de la subjetividad de los pacientes receptores debido al efecto que les causa la recepción de un órgano o tejido de una persona que desconocen cuál ha sido su genero, etnicidad, color de piel, personalidad, status social. En cierta forma podría juzgarse que la parte modifica al todo en su completa subjetividad. Lock realizó en 1996 entrevistas a 30 personas trasplantadas hallando que más de la mitad se sentían profunda y emotivamente relacionadas con los dadores luego de la operación. El film “21 gramos” (González Iñárritu, 2003) trata esta problemática con maestría. Existen además muchos películas de terror que juegan con el elemento de la retórica que denominamos sinécdoque: el todo es completamente transmutado por la parte. Acá no es que el todo se lo designa por una parte. No es que la persona que recibe la cornea trasplantada como en The Eye (remake de la película china “Jian Gui”) ahora la van a llamar “cornea” sino que en su interior toda su subjetividad es transformada. Ahora ve personas muertas y tiene que averiguar por qué. A pesar que el médico le dice “si tus ojos ahora funcionan no debería importarte de dónde vienen” o que en la publicidad de la película dicen “¿cómo puedes creerle a tus ojos sino son tuyos?”. O sea, hay una esencia del otro en uno.

Volvamos a Margaert Lock. Ella apunta hacia algo que generalmente está silenciado: el receptor, pues siempre se habla de la “donación de órganos”. Poco se sabe de las dificultades que deben experimentar los trasplantados, personas que vivirán el resto de sus vidas como enfermos crónicos. Ellos necesitarán de la asistencia estatal para recibir de los bancos de drogas la química necesaria para que sus cuerpos no rechacen esos órganos o tejidos, para mantener esos inestables equilibrios biológicos-psicológicos-espirituales-sociales en los que las bio-políticas de los trasplantes transformó a los trasplantados. La paradoja de la economía de los trasplantes es que las políticas del Estado han ayudado a que, las personas dependientes de un órgano o tejido vital para su supervivencia, luego del trasplante (si es que consiguen mover cielo y tierra para hacerlo), se transforman en dependientes de las drogas que el Estado les provee para continuar con vida.4 En los primeros meses del 2002, luego de la devaluación, muchísimos trasplantados debieron salir a las calles a pedirle al Estado que les provea de las drogas que no le daban en los bancos de drogas, porque sino sus vidas se iban a ver severamente afectadas.

Antes decía que los receptores son silenciados, sin embargo, los dadores también desaparecen de la visibilidad social (independientemente del derecho a la privacidad que legalmente les corresponde). Parecería que los cuerpos son envases desechables (los donantes no son representados como un haz de relaciones y una fuente de simbolización para los sobrevivientes). Me arriesgo a pensar que muchas veces no se conoce cuáles fueron los deseos exactos de los donantes, las fantasías y expectativas, las esperanzas y nociones propias de sobrevivencia. Por esto sería saludable, como decía Scheper-Hugues, dudar sistemáticamente de la voluntad altruista en todas las personas que no dejan claramente expresada su deseo de donar sus órganos o tejidos. De esta forma se podría contrarrestar la (frecuentemente) nociva labor de los medios masivos de comunicación en el tratamiento de los trasplantes. En este sentido Ortúzar (en http://www.cucaiba.gba.gov.ar/007.htm) afirma que existen tres problemas éticos en el tratamiento de los trasplantes por parte de los medios masivos de comunicación: (1) la presión para la donación o donación compulsiva; (2) las campañas individuales para la petición de órganos y la percepción de inequidad en la distribución de los órganos por la sociedad; y (3) la violación del anonimato del dador y del receptor.

Y no sólo son los medios de comunicación los que pueden influir intensamente en las decisiones y la subjetividad de los potenciales dadores y receptores. Kaufman et al (2006) muestran en el contexto de Estados Unidos como en el caso de transplantes de riñones cuando el potencial receptor es una persona mayor de 70 años surgen poderosos conflictos intergeneracionales dentro del grupo de parentesco que crea cierta obligación moral hacia la donación de personas vivas al interior del sistema familiar.

...continuará.
Si lo publican subiré el texto entero en pdf.

PD: La foto es Nancy Scheper-Hughes con Alberty Alfonso da Silva en su casa en una favela en Recife, Brazil. Alberty fue traficado en Agosto de 2003 a Durban, Sudafrica, donde vendió su riñón a un paciente yanqui que había volado desde New York (Photo by John Maier). La nota está en http://www.berkeley.edu/news/media/releases/2004/04/30_organs.shtml.

miércoles, enero 02, 2008

Dormir y soñar, morir y vivir, y sobre todo por qué puede resultar importante intentar gradualmente desarrollar a través de la meditación una consciencia pura y una vigilancia siempre presente?

Bienvenido 2008, acá tengo un texto que escribió Lama Gendyn Rinpoche y que se llama "La puerta de la Tierra Pura".

Ahora que tenemos delante un nuevo ciclo, tal vez sirve parar y pensar un rato. O aunque al menos sea dudar o ver de un modo distintos nuestras ideas sobre la muerte.

Acá va el texto.
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El siguiente texto es un extracto de la enseñanza "Dormir y Soñar", publicada en TenDrel, Dhagpo Kagyu Ling, Francia, Diciembre 1991.

El proceso de dormir es muy similar al de morir. Esa es la razón por la que es tan importante meditar tanto cuando estamos completamente despiertos como cuando estamos quedándonos dormidos. Si practicamos la meditación con un alto nivel de concentración podemos detectar los cambios que ocurren en nuestra mente cuando estamos quedándonos dormidos. El elemento blanco masculino fluye desde la parte alta de nuestra cabeza hacia el nivel del corazón y el elemento femenino rojo sube hacia el corazón desde la parte inferior del cuerpo. Cuando ambos se encuentran ocurre una pérdida momentánea del estado consciente ordinario y luego surge una claridad consciente: nuestra mente esta atenta durante el estado del sueño. La fortaleza de nuestra meditación en el Lama es lo que hace esa consciencia posible. El Lama esta a la altura del corazón en la forma pura de Dharmakaya, cuya luz irradia desde su cuerpo. Nuestra mente, que es inseparable de la mente del maestro, se identifica con esa luz. Esto disipa lentamente la inconsciencia del estado ordinario del sueño. Aunque completamente dormidos, nuestra consciencia se incrementa y nuestra mente se vuelve más y más clara.

Un signo de esa claridad es que percibimos nuestro propio cuerpo dormido. No lo vemos compuesto de carne como normalmente lo percibimos sino como un objeto transparente brillando con luz radiante viniendo del lama en nuestra mente. Si nuestra mente es bastante estable, nuestra mente dormida percibe nuestro cuerpo tan brillante que puede irradiar luz a todo el cuarto. Aunque dormidos podemos ver el cuarto y los objetos que hay en él. Podemos ver claramente que no podemos estar seguros de cuando estamos dormidos o despiertos. Esto solo es posible cuando uno tiene una maestría completa en la ocurrencia de las tres experiencias de gozo, claridad y no conceptualización durante la meditación despierta. Una vez estabilizadas, esas experiencias aparecen durante el sueño en su forma particular. El hecho de poder ver el cuarto donde dormimos esta asociado con la clara luz de un tranquilo estado mental. Este aparece en aquellos que han practicado la meditación shinay. Uno puede ver el cuerpo tan claramente que pareciera que la luz interior es una imagen de destellos de luces de diferentes colores. Y si la meditación es muy estable es posible incluso moverse, la mente se mueve dentro del cuarto e incluso a los lugares adyacentes. Uno puede viajar de un lugar a otro. Esta es una explicación teórica de las posibles experiencias que uno puede tener mientras dormimos si meditamos lo suficiente durante el día. Querer alcanzar estos estados no es suficiente, ellos son el resultado natural de una profunda y frecuente meditación.

Esas experiencias no crean ninguna ansiedad en la mente. La mente descansa en el mismo estado que cuando practicamos una profunda meditación Shinay, esta completamente relajada, muy clara y sin ningún apego. Esta llena con las tres experiencias de gozo, claridad y no conceptualización. En ese estado los órganos sensitivos son muy agudos y claros, lo que significa que podemos ver, oír, oler, sentir y saborear, esas experiencias continúan llegando a la mente que duerme, pero a diferencia de lo que sucede cuando estamos despiertos: consideramos todas las sensaciones igualmente, recibiéndolas felizmente. No consideramos, por ejemplo, que algunos sonidos son muy fuertes o insoportables. A medida que la meditación despierta progresa y nos libramos nosotros mismos de las experiencias shinay y desarrollamos una profunda meditación de sabiduría primordial, la clara luz del sueño se hace más brillante y se libera a sí misma de estas experiencias. Esto aparece naturalmente. No necesitamos cambiar la técnica o practicar otra meditación mientras caemos dormidos. Simplemente necesitamos mantenernos en la practica y orarle al lama antes de dormirnos y por el poder de nuestra meditación despierta la meditación apropiada ocurrirá durante el sueño.

Este tipo de meditación también se desarrolla al momento de la muerte. Aquellos que tienen una fuerte experiencia meditativa alcanzan la Budeidad en los segundos que siguen a la muerte y no tienen que experimentar el bardo. Para aquellos que practican regularmente una meditación sin perfeccionarla, la consciencia se establece en un estado similar al de la meditación que practicaba mientras estaba vivo (shinay, lhaktong o mahamudra). Si esto no conduce a la liberación un pensamiento sutil aparecerá en la mente y disparará en la mente la experiencia del bardo. Es similar al dormir, pero un pensamiento sutil durante el dormir nos conducirá a un sueño en vez del bardo. Tan pronto como el sueño aparece, un buen meditador se proyecta a sí mismo como una deidad y aparece como tal en el sueño, realizando que todo es una ilusión y manteniendo ese estado de consciencia mientras dure el sueño. Cuando hay menos capacidad, uno comienza a soñar y al cabo de un rato se da cuenta que esta soñando. Nos damos cuenta del carácter ilusorio del sueño creado en nuestra mente. Con esa realización de la naturaleza del sueño, nada que suceda en él puede hacer que el soñador sufra.

Cuando realizamos que el sueño no es real y es sólo una ilusión o el juego mágico de la mente no se crea ningún apego durante el sueño. Aprendemos a mantener la mente en la naturaleza última mientras dormimos. No utilizamos el sueño para tratar de hacer o llevar a cabo algo, ni para encontrarnos con personas en diferentes lugares durante el estado del sueño. Esa clase de objetivos sólo ayudan a incrementar la confusión del sueño. Estar conscientes de que estamos soñando ayuda a comprender la naturaleza del sueño, la realización de que es una creación mental de una mente confundida. Esas son solo experiencias y sensaciones que se sienten durante el sueño y que se purificarán naturalmente. Ese proceso es el camino de la meditación durante el sueño.

De todas las experiencias, aquella que más acarrea sufrimiento es la que no se puede evitar: la muerte. Sólo la práctica del Dharma es realmente eficiente al momento de la muerte. Nuestra única protección en ese momento viene del lama y de las tres joyas (Buda, Dharma, Sangha). Para un beneficio efectivo en la eliminación del sufrimiento al momento de la muerte es necesario haber realizado suficiente práctica del Dharma en vida y de haber orado regularmente al lama y las tres joyas. En cada circunstancia feliz o infeliz de nuestra vida debemos orarle al lama y a las tres joyas y cuando experimentamos fuertes sufrimientos debemos pedir por protección y refugio. Entonces al momento de la muerte nuestra petición por protección y refugio será verdaderamente efectiva.

Asimismo, aunque nuestras pesadillas nos asusten y produzcan un intenso sufrimiento, si practicamos y tomamos refugio durante la vigilia, la misma tendencia se manifestará en el sueño. Nosotros le oramos al lama y a las tres joyas dentro del sueño. Nuestra plegaria es escuchada y el sueño es transformado de modo que la causa del sufrimiento desaparece. Tenemos el mismo resultado cuando meditamos en el vacío en nuestro sueño. Mediante la realización del carácter ilusorio del sueño no necesitamos temer, porque vemos que la situación atemorizante y la persona que esta siendo atemorizada son inseparables. No hay una realidad de objeto - sujeto. Esa realización inmediatamente nos libera de la situación.

En nuestro estado presente, cualquier pensamiento, idea o sentimiento que experimentamos en nuestra mente, inmediatamente nos captura. Nosotros seguimos el pensamiento, sentimos el sentimiento y actuamos bajo su influencia porque creemos en la realidad de ese pensamiento o sentimiento. Ellos aparecen y estamos convencidos de que son permanentes, concretos y representan la motivación de nuestros actos. Pero esos pensamientos, sean conceptos o emociones, no tienen realidad. Son solo expresiones de la mente -irreales, intangibles, de corta duración- son simplemente un juego de la mente, similares a una ilusión o un sueño. Una vez que desarrollamos esa consciencia no estamos tentados a seguir los pensamientos y emociones que surgen, no somos arrastrados por su influencia y estamos libres de sus trucos. La práctica durante la vigilia permite que la misma reacción que aparece en las noches durante el sueño pueda ocurrir después de la muerte, en el estado del bardo, donde experimentamos varias ilusiones y alucinaciones. Cuando realizamos que son solo un juego de la mente, podemos rápidamente liberarnos de esas ilusiones. Ese estado mental, libre de todas las nociones de objeto y sujeto, debe ser cultivado durante la vigilia y debemos confiar profundamente en él.

¿Cuál es el propósito del Dharma? Su propósito principal es permitirnos actuar de modo útil al momento de la muerte. Para aquellos que practican las enseñanzas del Buda durante su vida, la experiencia de la muerte no es terrible porque es un evento cuyos pasos y procesos son conocidos. Tales practicantes se mantienen conscientes y confiados durante la experiencia y la aceptan tranquilamente. Gracias a la práctica del Dharma podemos saber que hacer y como evitar las trampas al momento de la muerte. Se pueden utilizar muchos métodos. El más simple consiste en pedir sinceramente un renacimiento en la tierra pura del Buda Amithaba, la tierra del Dewachen. Amithaba expresó fuertes deseos de que cuando se iluminara de su mente apareciera un mundo el cual fuera accesible a todos los seres sin excepción. Su deseo fue que cualquiera que confiara en su tierra pura y pidiera profundamente renacer en ella pudiera hacerlo sin dificultad. Cuando alcanzó la iluminación su deseo se hizo realidad y de la mente pura de Amithaba se manifestó un mundo accesible a todos. El Buda Sakyamuni describió esa tierra pura: el mundo del Dewachen.

La práctica no es sólo útil al momento de la muerte; es también de gran valor en nuestra vida porque puede erradicar el sufrimiento que encontramos. Practicar el Dharma nos permite la transformación de cualquier situación en algo útil. Nos liberamos del sufrimiento y lo transformamos en felicidad. Así que es necesario tener una confianza total en esa cualidad de la práctica de las enseñanzas del Buda.

La mejor practica para nosotros es la meditación en el Buda Ojos Amorosos, y la repetición de su mantra: OM MANI PEME HUNG. Ojos Amorosos es la expresión de la compasión de todos los Budas la cual aparece simbólicamente bajo esa forma para ser accesible a todos los seres. Esa compasión esta siempre vinculada con el vacío. Si meditamos en Ojos Amorosos y repetimos su mantra, el amor y la compasión se desarrollan naturalmente en el flujo de nuestra mente, y la experiencia del vacío surge lentamente. Se dice en las enseñanzas que si cultivamos la compasión y el amor, eventualmente la verdadera realización del vacío del Dharmakaya aparecerá en nosotros. Es bueno practicar regularmente esa meditación con gozo y confianza para fortalecer en nosotros el deseo de renacer en el Dewachen. La presencia constante de ese deseo en nuestra mente asegurará que al momento de la muerte estaremos más allá del deseo de vivir una vida en particular en este mundo. Toda nuestra atención estará focalizada en el deseo de renacer en la Tierra Pura de Dewachen. Si no tenemos dudas y lo deseamos desde el fondo de nuestro corazón, es seguro que ocurrirá.

Al momento de la muerte, debemos estar libres de todo temor y no pensar que podemos experimentar sufrimiento. Al contrario, debemos recordar todas las acciones positivas cometidas en nuestra vida y dedicarlas al beneficio de todos los seres vivos. Imaginamos que ellos se benefician de los efectos de nuestro buen karma, que son felices y que ese buen karma los beneficiará en su camino hacia la iluminación. Ayudar a las personas de esa forma generará un sentimiento en nosotros de gran alegría. Entonces tomamos todo el sufrimiento, enfermedades y obstáculos de todos los seres. Imaginamos que se mezcla con nuestra propia experiencia de muerte y deseamos profundamente aniquilar todo sufrimiento y karma negativo. La mente se estabiliza en un estado libre de toda dualidad y fuertemente desea que luego de la muerte, nuestro cuerpo, habla y mente se unan para beneficiar a todos los seres. Deseamos: "Cada vez que las personas tengan una necesidad, o piensen en algo que deseen, puedan mi cuerpo y mente transformarse en algo que ellos puedan disfrutar". Morir con ese deseo en mente crea un renacimiento con las condiciones favorables para la iluminación. Renaceremos con una mente despierta que en esa nueva vida nos permitirá alcanzar la Budeidad rápidamente porque estamos beneficiando a otros efectivamente. Renaceremos con muchas cualidades y capacidades físicas que nos permitirán ser de máxima ayuda a todos los seres. Esa es la razón por la cual es tan importante expresar ese deseo al momento de la muerte, y morir con ese estado mental.

Esa actitud puede ser transmitida cuando estamos ayudando a alguien que esta muriendo. Debemos hacer todo lo posible por asegurarnos que la persona esta muriendo con un estado mental positivo. Aún si la persona no conoce las enseñanzas del Buda y por lo tanto no puede practicar los métodos mencionados anteriormente con determinación, podemos animar a la persona para que muera con una mente tranquila. El estado mental de la persona que esta muriendo es lo más importante. La persona experimenta intensas emociones, sufrimiento, esta muy agitada, nerviosa, temerosa y muy débil, todo esto desestabiliza la mente. Debemos mostrar siempre gran gentileza en nuestros gestos físicos y nuestras palabras, y debemos evitar cualquier acción o palabra que cause ira en la persona, o sentimientos de celos u orgullo, o cualquier emoción que cause circunstancias desfavorables en la muerte.

Al momento de morir, debemos evitar absolutamente el odio, la rabia, los celos y el orgullo, y debemos asegurarnos que otras personas no experimenten tales emociones al momento de su muerte. Si por nuestra actitud o nuestras palabras inducimos a la rabia a una persona que esta muriendo, la presencia de esa fuerte emoción en el momento justo de la muerte crea un karma negativo cuya consecuencia inmediata es un renacimiento en los reinos inferiores. Si nosotros somos la causa de esa emoción somos los responsables de ese renacimiento bajo, lo que crea un karma negativo para nosotros mismos. Por lo tanto debemos adoptar modales gentiles y cuidadosos con la persona que esta muriendo y debemos evitar cualquier acción o palabra capaz de torturarlos. Si tal actitud positiva es practicada hacia los moribundos, entonces al momento de nuestra muerte evitaremos cualquier emoción negativa que nos conduzca a un renacimiento en los reinos inferiores.

¿Por que es tan importante el momento de la muerte?. Ese es el momento donde la mente esta libre de cualquier apego al cuerpo y al mundo. La mente esta perfectamente desnuda, completamente llena de consciencia vacía y por lo tanto muy poderosa. El más pequeño pensamiento en ese estado mental automáticamente tiene un enorme impacto. Si ese pensamiento es una emoción, la mente es inmediatamente trasladada a un reino basado en esa emoción. Mientras estamos vivos no podemos entender lo que ese estado significa porque no experimentamos la mente perfectamente desnuda. Estamos constantemente conceptualizando el mundo y nuestro propio cuerpo, así que nunca experimentamos la desnudez. Mientras estamos vivos estamos constantemente agitados por pensamientos e ideas. Estamos experimentando también un flujo constante de distracciones externas. Una parte de esa agitación es placentera, se ajusta a nuestra posición actual y no genera ninguna reacción negativa en nuestra mente. Pero otras situaciones pueden generar perturbaciones y confundir la mente. Ya sea que disfrutemos o no de una situación es importante no reaccionar con nuestro primer impulso. Debemos aprender a evitar que nuestra mente sea influenciada por las ideas y reacciones que surgen en ella misma. Debemos mejorar nuestra vigilancia. Sea lo que sea que hagamos debemos permanecer totalmente conscientes de lo que sucede en nuestra mente, de modo que no reaccionemos automáticamente sin tiempo de pensar cual es la mejor respuesta. Sin esa vigilancia una mente negativa, crea circunstancias negativas que se convierten en reacciones negativas, creando aún más karma negativo. La única solución para salir de ese círculo vicioso y evitar renacer en una vida llena de sufrimientos es desarrollar una consciencia pura y una vigilancia siempre presente.

Al momento de la muerte, ofrecemos nuestro cuerpo, habla y mente y todas nuestras acciones positivas pasadas a todos los seres, con el deseo de que satisfaga sus necesidades y los ayude a alcanzar la iluminación. Entonces dejamos a la mente descansar en la intención pura de renacer en la tierra de Amithaba. Visualizamos al Buda Amithaba enfrente de nosotros para ayudar a mantener esa idea en la mente. De hecho es el lama raíz el que aparece bajo la forma de Amithaba. Lo dibujamos muy claramente y desarrollamos una fuerte confianza en su presencia. Le ofrecemos todas las riquezas obtenidas durante nuestras vidas, todas nuestras pertenencias incluyendo nuestro cuerpo, sin guardar nada para nosotros mismos, sin olvidar nada. Estamos conscientes de que nuestros apegos son obstáculos para un renacimiento en la tierra pura de Amithaba. Le ofrecemos todo a Amithaba y nos sentimos libres de cualquier atadura a nuestra vida que acaba de terminar.

Si continuamos experimentando apegos, nuestras antiguas posesiones nos preocuparan después de la muerte. Tendremos visiones de otras personas tomando nuestras posesiones, lo cual producirá celos y nos aturdirá. Esas emociones nos llevarán hacia reinos bajos de existencia. Urge entonces ofrecer absolutamente todo, incluido nuestro cuerpo, a los Budas para que no exista ningún obstáculo; de esta forma nada genera apegos y nos aseguramos de seguir nuestro camino a la liberación. Así que al momento de la muerte debemos fijar nuestra mente en el deseo de alcanzar el Dewachen y enfocar nuestra consciencia en ese objeto. Si mantenemos el deseo de renacer en Dewachen, y estamos conscientes de la presencia de Amithaba, nuestra consciencia naturalmente abandonará nuestro cuerpo, e irá directamente a la tierra de Amithaba. Nuestro renacimiento ocurre inmediatamente dentro de una flor de loto en la tierra del Dewachen. Esa flor de loto se abre y aparece para nosotros la tierra pura. Nuestro cuerpo no esta hecho de carne y sangre sino de luz. Ese renacimiento instantáneo que podemos llamar milagroso es de hecho fácil de realizar.

Una vez que renacemos en la tierra pura de Dewachen ningún esfuerzo es necesario. Todo lo que deseamos o queremos aparece espontáneamente, sin necesidad de trabajar o hacer algo. Si queremos ir a la tierra pura podemos aparecer instantáneamente allí sin necesidad de ningún sistema de transporte. Viajamos instantáneamente en el cuerpo espiritual. Podemos también dejar el Dewachen para ayudar a las personas en el bardo, donde van de una vida a otra en un estado de confusión, podemos manifestarnos en ese estado intermedio y seguir ayudando a las personas eficientemente. También es posible reaparecer en los mundos ordinarios de los reinos vivos para ayudar a los seres. Todas esas experiencias se realizan sin sufrimiento y sin la necesidad de nacer o morir porque estamos más allá de esos estados. En la tierra pura del Dewachen constantemente escuchamos, memorizamos y entendemos las enseñanzas directamente del Buda Amithaba. Así automática y espontáneamente nos volvemos Budas y Bodisatvas sin seguir el largo y complejo camino de seguir los pasos uno por uno. Dentro del corazón de Amithaba hay una esfera de luz que contiene a Guru Rinpoche. Del corazón de Amithaba emergen una cantidad enorme de Guru Rinpoches. Todos ellos actúan para beneficiar a todos los seres en diferentes estados de existencia. De la mano derecha de Amithaba surge una constante cadena de representaciones de Chenrezig que actúan para el beneficio de todos. De su mano izquierda millones de Taras Verdes fluyen para proteger a las personas del temor y liberarlas del sufrimiento.

Debido a que realizamos algunas acciones negativas en nuestras vidas pasadas renacimos en esta vida con un cuerpo hecho de diferentes elementos cuya naturaleza produce sufrimiento. Eso significa que nuestra vida actual es la realización de la noble verdad del sufrimiento. Nuestra vida humana actual es muy corta comparada con el tiempo que continuaremos en los ciclos de renacimiento hasta que alcancemos la liberación. Desarrollar la motivación de renacer en el Dewachen en el momento de la muerte es la manera más efectiva de evitar cualquier posibilidad de renacer en esos estados de sufrimiento. En el momento de la muerte debemos decidir cortar con cualquier apego a esta forma de vida, a este sufrimiento que es nuestro cuerpo y mente, e ir directamente al Dewachen. Eso detendrá completamente el ciclo de existencias y el sufrimiento asociado a el.

Esas explicaciones son un poco como abrir la puerta al Dewachen. Para ir allí uno simplemente necesita seguir las instrucciones que han sido dadas.

viernes, enero 19, 2007

salio una nota a fernando de catupecu.
la lei y llorando la termine.
es una explosion de vida y energia y amor y el limite de todo en todo.
es larga pero si pueden leanla porque gracias a ellos podemos ser testigos de "eso" que no tiene nombre posible, que es la sustancia detras de todo lo que hacemos, que es lo que sostiene el universo, nuestras vidas, nuestras muertes, y todo lo que esta dentro, fuera y en el medio.
no se que mas decir.
leanla si pueden y cualquier cosa comentenme lo que les surge, o escuchen mas catupecu, o vayan a recitales, o salten, o escriban algo, o pinten, o sean.
sobre todo lean la parte del silencio y la soledad, o cuando le tocan a gabriel para hacerle el mapeo.
es lo mejor que he leido en mucho tiempo, por la generosidad, el amor y compasion que nos transmiten gabriel y fernando y todo el universo visto desde la optica de fernando y porque nos dejan estar con ellos ahora cada uno desde su lugar en el mundo.




19 de enero de 2007






Fernando Ruiz Díaz

Acá va el jinete de todas las noches que se puedan contar en una vida, dominando Santa Fe, altura Plaza Italia, a bordo de un Volkswagen Suran negro, una bestia prepotente que lo lleva todos los días de Villa Luro a Palermo, de Palermo a Escobar, de las bocas de tormenta al filo de la madrugada, si se permite la licencia. Al pasar por esas cuadras a velocidad crucero, el jinete en cuestión, que se llama Fernando y tiene el perfil de un cavernícola bien parecido, recuerda las semanas que siguieron al accidente de su hermano Gabriel, camino al hospital Fernández y a una sala de terapia intensiva en la que podía pasar cualquier cosa, una muerte o una ceremonia con vino tinto y músicaemocionante frente a un paciente en estado vegetativo. Todo tan vital, todo tan Catupecu Machu.

De modo que ahí donde los autos chocados suelen acumularse contra el cordón que da a las rejas del Botánico, con todos esos gatos mimados y sobrealimentados por las viejas del barrio, Fernando parpadea un par de veces y parece como si se detuviera, o como si pusiera la nave en piloto automático y la dejara deslizar como sobre hielo por la segunda banda izquierda de la avenida; y lo que dice el jinete es que, desde el accidente, es la segunda vez que pasa por esa cuadra, por el lugar exacto adonde fueron a parar los restos del auto de Gabriel, ese Fox negro –no tan distinto al Suran en el que vamos ahora– que, excepcionalmente, no venía con airbag ni con frenos abs y que fue a morder el borde de un islote de la avenida Sarmiento después de una hermosa noche de amigos, tragos y vértigo interior, de cerveza artesanal y de rock pistero. Lo que quedó de la máquina de Gabriel estuvo ahí un buen tiempo, un bollo de chatarra al que los pibes de Catupecu iban a dejar sus mensajes de aliento y deseos de recuperación. Y el jinete, a todo esto, procuró no detener la marcha, comandar el proceso de supervivencia y rehabilitación de su hermano con la velocidad y la intensidad de siempre, sin bajar la voz ni buscar la compasión de nadie porque, como dijo un amigo de la familia en la sala de espera del Fernández a las pocas horas del accidente: "Dale, loco, que esto no es un velorio".

Acá no hay velorio. En términos clínicos, hubo primero una evolución del coma al estado vegetativo; a esta altura un estado vegetativo persistente. Lo que equivale a decir que Gabriel, internado en el sofisticado centro de rehabilitación fleni en Escobar, vive en un limbo indescifrable, o al menos muy difícil de decodificar para cualquiera que no sostenga con él el tipo de conexión metafísica que, presumiblemente (al menos yo me lo creo), sostiene con Fernando. Gabriel responde a algunos estímulos externos: al groove del bajo de "Beat It" de Michael Jackson o la voz de su hermana Cristi, a los primeros compases de "Like Eating Glass" (el tema de Bloc Party que estaba escuchando cuando se pegó el palo) o al mínimo susurro de la voz huracanada de su hermano. Gabriel desdobla su tiempo en períodos de sueño y vigilia; está ahí, duerme y despierta, aunque no pueda usar su fuerza motora a voluntad.

Fernando no duda que Gabriel está ahí en carne, conciencia y espíritu; lo supo desde el primer momento en que lo vio, no le hizo falta ningún diagnóstico médico para saberlo. Y también supo que si su hermano decidía abandonarse y dejar de respirar, él lo comprendería profundamente. Se lo dijo así, clarito, en esas mismas primeras horas en que le cantó un mantra impreso en un libro budista que le había regalado una amiga. Fernando quiso capturar ese momento para siempre, un momento de dolor y amor infinitos, y al día siguiente, apenas treinta y seis horas después del accidente, fue a Face Tatoo a estamparse el mantra en el antebrazo derecho, replicado en escrupulosa caligrafía sánscrita. Cuando terminó el trabajo, el tatuador se lavó las manos, lo miró a Fernando y le dijo: "Lamento conocerte en este momento de tu vida". "No lo lamentes", le contestó Fernando. "Me estás conociendo en el momento más importante de mi vida."

Esa escena en la casa de tatuajes ocurrió el 1° de abril. Algunos días antes, Catupecu estaba preparando su show en Obras y discutía la lista de temas en una mesa en la terraza de una cervecería de Recoleta. Gabriel y Fernando se trenzaron como suelen trenzarse los hermanos sanguíneos, a los gritos; Gabriel dejó la plata para pagar la cuenta y se fue. Al día siguiente, en la sala de ensayos de Villa Luro (en esa manzana de la orilla oeste de Capital que es el puerto principal y la nave nodriza de la familia Ruiz Díaz y de todo Catupecu Machu), Fernando y Gabriel se reconciliaron a moco tendido, lloraron y tocaron "Where the Streets Have No Name", de U2, con Fernando al bajo, una formación que probarían en público por primera vez. Un día después ocurrió el accidente: las birras en la cervecería de Recoleta, la trasnoche en el Roxy –donde Gaby conoció a Carlos Oliván, que terminaría dirigiendo a Fernando en el video de "Plan B: anhelo de satisfacción"– y el amanecer tornasolado y ferroviario del Palermo hípico. "Mirá el cielo... Es hermoso", dijo Gaby antes de subir al auto con César Andino, antes de ponerle play al tema de Bloc Party y antes de acelerar más de la cuenta y perder el control del coche.

Nueve meses después, Fernando me sugiere tomar algo en Buller, recisamente la cervecería en la que discutieron la lista de temas y donde Gabriel estuvo aquella noche, celebrando el cumpleaños de un amigo. Todo lo que pasó desde entonces –la supervivencia milagrosa, el amor de decenas de miles de personas, la vuelta a los escenarios de Catupecu (Obras, Pepsi, Rosario, Creamfields Chile, La Plata), la sostenida rotación radial y televisiva, la conmoción que producen esas canciones en el año más doloroso y masivo de la banda– parece la sinopsis de un guión que rebasó los bordes de lo verosímil, como si alguien hubiera sintetizado la sustancia de Catupecu –vocación de aventura, sobrecarga energética, misticismo rudimentario, gran capacidad de fascinación frente a lo cotidiano, convivencia sagrada con lo trágico, lo épico, lo pequeño, lo desaforado– y la hubiera vertido en una insólita ópera rock con final incierto.

"Si miro para atrás, me doy cuenta de que siempre viví la vida como una película, y una película más cerca de David Lynch, mezcla con Tim Burton y Fitzcarraldo, que una película en la que ya sabés todo lo que pasa", dice Fernando frente a un muestrario de cervezas caseras y una bandeja de rabas. "Quizá lo bueno de haber vivido todo lo que vivimos con Gabriel es que, de alguna manera, estaba preparado para una locura como ésta. Aunque por otro lado es inimaginable… ni siquiera el deceso de mi papá, hace cuatro años… O sea, eso lo entendí un poco más, era parte del proceso de la vida, uno ve morir a los padres. Pero esto tiene una cosa como de… de un dolor que nunca te imaginaste."

–¿En ningún momento la situación te paralizó?

–No, en ningún momento. Hay una cosa que escribí hace mucho, cuando todavía no existía Catupecu, que decía: "Ya habrá tiempo para la era de las almas". Ya habrá tiempo para eso. Una cosa muy importante con Gabriel es que siempre fuimos parámetro uno del otro. Personas muy distintas, con una búsqueda en común pero métodos diferentes. Desde que pasó esto, el solo hecho de mirarlo me obliga a no quedarme quieto. Desde el primer momento yo les expliqué a los médicos que, cuando Gabriel movía algo, sabía lo que estaba haciendo, porque en el escenario no necesitamos mirarnos, y sabemos lo que está pensando el otro, y establecemos una conexión que parece planificada, pero no. Con Catupecu nunca hubo una estrategia, y cuando la había se iba al carajo. Esa intuición se aplicó más que nunca en esta situación. Por eso yo siempre supe lo que le está pasando, desde el primer momento: sé por qué mueve la boca, por qué mueve las piernas, por qué no las mueve, y cuando no movía nada, yo sabía que estaba ahí. El primer día salí y pensé: si Gabriel optó por esto, si su subconsciente optó por esto, y si no lo optó y el destino fue el que lo impuso, bueno, que esté acá como tenga que estar; y si se tiene que ir, que se vaya.

–Parece como si ya tuvieras incorporadas algunas nociones sobre cómo afrontar una situación semejante, más que nada por la sintonía que tienen los temas de Catupecu con este momento, casi a modo de manual de autoayuda.

–Me tuve que elevar un poco a los conceptos que siempre emití. Como diez días después del accidente, Fausto [el mánager] me pasó un montón de cartas que mandaban los chicos del público, y eran increíbles: todas hablaban de la forma en la que alguna canción nuestra los había ayudado a superar un momento traumático. En definitiva, todas las cartas decían: "Che, leé un poco las letras de Catupecu, que por ahí te ayudan". Y yo flasheé.

–¿En ningún momento te desconectaste de la música?

–No. De hecho, la primera noche le canto ese mantra. Los médicos me decían que le cantara. El doctor Previgliano, el neurólogo de cabecera de Gabriel, fue muy importante. Me orientó en un montón de cosas. En un momento me dijo: "Loco, tenés que volver a tocar". Desde el primer momento escribí muchas cosas, compuse mucha música, me ponía el iPod y me quedaba ahí con él… Le puse música desde el primer momento. Siempre lo estimulamos con eso.

–¿Te sentís solo en el tipo de conexión que tenés con Gabriel?

–Sí, pero soy un gran amante de la soledad. Amo la soledad yendo por la hermosa Buenos Aires, escuchando música en el auto, de noche; la soledad al escribir en mis estudios que me voy armando; la soledad de una playa desolada; la soledad acompañada de alguien que comprende y comparte tu soledad… La soledad para mí es un espacio tan importante en mi vida como la música. Y el silencio hace a la música rica, es lo que separa los tonos. Así que en esa soledad no me siento desolado, porque mi familia y mis amigos me dicen: "Sé que te están pasando cosas que yo no entiendo ni vivo". Traté de vivir esa desolación como lo más intenso que viví en mi vida. Una cosa indescriptible, no conocía una tristeza tan profunda. Llegué a entender al tipo que se suicida.

–¿En algún momento te ganó la desesperación? Ese "¿por qué a mí?" de las víctimas de una tragedia…

–No me animaría a ese "¿por qué a mí?". Yo tengo un antecedente en ese sentido: tengo una hermana con síndrome de Down, Cristi, que es un ángel, y realmente yo aprendí mucho de ella... Mi papá me contó que, cuando Cristi nació, hace cuarenta años –un tiempo en que la situación era muy distinta, no había ecografías ni nada–, él fue a una iglesia, se puso a rezar y dijo: "¿Por qué a mí?". Y él sintió una voz (que sería su propia voz, no digo que haya sido la de Dios) que le decía: "¿Y por qué no? ¿Quién sos vos?". Así que nunca me pregunté eso. La vida tiene cosas tan dolorosas, tan dolorosas… Mientras pasaba el conflicto entre el Líbano e Israel, y yo me conmovía mucho pensando que en cada uno de esos edificios había sesenta familias a las que les estaba pasando lo mismo que a mí con Gabriel.

–O sea que tu tragedia no te aisló del resto del mundo.

–No, al contrario. ¿Y sabés por qué? Porque sentí que el mundo no me estaba aislando en mi tragedia. Hubo una manifestación de amor alrededor de Gabriel que, fuera de mi cuerpo, no la había sentido nunca. Lo que está pasando es increíble: el convencimiento de que Gabriel tiene que darle y darle para adelante, el amor que le transmitieron...

–¿Te cambió mucho la percepción de la vida, del tiempo?

–Más o menos. No siento que haya muchas cosas que debiera o quisiera dejar. No siento una culpa, una cosa de pensar que tal cosa pasó por tal otra. Es la vida misma. Un día agarro y le digo a mi novia: "Está claro que a partir de ahora no hay más queja". Y ella me dice: "Qué loco, porque vos no te quejás nunca". Qué me voy a quejar. Hay que salir a comerse el mundo, la vida, no hay tiempo para nada. No hay tiempo, yo me quiero matar porque sé que me voy a morir. A mí me encanta ser Fernando. Me cabe ser Fernando con todos mis defectos ylas pocas virtudes que pueda tener. Pero para mí el tiempo siempre fue una cosa extraña.

–Y para Gabriel también, ¿no?

–Yo no conocí a otra persona como él. Después de nuestro primer Obras, Gabriel dice: "Tengo que componer las cuerdas yo". Se compra tres libros así, los lee y en una semana compone las cuerdas. Viene Javier Weintraub (el violinista que toca con nosotros, que ahora es como un hermano para Gabriel) y nos dice: "Loco, llámennos cuando sea, no les cobramos, porque con esos arreglos tipo Stravinsky que hace tu hermano…". Y lo dijo él, que es un Steve Vai del violín. Cuando hablamos de Gabriel estamos hablando de ese tipo. Y esos signos continúan. Yo ya no digo más: "La vida es frágil". Andá a ver cómo quedó el auto de Gabriel y fijate qué tan frágil es la vida. Siempre fue todo muy intenso para nosotros, no es una manera de decir. Es una intensidad que nos viene de otro lado.

–Si existía una especie de pararreligión catupequense, parece que todo esto la activó más que nunca, la sacó a la luz pública.

–Es que nosotros vivimos las cosas como religiosos. Yo acá no estoy tomando algo. Yo estoy viendo a Carlos [el dueño de Buller] que viajó por el mundo investigando lúpulos. Toda la vida es así: el cine, la música, la pintura, las ciudades. Eso es religioso. No digo que todo lo sea. McDonald’s no es religioso. Pero esto que pasa acá, sí. Yo nací católico, pero pienso que en todas las áreas de la investigación del hombre hay verdades y mentiras. En ese sentido, nosotros tenemos una manera religiosa de vivir. Para nosotros es religioso salir de noche. Y creo que gran parte de los problemas del mundo se desprenden de no ver ese tipo de religiosidad. Casi nadie respeta el espíritu amoroso de las cosas. Un día en el Fernández veo a un médico que salva a una madre. Y yo, que estaba ahí como todas las noches, vi algo que nadie vio: vi al marido y al hijo esperando afuera. Y el médico había estado toda la noche poniéndole sangre, salvando a una persona para después ir a atender a otra. Yo lo agarré y le dije: "¿Vos sos consciente de lo que hiciste anoche?". "¿Qué?", me dijo él. "Salvaste una vida. Hiciste que un hijo tenga a su madre, que ese tipo tenga una mujer toda su vida… ¿Sos consciente de eso?" Y él me dice: "Y… a veces no". Claro, dije yo, por eso esto que pasa acá es lo más parecido que conozco a una banda de rock.

–¿Cómo fue el reencuentro con César [de Cabezones]? ¿Cómo se mantuvo esa relación de sala a sala en el Fernández?

–Yo le decía a Gabriel que César estaba bien, pero yo qué sé si me creía… ¿Y César? César me miró un par de veces cuando volvía de operaciones con morfina y me decía: "Loco, ¿dónde está Gaby? ¿Está ahí?". Cuando César va por primera vez a verlo después de que le dieran el alta, entro y está llorando. Claro, su amigo, con el que estaba pasando una noche increíble, el que vio cuando Gaby hizo así [inclina la cabeza, como vencida contra el volante]...

–¿Alguna vez te enojaste con Gabriel, pensando en que podría haber sido más prudente o algo?

–No, si Gabriel tiene changüí conmigo. ¿Cómo me voy a enojar? Por el contrario, siempre le dije: "Boludo, hasta si la elegiste, estamos a fondo con vos". No me arrepiento de todas las que pasamos. Creo que hasta en esto es Gaby.

–¿Cómo fue la decisión de volver a tocar en Obras a un mes y pico del accidente?

–Antes de volver, los chicos me decían: "¿A vos te parece que podés?". Y yo decía: "Mirá, en la cabeza de Gabriel no me puedo meter, pero sé que si ese día hay una urgencia con él, show must go on. Vamos a Obras y tocamos". Teníamos que hacerlo. Tenía que pasar. Y fue así, con una ayudita de mis amigos: el Zorrito [von Quintiero], Zeta [Bosio], los Massacre, Abril [Sosa]… Fue algo grandioso musicalmente. Mi mamá tuvo mucho que ver, insistía en que tenía que volver a tocar. Yo le decía: "Mamá, vos estás loca". Un amigo nos miró y dijo: "Y… vos y Gabriel no salieron de un repollo". En ese momento el Zorro también me dijo: "Mirá, Fer, los religiosos, cuando están en vigilia, rezan; y nosotros, los músicos, tocamos. Y aparte, si lo pide la mamma…". Son muchas cosas que van más allá de mí. Música, man, música.

–¿Qué es Catupecu para vos hoy?

–Qué difícil. No sé, porque nunca lo supe. Catupecu es un concepto móvil, como el cuerpo. Hoy Catupecu es esto: Gabriel rehabilitándose en el FLENI, recientemente salido del Fernández, con Zeta en el bajo, Pichu tocando la guitarra… Tengo tantas cosas en la portaestudio, tantas cosas que han quedado fuera de los discos. No sé… Capaz que haría algo… Creo que Catupecu siempre fue una banda, dentro del ala del rock, muy vívida, y como tal no vive ni del pasado ni del presente. Catupecu vive de algo que no sé qué es. Yo reformé todo mi set, un amigo me hizo una pedalera terrible, me compré una caja nueva, cambiamos un montón de cosas. No es que salimos onda Catupecu Emparchado. Es Catupecu. Es lo que siempre les dije a todos, incluso a los fans: "Chicos, miren que no salimos a dar lástima, eh". No salimos a hacer versiones pretenciosas porque ahora escucho el sonido del jacarandá. No, es música y el show va a estar buenísimo. No quiero que vengan a verme onda "aguantame que tengo dolor en mi corazón". Tengo dolor como la puta madre,pero la música…

–Ese sentimiento parece que tuvo su reflejo más fiel en la versión de "Plan B...". Es como que definió el año Catupecu.

–Creo que este momento es tan Catupecu como los otros, sólo que ahora se ven ciertas cosas. Si vos me preguntás cuál fue el año de Catupecu, te digo que todos. Aunque este año fue el más fuerte. Y mirá que Catupecu fue siempre adrenalina y demencia. El rockero siempre trata de mostrar los excesos, y nosotros fuimos unos grandes maestros de no mostrarlos. Somos una banda excedida en todo sentido. Yo no soy drogadicto porque probé las cosas y, como la vida me llama, como todo está ahí, opté por lo que genera mi cuerpo. Me parece que siempre estuvo adentro. Sí me gusta la ceremonia del vino, me gustan los tragos, pero siempre lo vi como algo que acompaña momentos… Mirá qué loco, las cosas que me estoy dando cuenta haciendo esta nota. ¡Qué parte de la historia que es esto!, ¿no? Hoy veía la tapa de la edición especial del Pepsi Music que sacó la Rolling Stone, y me veía a mí ahí, con más kilos de los que tengo ahora. Eran siete meses de sensaciones que… ¿cómo entra en un cuerpo tanto dolor, tanto amor, tanto odio, tanto descontento, tanto no comprender, tanto comprender, tanto querer, tanta intención, tanta nada y tanto todo? Y bueno, loco, se acumula: está ahí, en esa foto. Es increíble que ese momento haya quedado ahí, en la tapa de una revista. Eso es rock. Por eso alguna vez dije: "Esto de Gaby... qué rock que es, ¿no?". Y lo entendieron re mal, como si yo hiciera apología de la tragedia, como si viera en Gaby al nuevo James Dean. Y no, es difícil de entender: lo que yo veía ahí era una profundidad…

–… existencial.

–Dicen que las almas eligen dónde nacer, y que uno es mentor de su destino. Mirá lo que te voy a decir: qué auténtico lo de Gaby. Auténtico no como algo bueno, sino simplemente auténtico. La ruda macho es auténtica y no me gusta nada. Me gusta el jazmín, me gusta mi chica.

Desde el comienzo, Fernando supo que iba a tener que tomarse el trabajo de convencer a los médicos de que Gabriel es, en efecto, una persona con una carga de energía poco habitual, y que sus características singulares –pasarse días enteros sin dormir, vivir buena parte del día como un zen y mutar en demonio de Tazmania sobre el escenario– serían fundamentales para salir adelante. Pese a que el eminente doctor Previgliano fue el primero en decirle, casi al comienzo de todo: "Los milagros existen", los equipos médicos tienen un escepticismo lógico frente a casos como éstos. Son pocas las personas que sobreviven a semejantes traumatismos y son pocos los pacientes que logran salir exitosamente de un estado vegetativo persistente. Por eso Fernando afronta una tarea diaria de autoconvencimiento y transferencia general de esa convicción respecto de la fuerza interior de su hermano, basándose en los progresos lentos pero significativos que va manifestando. "Sé que todo esto puede sonar a un deseo mío de que Gabriel esté bien, pero la verdad que no. No es el convencimiento ciego del pariente: es que uno lo conoce."

En esa rutina de lucha continua (aunque Fernando prefiere no hablar de lucha, sino de convivencia con lo dado, con el sufrimiento y con la alegría de tenerlo a Gabriel vivo), ocurren historias increíbles. La del primer mapeo cerebral en el Fernández, por ejemplo. Según cuenta Fernando, su hermano venía manifestando notables signos de reacción frente a estímulos diversos, pero siempre en ausencia del equipo médico. La noche anterior a ese primer examen, Fernando se le acercó y le dijo en tono firme: "Gabriel, mañana viene el mapeo y vos me estás haciendo la del perrito, la del bebé que no quiere hacer la gracia frente al tío, y ¿sabés qué? No sirve para un carajo, porque los médicos no ven todo lo que vos podés hacer cuando estamos solos, y así no se puede seguir avanzando". Entonces Fernando le dijo a Guillermo Vadalá (el maestro de Gaby en el bajo) que pasara y que lo ayudara a hacerlo entrar en razón. Pusieron un disco de Maceo Parker, Guillermo le agarró la mano y empezó a arengarlo: "Escuchá, Gaby, escuchá cómo groovea. Escuchá… Mañana tenés que ir al mapeo cerebral y tenés que groovear, tenés que demostrar de lo que sos capaz". "De pronto –cuenta Fernando–, Gaby le aprieta la mano a Guille, levanta todo el torso, pega una respiración profunda y empieza a bajar despacio, con todo el esfuerzo que eso implica; y traga. Guille se quedó blanco."

–Y al día siguiente, en el mapeo, ¿grooveó?

–Creo que ese mapeo quedó en la historia del Fernández, fue muy emocionante. Estaba Dominga [su madre], por supuesto, que es el personaje central de esta historia, Javier Weintraub –que vino a tocar el violín–, yo y otros más. Lo metieron a Gaby en el cuartito del mapeo, yo llevé la laptop, el bajo frankenstein de él y con Weintraub empezamos a tocar, a hacer un quilombo bárbaro, yo chiflándole y poniéndole el bajo, todo un griterío. Le poníamos "Beat It", de Michael Jackson, con la producción de Quincy Jones, que a él le encanta, le subía el volumen y Gabriel reaccionaba a full. Mozart, Bach, Beethoven, algunos tanguitos… Después de cuarenta minutos salimos, afuera había gente mirando –por el quilombo que habíamos hecho–, y sale el doctor Previgliano, y mientras está llevando la camilla conmigo (¡el capo de neurología del Fernández!), me mira y me dice: "Fernando, te tengo que decir algo: me cerraste el culo".

–Hablemos de la música que le hacen escuchar a Gaby desde el accidente. ¿Qué cosas fueron y son importantes, además de las que mencionaste?

–Un gran disco que le pusimos mucho y que fue una gran catarsis, que le hizo muy bien a él y a todos, fue El regreso de Calamaro. Cuando ganó los premios Gardel le hizo una dedicatoria a Gabriel, y la verdad es que ése fue un mimo grande. Todo es una gran locura, hubo muchas escenas increíbles. Un día empezó la visita en el Fernández y había fallecido, en la cama de al lado de Gabriel, un señor muy grande. Estaban Betina [una amiga], Macabre, Herrlein [tecladista y baterista de Catupecu, respectivamente]... Imaginate el clima en terapia intensiva: había un cadáver ahí. Y así como cuando falleció mi viejo –un jueves de hace cuatro años– nosotros salimos a tocar dos días después, esta vez yo dije: "Vamos a festejar la vida, vamos a festejar que este hombre existió". Entré y puse "Tuyo siempre", de El regreso. ¡Qué bien que la tocaron los pibes de Bersuit! Tenía una botella de vino que me había quedado del almuerzo, la saqué y… Fue una locura. Le cantábamos a Gaby: "Si alguna vez, no me vuelven a ver, porque a mí, como a todos se me olvida…". Y Gaby movía la boca, me apretaba la mano. Fue al mes y medio del accidente... Pero hubo muchos discos importantes: cosas de Massacre, de los Beatles: [canta] "Blackbird flyyy…". Le puse mucha música de su iPod. Tenía una lista que se llamaba "bajo" y que tenía "Seguir viviendo sin tu amor" de Spinetta, "Crema de estrellas" de Soda, temas de Tom Waits, de Peter Gabriel. Y fueron un estímulo súper importante. Lo mismo que el tema que venía escuchando cuando se pegó el palo, "Like Eating Glass".

–¿Estaba en un momento muy Bloc Party?

–Sí, Gaby justo había venido de Londres, y apenas llega yo me lo cruzo en casa y lo primero que me dice es: "Escuchá esto. Es una banda que se llama Bloc Party…". Y me traduce la letra, que también parece premonitoria. Dice: "It’s so cold in this house…". El me decía: "Mirá lo que es esta frase: como comer vidrio, como tomar veneno".

–Lo bueno de verte ahora es que seguís teniendo esa misma voracidad por vivirlo todo.

–¿Sabés lo que pasa? Es como le decía la otra vez a un amigo: yo me levanto a la mañana y me vuelvo loco, ¿entendés? ¡Me vuelvo loco! Quiero poner música, quiero prender el dvd, quiero tocar la guitarra, quiero vivir, quiero estar zen, quiero hacerme el té… Como digo en la letra: "En jaque, al filo, en el umbral… Quiero todo". Quiero todo. Entonces me convierto en el hombre más sano del planeta y después reviento como un hijo de puta. Y está buenísimo. Y el día que entré en la sala, un mes y pico después del accidente, viví todo eso junto. Estar tocando, viviendo un momento de esa droga fantástica que es la música, y verlo a Zeta, y verlo a Arnedo tocando "Y lo que quiero…", y después con los Massacre tocando "Plan B…". Y no estaba Gaby. Yo miraba y pensaba que tenía que salir de atrás del equipo de bajo. Es una deformidad. No lo puedo comparar con nada.

–Debe haber sido extraño, porque para vos tocar, hacer música es estar con Gabriel, siempre fue así.

–De lo que estamos hablando es del power que tiene la música, y para mí Gabriel es música. Cuando nosotros tocamos, cuando estamos en la sala o en un escenario, pasa música. Me la creo. Siempre lo vivimos así. Siempre supimos que el rockero no venía a mediocrizar la cosa. A eso no vinieron los Pistols, los Ramones, Bowie o Gabriel. Ellos vinieron a patear el tablero. ¿Y qué está pasando acá? Un montón de rockeros disfrazados de pateadores del tablero que, en realidad, no están haciendo otra cosa que rearmar el tablero. Siempre sentí que con Catupecu les faltamos el respeto a miles de cosas, pero no a la música ni al rock. El rock siempre mereció una falta de respeto, es algo inherente al rock, pero ahora que ya pasaron algunos años, creo que merece un respeto. Como música clásica que es.

Ahora estamos en la confitería París del hipódromo de Palermo, donde las viejas toman el té con masitas; al fondo las personas solitarias les hablan a las máquinas tragamonedas y nosotros nos bebemos despacito un par de Camparis con Martini Rosso y jugo de naranja exprimido. En este salón construido en la década del 10 fue donde Gardel inauguró la era del videoclip con "Por una cabeza". Cuando entramos, el tipo que custodia la sala de juegos había saludado a Fernando solapadamente; le preguntó por Gabriel y nos dijo que no podíamos entrar en el área de apuestas con bolsos ni mochilas. No era nuestra intención. Así que nos quedamos del lado de las mesas, frente a un ventanal que proyecta una tormenta de fin del mundo, y adentro suenan las trompetas de largada, el repiqueteo digital de una cabalgata ficticia y algunos audios publicitarios poco confiables. La reacción del personal de la confitería –meseras, gente de la cocina que se asoma, guardias de seguridad, todos interesados por el estado de Gabriel y los próximos pasos de Catupecu– prueba aquello del "acto de amor" del que habla Fernando a cada rato.

"Gabriel estaba en amor", me explica él. "El último ensayo fue amor, la noche esa fue amor, el momento antes de subir al auto fue de amor... Entonces se pegó el palo y generó un acto de amor terrible. Millones de personas de todas las ciudades de América tirando onda. Vamos a redefinir un límite: ¿dónde está la tragedia? Para mí ésa es una palabra de hace ocho meses. Yo ahora lo veo todo desde otro lado. Para mí el desencadenante del accidente de Gaby fueron sus ansias de vivir."

Le pregunto si en algún momento se obsesionó con los detalles del accidente, con cómo pudo haberse evitado y demás. "No", me contesta con la laboriosa seguridad que se impone y le impone al mundo, una seguridad que parece evitar la grieta por miedo a la rotura, a filtrar más de lo necesario y terminar inundándolo todo y ya no poder respirar más. "Las conjeturas en mi cabeza no existen. No sólo con esto, sino con nada. Lo único que me dio a pensar fue que el auto se lo conseguí yo, pero es una conjetura… Ayer un amigo me preguntaba si le iba a hacer juicio a Volkswagen, porque me decían que el Fox se va de cola y un montón de cosas. Y no… Estos hechos deberían permitirte ver las cosas en una perspectiva mayor, y lo que no tenés que hacer es verlocorto, echarle la culpa al mundo, algo que los seres humanos tenemos muy instalado. Esto a mí me puso en el límite entre lo más espiritual y lo más terrenal y concreto. Porque esto que nos pasa es muy concreto. Es hiperrealismo. Y a mí el hiperrealismo en la pintura no me gusta."

–¿Qué momentos de tu vida con Gabriel se te vienen a la cabeza más seguido?

–Un par. Un día en la primaria, cuando él apenas nació, que para mí fue una cosa… Yo creo que cuando sos chico no tenés la sensación de orgullo, pero yo tengo el registro de sentir orgullo cuando él nació. En primer grado me sentaba atrás, ahí en la escuela 12, y habían armado reunión de profesores en la dirección y yo estaba tan contento que empecé a revolear bancos desde el fondo. Se armó un quilombo terrible, que se extendió por todo el colegio. Y cuando la directora empezó a retar a los más grandes, creyendo que ahí había empezado todo, yo salté, con el vozarrón que ya tenía, y dije: "¿Qué? ¿Y los de primero..?". Sentía un orgullo tremendo por mi hermanito. Es la misma sensación que sentí cuando compuso las cuerdas de Obras. Y la misma que sentí cuando él todavía no hablaba y armó un rompecabezas de seis piezas, un elefante en un circo. Y otro momento muy sustancial de mi relación con Gaby es lo que para mí fue el big bang de Catupecu: en la pieza de él, arriba, donde yo compuse muchos de los temas de Cuadros dentro de cuadros y El número imperfecto. Ahí estaba yo con él, y le dije: "Che, tendríamos que hacer un grupo". Y él me dijo: "Yo ya estoy, vos sos el que falta". Eso fue un año y medio antes de que empiece todo.

Fernando se calla y mira la avenida. El cielo se cae a baldazos. "Vos te das cuenta de lo que es este momento, ¿no? Esto es rock para mí. ¿Vos entendés lo que te digo? Esto es increíble. Qué momento. Qué trago. Para mí esto es real: saber que ahora la estoy pasando impresionante. Para mucha gente es difícil entender eso, que en una situación así yo la pueda pasar bien."

–Claro que es real.

–Lo que pasa es que, desde que pasó esto, sólo me desalineo con este tipo de sinergia cuando bajo a lo que comúnmente se llama realidad, o la realidad como la muestran los diarios y Crónica TV. Al tercer día del accidente bajo a desayunar –por primera vez me animo a bajar porque no quería ver a nadie– y veo que en Crónica están dando algo relacionado con el accidente de Gaby. Y me hizo muy mal, me sacó de ese estado energético que era óptimo para afrontar lo que le pasaba a mi hermano. Entonces, ¿qué es la realidad? ¿Esa es la realidad? ¿O la realidad es que, en ese mismo momento, le estaba saliendo una flor a uno de los cactus que teníamos en casa?

–Supongo que las dos cosas.

–La realidad es la que decidís enfocar. Si la realidad sólo fueran las noticias no existiría Ghost in the Shell, "Start Me Up" ni El extraño mundo de Jack. En Chile, al día siguiente de tocar, tuve un sueño terrible: el destino personificado me estaba gastando, me decía: "Mirá, mirá cómo está Gaby". Y estaba tal cual está, pero me lo hacía ver de un lado terriblemente trágico. Me desperté muy mal, en una oscuridad invencible. Abrí las cortinas, vi la montaña y me la llevé en la mochila. Y cuando volví, en el FLENI, vi la misma imagen que había visto en el sueño, pero la historia era otra. Estaba todo mucho mejor.Estaba Gaby levantándome la mano. La cuestión es el marco con que vemos las cosas. Si yo veo este momento con el marco del día anterior al accidente, claro, estábamos haciendo "Donde las calles no tienen nombre" y yo iba a tocar el bajo por primera vez sobre un escenario… Ahora, si yo veo lo que pasa hoy con el marco del día en que llegué a la guardia y vi a mi hermano en el estado en que estaba –no entiendo cómo lo soporté–, entonces lo que pasa ahora es maravilloso. En este momento me siento exactamente igual a cuando revoleé los bancos en la primaria. Estoy orgulloso.

–Una gran virtud tuya es poder ver desde un lado positivo la ecuación cósmica que te toca.

–Me encanta lo que decís, pero si me veo de afuera siento que no estoy bien predispuesto para eso. No estoy bien predispuesto para cantar, porque desde que tengo 18 años estoy cansado, siempre tengo la voz limada, y tengo una visión trágica de la vida. Siempre estoy cansado, contrarreloj.

–¿Y qué hacés? ¿Luchás contra eso?

–No, al contrario: me abrazo a eso. Vivo con eso. A mí Catupecu me generó más encrucijadas, más locuras, más dolores y más sufrimientos que felicidades. En términos de normalidad, yo era mucho más feliz antes de Catupecu. Era menos comprometido, no había llegado a la esencia de tantas cosas y no había vivido con la profundidad que después elegí para mi vida. La profundidad de decir que yo no compuse "Y lo que quiero es que pises sin el suelo". Yo no sé de dónde salió eso. Debo ser una antena bárbara, y que la música quiere vivir en mí.

–Como sea, esa visión trágica de la que hablás nunca te paralizó ni te deprimió.

–Es que a mí de chico me quedó grabada una imagen, viendo Sábados de súper acción con mi viejo y con Dominga. Mi viejo me decía: "¿Viste? Es como cuando termina Zorba el griego: se está quemando todo y Zorba se pone a chasquear los dedos, se pone a bailar". Cuando volví a ver la película hace poco y vi la escena final, entendí eso que me decía mi viejo. Y es lo que hicimos nosotros siempre: se pudre todo y empezamos a chasquear los dedos, salimos a tocar.

Por Pablo Plotkin



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Rolling Stone LA | 01.12.2006 | | Página 58 | La revista


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